Etiqueta: Clásicos

  • El aleph, Jorge Luis Borges

    El aleph, Jorge Luis BorgesLos libros son, entre muchas otras cosas, los momentos en que los leemos. Para mí El aleph es un viaje en bus urbano por la séptima avenida de la zona 9, desde la oficina en que trabajaba hacia la universidad. Era de tarde e iba sentada del lado derecho junto a la ventana, en el relato había un hombre que descifraba la escritura de dios en los dibujos de la piel de un jaguar y tuve que levantar la vista para terminar de asimilar cierta fascinación por la historia. Muchas veces antes había fracasado en mis intentos por comprender los cuentos de ese tal Borges del que tanto hablaban mis amigos. Los libros son, también, el recuerdo de la gente con que  hablamos de ellos. Mi tío me hizo ver la genialidad de este autor que te cuenta cómo un hombre se obsesiona con una moneda de lo más vulgar y corriente cuando otros en el pasado se obsesionaron con cosas más exóticas y mágicas como un tigre, el fondo de un pozo, un astrolabio, una veta en el mármol de uno de los mil doscientos pilares en la aljama de Córdoba. Mi amigo el Valo me regaló una copia del libro y me dijo que hay demasiados alephs, que quizás alguna vez encontraría uno para saltar dentro. Ese libro se perdió de mi librera por unos ocho años y volvió en un momento inesperado, pero cuando me hacía falta. Los libros son, cada vez, la lectura que hacemos de ellos. La casa de Asterión es la explicación que del cuento nos dio María del Carmen de Alonzo en clase y las explicaciones que ahora le doy a mis alumnos cuando se animan a explorarlo conmigo. Los libros son aquello que sentimos al leer, así uno de mis cuentos favoritos es La busca de Averroes que me hizo reír en voz alta, aún cuando no recuerdo qué fue exactamente.

  • La señora del perrito, de Antón Chejov

    La dama del perrito, Anton ChéjovUna señora rusa sale a pasear con su perro. Está de vacaciones en Yalta. Es observada por un señor que decide hablarle, seducirla, quizás. Inician una relación en la que engañan a sus respectivas parejas. Un cuento de trama simple, con personajes sacados de una realidad cotidiana, que viven un dilema común. Pero quizás no es esto lo importante en el cuento, quizás el autor tiene más que decir, quizás nos quiere conducir a una reflexión más compleja a partir de su retrato de la sociedad rusa de su tiempo.

    ¿Qué nos dice Chéjov de sus personajes?, ¿cuáles son sus características, sus miedos, sus esperanzas? ¿Cómo son los personajes que no intervienen directamente en el relato pero que son parte importante de la historia, como la esposa de Gurov? ¿Qué nos cuenta con los detalles que no nos cuenta?

  • Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

    Cien años de soledad, Gabriel García MárquezLlevamos apenas como 25 años de soledad y fuimos testigos de la fundación de Macondo, de la incipiente locura de José Arcadio Buendía, del potencial de José Arcadio, de la clarividencia de Aureliano, de la fuerza de Úrsula, de la sabiduría de Melquíades.

    Ya vimos por ahí cómo se arman multitudes con los pobladores de una pequeña aldea perdida en medio de la nada y con unos cuantos gitanos y cómo los caminos no siempre están donde uno los busca. Asistimos a la consumación del matrimonio de dos primos, pasamos meses en la sierra y llegamos al río donde habrían de establecer un pueblo que no tiene cementerio porque aún no se muere nadie ahí. Fuimos testigos de los estragos de la enfermedad del insomnio y sus consecuencias fatales para la memoria. Ya nos encontramos con una forma de medir el tiempo a partir de los recuerdos importantes (yo diría felices) de la vida, y empezamos a reflexionar sobre los momentos memorables y las fotografías familiares. Y la cascada continúa cayendo. La narración vertiginosa y llena de adjetivos no se detiene aún, porque todavía nos hace falta conocer a más José Arcadios, a más Aurelianos.

  • El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo

    El príncipe, Nicolás MaquiaveloEl príncipe y las intrigas, el poder, la guerra, los enemigos, los favores, los mandatos, la ética, los gobernantes, los gobernados. Nicolás Maquiavelo estuvo en contacto con estos y otros asuntos que competen al diario vivir de los políticos, de su época y de la nuestra. Pasó a la historia como un hombre sin escrúpulos, famoso por considerar que el fin justifica los medios y que los que ostentan el poder deben ser capaces de ser crueles en caso de necesitarlo o de hacer favores cuando les convenga.

    Hagan click aquí para descargar  un documento en el que el autor analiza éste y otros puntos de esta obra y nos invita a reflexionar sobre el Maquiavelo poeta y que tenía una familia.
  • Retrato del artista adolescente, de James Joyce

    Retrato del artista adolescente, James JoyceStephen Dedalus descubre que es un artista. Un día se da cuenta de que la belleza existe en el mundo, de que puede atraparla con una mirada y sentirse pleno y feliz a partir de ella.

    Su historia no está estructurada como las novelas clásicas. Joyce le da más importancia a los momentos sueltos y relevantes que a la narración de la vida completa del joven. Sin duda para él carece de importancia la rutina de su vida cotidiana, así que enfatiza ciertos pasajes que conducirán al lector a una especie de desconcierto, pero con ella será capaz de comprender mejor el propio desconcierto del personaje.
    ¿Quién es Stephen Dedalus?

    Bueno, además de ser el alter ego de James Joyce, su nombre está formado por Stephen (en español, Esteban) el primer mártir cristiano; y Dédalo, el arquitecto y artesano griego famoso por su habilidad, quien construyó el laberinto de Creta. Joyce mezcló en él dos facetas de la cultura occidental, el elemento clásico y el judeocristiano, muy presentes en toda su obra.
  • La señora Dalloway, de Virginia Woolf

    La señora Dalloway, Virginia WoolfAdmito que cuando tomé por primera vez La señora Dalloway, lo abandoné en las primeras diez páginas; la segunda no avancé mucho más, y fue hasta la tercera cuando logré llegar al final. También admito que esa última vez incluso disfruté la lectura.

    Este libro presenta ciertas dificultades para el lector. Nos introduce al mundo visto desde los ojos y pensamientos de los personajes, literalmente, con lo complejo que pueden resultar los procesos de pensamiento de muchas personas juntas en una sala. Puede resultar caótica la forma en que la autora nos lleva de un pensamiento a otro para luego volver al punto de partida, de un personaje a otro para volver al momento presente.
    Trata un tema bastante irrelevante, porque un día en la vida de una señora que camina por Londres y que ofrece una fiesta no es algo trascendente en la historia del mundo. Sin embargo, la complicada trama de reflexiones e ideas que la autora obtiene de estos hechos tan intrascendentes es asombrosa. Quizás la muerte del poeta haya cambiado algo en el mundo. Quizás haya cambiado algo en nosotros.
  • Madame Bovary, de Gustave Flaubert

    Madame Bovary, Gustave FlaubertEmma vive en un mundo de velos y fantasía, espera que su querido Charles sea como el héroe de las novelas y, en realidad, no soporta muy bien ese pequeño pueblo donde nunca pasa nada, no soporta una vida en la que no tiene tanto dinero, no soporta a una hija a la que debería amar.

    Y así transcurre la vida de este personaje, quizás porque como dice Mario Vargas Llosa, “Flaubert llegó a la conclusión de que la mediocridad era profundamente representativa de lo humano (…) Esta convicción de que la vida no está hecha solo de antípodas, de que en la mayoría de los casos la dicha y la desgracia son simplemente la acumulación gradual e insensible de hechos menudos y banales, de que lo pequeño y lo opaco son más propios del hombre que lo grande y lo radiante.”

  • Siddartha, de Herman Hesse

    Siddartha, Herman HesseSiddhartha narra la historia de un hombre y su búsqueda.

    Él no busca tesoros en las profundidades del océano, no busca el camino para descubrir parajes maravillosos, ni siquiera busca el amor de una mujer. Él busca descubrirse a sí mismo; comprender la esencia de su ser e iluminarse (casi nada, digamos).

    Lo hemos acompañando en una parte de su camino. Hasta ahora ha sido hijo de un brahmán, samana, comerciante, discípulo. ¿Llegará el momento en que sea Siddhartha?, ¿encontrará lo que busca?

    Por lo pronto les dejo algunos términos que nos pueden ayudar para profundizar en la lectura:

    Brahmán:

    Conviene distinguir la divinidad Bráhman (con mayúscula) del brahmán o sacerdote, quien —dentro del sistema hindú de castas— es superior a los otros tres grupos:

    2) chatrias : guerreros y políticos

    3) vaisias : campesinos / vaqueros y comerciantes, y

    4) sudras : esclavos.

    Veda:

    Se denomina Vedas a los cuatro textos sánscritos que forman la base del extenso sistema de escrituras sagradas del hinduismo.

    La palabra veda es el origen de la palabra española ‘verdad’ (especialmente entendida como conocimiento revelado). En sánscrito literalmente significa «¡conoce!».

    Los textos védicos se desarrollaron dentro de lo que se denomina la cultura védica, basada en castas (varna o color) y aśrāmas (etapas de la vida).

    Samanas:

    Los Samanas son hombres de alma religiosa, meditadores, que viven al acaso, con poco o nada, y que sobreviven en su mansa peregrinación con lo que hallan en el camino.

    Y pueden leer algo sobre Siddhartha Gautama en Wikipedia