Categoría: del día

  • mañana todo estará perdido

    Es de noche y es la carretera. Vuelo a 110 km/h (claro, ahora me obligan a ir a menos de 70 y cualquier cosa más allá es vertiginosa). Pienso en vos (como siempre) y todo se reduce a una sola imagen. Un disco de acetato suena al fondo y tus labios encuentran los míos. La ventana está abierta y la noche entra con todo su esplendor (no hay cortinas, no hay rendijas en las cortinas, no hay más que noche afuera). Estás ahí y todo el mundo se reduce a la certeza de tu beso. No importa lo que fue y lo que venga, no importa más que saber que existís en ese segundo, que existís junto a mí.

    Mañana, amor, habrá demasiado entre nosotros. 
  • a 2 días

    y sí, a veces pierdo la atención y me olvido de lo que estaba hablando.

  • a 3 días nada más

    Si alguna vez llenaron un globo con agua, habrán notado cómo entre más gordo, más tenso y frágil. Si se te pasa la mano, el globo estallará mientras lo llenas. Si le pones muy poca agua, no tiene gracia. La cuenta regresiva me hace sentir como un globo que se infla y se infla. Supongo que en parte es porque me hace pensar en las múltiples posibilidades de mi vida, en las alternativas que pudieron cambiar los hechos pasados, en la forma de cambiar los que vendrán.

    Y si, a veces creo que voy a estallar. Otras, creo que ponerme autocrítica no me lleva a ningún lado, así que me detengo, veo por la ventana y descubro que la luz cambió de color, que los árboles ahora son sombras  y el cielo, un lienzo en blanco. Es curioso cómo antes de que llegue la noche con la luna tan llena, con las estrellas tan impertinentes en la ciudad, el cielo pueda vaciarse y hacerme esperar el espectáculo que vendrá luego.

     
  • a 5 días

    Después de todo hoy es lunes de nuevo y pienso en vos porque ayer me pasó algo que tengo que contarte, una de esas historias aleatorias que me pasan los domingos por la tarde y que sólo cobran sentido real cuando te las cuento. 

    Estaba acostada en el sillón de la sala, había frío y pensé por un momento en lo agradable que sería que estuvieras ahí conmigo. Miraba una película sobre un hombre que está en Vietnam y le toca cumplir con la misión de matar a un coronel de su propio ejército. Iba el tipo volando en un helicóptero, en busca de su objetivo, cuando alguien pone «La cabalgata de las walkirias «, de Wagner y ahí empieza el desmadre. Las imágenes aún rondan por mi mente (junto a ellas ronda la certeza de no escuchar a Wagner a tu lado porque es un fantasma de las nevidades pasadas); pero la historia no termina ahí. 
    Llegué a la siguiente película que tenía preparada para mi tarde fílmica. Ésta era bastante más surrealista y en blanco y negro. Es una película que no habla de nada, porque habla de un hombre que hace una película en la que no quiere hablar de nada. Y de pronto, «La cabalgata de las walkirias «, otra vez, mientras el tipo pasea por el parque y recibe el agua milagrosa que lo ha de curar. 
    De nuevo me atacó la certeza de no haber querido escuchar a Wagner con vos, la certeza de que mi tarde estaría completa si estuvieras ahí, la certeza de que mis historias son más reales cuando te las cuento.
    5. Me gusta cuando tenes ganas de hablar conmigo.
  • a 8 días

    El amor debería ser tan simple como verte a los ojos y saber que me quiero perder en ellos por el resto de mis días, como tomarte de la mano y saber que estarás ahí cuando quiera hablar de nada, cuando me sienta muppet o tenga ganas de helado de vainilla.

    4. Me gusta que estés cerca.
  • a 9 días del estallido. Disgresión

    A veces me gustaría entrar en tu cabeza y saber qué pasa por ahí. 

    Supongo que te deshierbaría un poco, que encontraría algunas respuestas que hace tiempo necesito. Si invadiera tu cabeza quizás sabría por qué no queres dejarme entrar en tu corazón.

  • a 10 días del estallido

    El viento es capaz de llevarme a cualquier lado. Si no hago un esfuerzo  por permanecer en el suelo me levantará y me hará caer en cualquier calle de la ciudad. Con un poco de suerte llegaría cerca de donde estás; con un poco de suerte me perdería en los senderos de tus manos. 

    3. Me gusta tu olor. 
  • a 12 días

    Anoche soñé algo que no soy capaz de recordar. Sólo me quedó la atmósfera del sueño, esa sensación que nos integra en una realidad que proviene del lejano mundo donde habitamos cuando no estamos despiertos. Es curioso despertar y tener la certeza de haber estado en otro lugar, de haber vivido cosas que no recordaré.

    Quizás soñé con vos, porque tus labios son como esos labios que beso en mis sueños, aunque Sabina también tenga razón en que cuando duermo sin ti contigo sueño. En fin, quizás lo mejor sea dejar de robarle frases a ese que las escribió tan bien antes que yo.
    Quizás sea mejor decirte que el segundo de mis motivos es onírico, porque sólo en mis sueños somos capaces de estar juntos y se felices para siempre jamás, como en esos finales de los cuentos. 
    2. Soñar con vos hace que mis noches sean mejos frías, menos solas, menos desabridas.
  • a 15 días del estallido

    Estamos a 15 días de llegar a la famosa fecha que me atormenta cada año. Sí, llega una vez más el día de san valentín. Dije alguna vez que no me gusta por la parte del amor, que la parte de la amistad está cubierta, que le deseo lo mejor a mis amigos y que los quiero. 

    Si bien a Sabina le sobran los motivos, a mí me hacen falta de vez en cuando; en especial, cuando se trata de confesarte mi amor. Sé que ése es mi viejo y reiterado tema, que a estas alturas de mi vida buscar pretextos es un poco cansador y que, a veces, te enteras de lo que quiero decir sin necesidad de explicarme demasiado. Hace un par de noches empecé a buscar motivos para escribirte, para confesarte (otra vez) que con vos mis días tienen más sentido. Acá, el primero de la lista.
    1. El sólo hecho de escuchar tu nombre hace que me dé un ataque de mariposas en el estómago. 
  • un bloque de niebla

    Anoche iba de vuelta a mi casa y cuando llegué al mirador me introduje abruptamente en un bloque de niebla. Cuando pasé del mirador y la niebla se disipó vi todo más claro y no me refiero sólo al camino. 

    En ese momento supe que no me podría dedicar a ser una mujer de la vida y cobrar Q500 la hora, porque si no es con amor, el sexo no tiene sentido (además, qué sé yo de tarifas). Supe que te odio cuando sos condescendiente conmigo y me contestás los correos por compromiso, que por eso no te voy a escribir más. Supe que dejé ir a Joe (y todo lo que Joe significa) así que debo asumir la pérdida y dejar los pretextos.
    Supe, amor, que escribo sobre espejismos.