Categoría: Libros

  • La señora del perrito, de Antón Chejov

    La dama del perrito, Anton ChéjovUna señora rusa sale a pasear con su perro. Está de vacaciones en Yalta. Es observada por un señor que decide hablarle, seducirla, quizás. Inician una relación en la que engañan a sus respectivas parejas. Un cuento de trama simple, con personajes sacados de una realidad cotidiana, que viven un dilema común. Pero quizás no es esto lo importante en el cuento, quizás el autor tiene más que decir, quizás nos quiere conducir a una reflexión más compleja a partir de su retrato de la sociedad rusa de su tiempo.

    ¿Qué nos dice Chéjov de sus personajes?, ¿cuáles son sus características, sus miedos, sus esperanzas? ¿Cómo son los personajes que no intervienen directamente en el relato pero que son parte importante de la historia, como la esposa de Gurov? ¿Qué nos cuenta con los detalles que no nos cuenta?

  • Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

    Cien años de soledad, Gabriel García MárquezLlevamos apenas como 25 años de soledad y fuimos testigos de la fundación de Macondo, de la incipiente locura de José Arcadio Buendía, del potencial de José Arcadio, de la clarividencia de Aureliano, de la fuerza de Úrsula, de la sabiduría de Melquíades.

    Ya vimos por ahí cómo se arman multitudes con los pobladores de una pequeña aldea perdida en medio de la nada y con unos cuantos gitanos y cómo los caminos no siempre están donde uno los busca. Asistimos a la consumación del matrimonio de dos primos, pasamos meses en la sierra y llegamos al río donde habrían de establecer un pueblo que no tiene cementerio porque aún no se muere nadie ahí. Fuimos testigos de los estragos de la enfermedad del insomnio y sus consecuencias fatales para la memoria. Ya nos encontramos con una forma de medir el tiempo a partir de los recuerdos importantes (yo diría felices) de la vida, y empezamos a reflexionar sobre los momentos memorables y las fotografías familiares. Y la cascada continúa cayendo. La narración vertiginosa y llena de adjetivos no se detiene aún, porque todavía nos hace falta conocer a más José Arcadios, a más Aurelianos.

  • El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo

    El príncipe, Nicolás MaquiaveloEl príncipe y las intrigas, el poder, la guerra, los enemigos, los favores, los mandatos, la ética, los gobernantes, los gobernados. Nicolás Maquiavelo estuvo en contacto con estos y otros asuntos que competen al diario vivir de los políticos, de su época y de la nuestra. Pasó a la historia como un hombre sin escrúpulos, famoso por considerar que el fin justifica los medios y que los que ostentan el poder deben ser capaces de ser crueles en caso de necesitarlo o de hacer favores cuando les convenga.

    Hagan click aquí para descargar  un documento en el que el autor analiza éste y otros puntos de esta obra y nos invita a reflexionar sobre el Maquiavelo poeta y que tenía una familia.
  • El halcón maltés, de Dashiell Hammett

    El halcón maltés, Dashiell HammetTenemos a una pelirroja, a un detective muerto y al otro un poco mal encarado. Tenemos a la policía que nos perturba, a G y a un chico de gorra gris. Tenemos la noción de una estatuilla de un pájaro y a una situación en la que todos somos sospechosos.

    Esta lectura resultó emocionante y envolvente. La novela nos lleva a una ciudad, a un misterio, a entrar en la vida de un detective (que no se parece a Pepe Pindonga ni a ninguno de los detectives panzones que más parecen sacados de la G2 que nos describen algunos novelistas contemporáneos) que comete errores pero que es «the boss», el hombre que ha de resolver el misterio y de ganarse el amor de todas, todas las mujeres de la ciudad.
    Borges escribió un cuento sobre una moneda de 20 centavos y la obsesión que poseerla genera en un hombre. En el cuento, este onjeto mágico no siempre fue tan mundano: «En Guzerat, a fines del siglo XVIII, un tigre fue Zahir; en Java, un ciego de la mezquita de Surakarta, a quien lapidaron los fieles; en Persia, un astrolabio que Nadir Shah hizo arrojar al fondo del mar; en las prisiones de Mahdí, hacia 1892, una pequeña brújula que Rudolf Carl von Slatin tocó, envuelta en un jirón de turbante; en la aljarra de Córdoba, según Zotenberg, una veta en el mármol de uno de los mil doscientos pilares; en la judería de Tetuán, el fondo de un pozo».
    El halcón maltés es de alguna manera un zahir, un objeto que obsesiona a ciertos hombres, que los hace «vender» a sus hijos, matar a cualquiera, morir a manos de cualquiera. Cuando llegamos al final del libro y resolvimos el misterio de los asesinatos, descubrimos que nuestra inocente pelirroja no era tan inocente después de todo y estuvimos a un paso de poseer el halcón maltés, sólo nos queda la certeza de la obsesión, la integridad de un hombre que no se dejó seducir por los encantos de una jovencita.
    Algunos finales alternativos para la novela:
    – Cairo mata a Brigid cuando ésta prepara la cena en la cocina.
    – Spade se da cuenta de que el halcón era real, así que lo vende y se muda a Venecia con Effie, sigue siendo detective, pero ahora se especializa en obras de arte robadas.
    – Wilmer revela que no le hizo caso a Cairo porque en realidad había sido amante de Brigid.
    – Wilmer revela que no le hizo caso a Cairo porque era amante de Gutman.
    Y bueno, ¿qué otro final le hubieran dado al caso?
  • Retrato del artista adolescente, de James Joyce

    Retrato del artista adolescente, James JoyceStephen Dedalus descubre que es un artista. Un día se da cuenta de que la belleza existe en el mundo, de que puede atraparla con una mirada y sentirse pleno y feliz a partir de ella.

    Su historia no está estructurada como las novelas clásicas. Joyce le da más importancia a los momentos sueltos y relevantes que a la narración de la vida completa del joven. Sin duda para él carece de importancia la rutina de su vida cotidiana, así que enfatiza ciertos pasajes que conducirán al lector a una especie de desconcierto, pero con ella será capaz de comprender mejor el propio desconcierto del personaje.
    ¿Quién es Stephen Dedalus?

    Bueno, además de ser el alter ego de James Joyce, su nombre está formado por Stephen (en español, Esteban) el primer mártir cristiano; y Dédalo, el arquitecto y artesano griego famoso por su habilidad, quien construyó el laberinto de Creta. Joyce mezcló en él dos facetas de la cultura occidental, el elemento clásico y el judeocristiano, muy presentes en toda su obra.
  • El corazón de piedra verde, de Salvador de Madariaga

    El corazón de piedra verde, Salvador de MadariagaEn el mundo hay libros para todos los gustos, de todos los sabores y colores. Hay libros largos, largos (por lo regular rusos) en los que las descripciones del espacio físico reflejan la forma de ser y pensar de los personajes, ¿qué sería de los hermanos karamazov sin el monasterio y las tabernas para esas largas disertaciones filosóficas y religiosas?

    Hay libros breves (que no llegan a ser cuentos) en los que las descripciones son escasas y tenemos que usar más la imaginación para completar los puntos con los que el autor quiere que dibujemos el retrato de su historia. Hay libros como El corazón de piedra verde, que son un verdadero reto. No solo por su extensión, sino porque nos hacen preguntarnos muchos detalles históricos a los que no les habíamos prestado atención antes.
    Creo que es justo decir que el libro carece en muchos pasajes de verosimilitud, así que es válido decir que leerlo es un reto. Si lo terminaron ya, pues felicidades. Si no llegaron a terminarlo, pues ya será otra vez. Lo más interesante de esta novela (que a veces llega muy cerca de lo rosa y se pone más que rubirosa) es la forma en que su autor delata prejuiciada percepción del mundo.
  • La señora Dalloway, de Virginia Woolf

    La señora Dalloway, Virginia WoolfAdmito que cuando tomé por primera vez La señora Dalloway, lo abandoné en las primeras diez páginas; la segunda no avancé mucho más, y fue hasta la tercera cuando logré llegar al final. También admito que esa última vez incluso disfruté la lectura.

    Este libro presenta ciertas dificultades para el lector. Nos introduce al mundo visto desde los ojos y pensamientos de los personajes, literalmente, con lo complejo que pueden resultar los procesos de pensamiento de muchas personas juntas en una sala. Puede resultar caótica la forma en que la autora nos lleva de un pensamiento a otro para luego volver al punto de partida, de un personaje a otro para volver al momento presente.
    Trata un tema bastante irrelevante, porque un día en la vida de una señora que camina por Londres y que ofrece una fiesta no es algo trascendente en la historia del mundo. Sin embargo, la complicada trama de reflexiones e ideas que la autora obtiene de estos hechos tan intrascendentes es asombrosa. Quizás la muerte del poeta haya cambiado algo en el mundo. Quizás haya cambiado algo en nosotros.
  • Las Cenizas de Ángela, de Frank McCourt

    Las cenizas de Ángela, Frank McCourtCuando la obra termina ella me deja jugar con el botón de la radio y busco en el dial los sonidos lejanos de onda corta, raros chisporroteos y zumbidos, el ruido del océano que va y viene y el alfabeto Morse dit dit dit dot. Oigo mandolinas, guitarras, gaitas españolas, los tambores del África, lamentos de barqueros del Nilo. Veo marineros que sorben tazas de chocolate caliente en sus atalayas. Veo catedrales, rascacielos, cabañas. Veo beduinos del Sahara y la Legión Extranjera francesa y vaqueros en las praderas de América. Veo cabras que brincan en las costas rocosas de Grecia donde los pastores son ciegos porque se casaron con sus madres por equivocación. Veo gente charlando en los cafés, tomando vino, paseándose por bulevares y avenidas. Veo mujeres de la noche en los portales, monjes cantando vísperas, hasta que suena el campanazo del Big Ben: Escuchan el servicio internacional de la BBC y estas son las noticias.

    Frank McCourt, Las cenizas de Ángela. Página 306

    Nada mal para un niño que sobrevivió a la brumas mortales del Shannon, a los húmedos veranos y más húmedos inviernos. Que descubrió la poesía en la cama de un hospital y que tuvo que robar para darle de comer a sus hermanos menores. Nada mal para un hombre que siguió soñando y logró convertirse en un gran escritor.

  • Madame Bovary, de Gustave Flaubert

    Madame Bovary, Gustave FlaubertEmma vive en un mundo de velos y fantasía, espera que su querido Charles sea como el héroe de las novelas y, en realidad, no soporta muy bien ese pequeño pueblo donde nunca pasa nada, no soporta una vida en la que no tiene tanto dinero, no soporta a una hija a la que debería amar.

    Y así transcurre la vida de este personaje, quizás porque como dice Mario Vargas Llosa, “Flaubert llegó a la conclusión de que la mediocridad era profundamente representativa de lo humano (…) Esta convicción de que la vida no está hecha solo de antípodas, de que en la mayoría de los casos la dicha y la desgracia son simplemente la acumulación gradual e insensible de hechos menudos y banales, de que lo pequeño y lo opaco son más propios del hombre que lo grande y lo radiante.”

  • Muñeca mala, de Carmen Matute

    Muñeca mala, Carmen MatuteSé que Muñeca mala está dando mucho de qué hablar. Lo presentaron hace poco, así que estamos en el boom de opiniones a favor y en contra. Como a mí me pareció un buen libro, les copio un par de fragmentos de comentarios a su favor:

    El tono equilibrado y maduro, sostenido durante todo el libro, puede confundir al lector y hacerlo pensar que se encuentra frente a una novela de episodios fragmentados o “un extenso (y agonizante) poema en prosa” (como me señaló una lectora). En este sentido, se aprecia la secuencia en que fueron ordenados los relatos, lo cual evidencia una esmerada edición.

    http://www.ronaldflores.com/2008/04/08/muneca-mala-de-carmen-matute/

    Y claro que Marcela y las otras protagonistas del libro (que sigo creyendo una) son iguales a muchas otras mujeres que forman legión: Las que lloraron en silencio el desamor de una madre que no supo o quizás no quiso comprenderlas y reciprocar su ternura, las que lamentaron las experiencias amargas de una adolescencia triste y las otras, las que tienen la certeza de que pronto la muerte inexorable, y quizás adelantada, las recogerá.

    http://www.prensalibre.com/pl/2008/mayo/21/238168.html