Etiqueta: libros

  • El halcón maltés, de Dashiell Hammett

    El halcón maltés, Dashiell HammetTenemos a una pelirroja, a un detective muerto y al otro un poco mal encarado. Tenemos a la policía que nos perturba, a G y a un chico de gorra gris. Tenemos la noción de una estatuilla de un pájaro y a una situación en la que todos somos sospechosos.

    Esta lectura resultó emocionante y envolvente. La novela nos lleva a una ciudad, a un misterio, a entrar en la vida de un detective (que no se parece a Pepe Pindonga ni a ninguno de los detectives panzones que más parecen sacados de la G2 que nos describen algunos novelistas contemporáneos) que comete errores pero que es «the boss», el hombre que ha de resolver el misterio y de ganarse el amor de todas, todas las mujeres de la ciudad.
    Borges escribió un cuento sobre una moneda de 20 centavos y la obsesión que poseerla genera en un hombre. En el cuento, este onjeto mágico no siempre fue tan mundano: «En Guzerat, a fines del siglo XVIII, un tigre fue Zahir; en Java, un ciego de la mezquita de Surakarta, a quien lapidaron los fieles; en Persia, un astrolabio que Nadir Shah hizo arrojar al fondo del mar; en las prisiones de Mahdí, hacia 1892, una pequeña brújula que Rudolf Carl von Slatin tocó, envuelta en un jirón de turbante; en la aljarra de Córdoba, según Zotenberg, una veta en el mármol de uno de los mil doscientos pilares; en la judería de Tetuán, el fondo de un pozo».
    El halcón maltés es de alguna manera un zahir, un objeto que obsesiona a ciertos hombres, que los hace «vender» a sus hijos, matar a cualquiera, morir a manos de cualquiera. Cuando llegamos al final del libro y resolvimos el misterio de los asesinatos, descubrimos que nuestra inocente pelirroja no era tan inocente después de todo y estuvimos a un paso de poseer el halcón maltés, sólo nos queda la certeza de la obsesión, la integridad de un hombre que no se dejó seducir por los encantos de una jovencita.
    Algunos finales alternativos para la novela:
    – Cairo mata a Brigid cuando ésta prepara la cena en la cocina.
    – Spade se da cuenta de que el halcón era real, así que lo vende y se muda a Venecia con Effie, sigue siendo detective, pero ahora se especializa en obras de arte robadas.
    – Wilmer revela que no le hizo caso a Cairo porque en realidad había sido amante de Brigid.
    – Wilmer revela que no le hizo caso a Cairo porque era amante de Gutman.
    Y bueno, ¿qué otro final le hubieran dado al caso?
  • Retrato del artista adolescente, de James Joyce

    Retrato del artista adolescente, James JoyceStephen Dedalus descubre que es un artista. Un día se da cuenta de que la belleza existe en el mundo, de que puede atraparla con una mirada y sentirse pleno y feliz a partir de ella.

    Su historia no está estructurada como las novelas clásicas. Joyce le da más importancia a los momentos sueltos y relevantes que a la narración de la vida completa del joven. Sin duda para él carece de importancia la rutina de su vida cotidiana, así que enfatiza ciertos pasajes que conducirán al lector a una especie de desconcierto, pero con ella será capaz de comprender mejor el propio desconcierto del personaje.
    ¿Quién es Stephen Dedalus?

    Bueno, además de ser el alter ego de James Joyce, su nombre está formado por Stephen (en español, Esteban) el primer mártir cristiano; y Dédalo, el arquitecto y artesano griego famoso por su habilidad, quien construyó el laberinto de Creta. Joyce mezcló en él dos facetas de la cultura occidental, el elemento clásico y el judeocristiano, muy presentes en toda su obra.
  • El corazón de piedra verde, de Salvador de Madariaga

    El corazón de piedra verde, Salvador de MadariagaEn el mundo hay libros para todos los gustos, de todos los sabores y colores. Hay libros largos, largos (por lo regular rusos) en los que las descripciones del espacio físico reflejan la forma de ser y pensar de los personajes, ¿qué sería de los hermanos karamazov sin el monasterio y las tabernas para esas largas disertaciones filosóficas y religiosas?

    Hay libros breves (que no llegan a ser cuentos) en los que las descripciones son escasas y tenemos que usar más la imaginación para completar los puntos con los que el autor quiere que dibujemos el retrato de su historia. Hay libros como El corazón de piedra verde, que son un verdadero reto. No solo por su extensión, sino porque nos hacen preguntarnos muchos detalles históricos a los que no les habíamos prestado atención antes.
    Creo que es justo decir que el libro carece en muchos pasajes de verosimilitud, así que es válido decir que leerlo es un reto. Si lo terminaron ya, pues felicidades. Si no llegaron a terminarlo, pues ya será otra vez. Lo más interesante de esta novela (que a veces llega muy cerca de lo rosa y se pone más que rubirosa) es la forma en que su autor delata prejuiciada percepción del mundo.
  • La señora Dalloway, de Virginia Woolf

    La señora Dalloway, Virginia WoolfAdmito que cuando tomé por primera vez La señora Dalloway, lo abandoné en las primeras diez páginas; la segunda no avancé mucho más, y fue hasta la tercera cuando logré llegar al final. También admito que esa última vez incluso disfruté la lectura.

    Este libro presenta ciertas dificultades para el lector. Nos introduce al mundo visto desde los ojos y pensamientos de los personajes, literalmente, con lo complejo que pueden resultar los procesos de pensamiento de muchas personas juntas en una sala. Puede resultar caótica la forma en que la autora nos lleva de un pensamiento a otro para luego volver al punto de partida, de un personaje a otro para volver al momento presente.
    Trata un tema bastante irrelevante, porque un día en la vida de una señora que camina por Londres y que ofrece una fiesta no es algo trascendente en la historia del mundo. Sin embargo, la complicada trama de reflexiones e ideas que la autora obtiene de estos hechos tan intrascendentes es asombrosa. Quizás la muerte del poeta haya cambiado algo en el mundo. Quizás haya cambiado algo en nosotros.
  • Las Cenizas de Ángela, de Frank McCourt

    Las cenizas de Ángela, Frank McCourtCuando la obra termina ella me deja jugar con el botón de la radio y busco en el dial los sonidos lejanos de onda corta, raros chisporroteos y zumbidos, el ruido del océano que va y viene y el alfabeto Morse dit dit dit dot. Oigo mandolinas, guitarras, gaitas españolas, los tambores del África, lamentos de barqueros del Nilo. Veo marineros que sorben tazas de chocolate caliente en sus atalayas. Veo catedrales, rascacielos, cabañas. Veo beduinos del Sahara y la Legión Extranjera francesa y vaqueros en las praderas de América. Veo cabras que brincan en las costas rocosas de Grecia donde los pastores son ciegos porque se casaron con sus madres por equivocación. Veo gente charlando en los cafés, tomando vino, paseándose por bulevares y avenidas. Veo mujeres de la noche en los portales, monjes cantando vísperas, hasta que suena el campanazo del Big Ben: Escuchan el servicio internacional de la BBC y estas son las noticias.

    Frank McCourt, Las cenizas de Ángela. Página 306

    Nada mal para un niño que sobrevivió a la brumas mortales del Shannon, a los húmedos veranos y más húmedos inviernos. Que descubrió la poesía en la cama de un hospital y que tuvo que robar para darle de comer a sus hermanos menores. Nada mal para un hombre que siguió soñando y logró convertirse en un gran escritor.

  • Madame Bovary, de Gustave Flaubert

    Madame Bovary, Gustave FlaubertEmma vive en un mundo de velos y fantasía, espera que su querido Charles sea como el héroe de las novelas y, en realidad, no soporta muy bien ese pequeño pueblo donde nunca pasa nada, no soporta una vida en la que no tiene tanto dinero, no soporta a una hija a la que debería amar.

    Y así transcurre la vida de este personaje, quizás porque como dice Mario Vargas Llosa, “Flaubert llegó a la conclusión de que la mediocridad era profundamente representativa de lo humano (…) Esta convicción de que la vida no está hecha solo de antípodas, de que en la mayoría de los casos la dicha y la desgracia son simplemente la acumulación gradual e insensible de hechos menudos y banales, de que lo pequeño y lo opaco son más propios del hombre que lo grande y lo radiante.”

  • Muñeca mala, de Carmen Matute

    Muñeca mala, Carmen MatuteSé que Muñeca mala está dando mucho de qué hablar. Lo presentaron hace poco, así que estamos en el boom de opiniones a favor y en contra. Como a mí me pareció un buen libro, les copio un par de fragmentos de comentarios a su favor:

    El tono equilibrado y maduro, sostenido durante todo el libro, puede confundir al lector y hacerlo pensar que se encuentra frente a una novela de episodios fragmentados o “un extenso (y agonizante) poema en prosa” (como me señaló una lectora). En este sentido, se aprecia la secuencia en que fueron ordenados los relatos, lo cual evidencia una esmerada edición.

    http://www.ronaldflores.com/2008/04/08/muneca-mala-de-carmen-matute/

    Y claro que Marcela y las otras protagonistas del libro (que sigo creyendo una) son iguales a muchas otras mujeres que forman legión: Las que lloraron en silencio el desamor de una madre que no supo o quizás no quiso comprenderlas y reciprocar su ternura, las que lamentaron las experiencias amargas de una adolescencia triste y las otras, las que tienen la certeza de que pronto la muerte inexorable, y quizás adelantada, las recogerá.

    http://www.prensalibre.com/pl/2008/mayo/21/238168.html

  • 1421: el año en que China descubrió al mundo, de Gavin Menzies

    1421, el año en que China descubrió el mundo, Gavin MenziesCierren los ojos e imaginen por un momento que en lugar de ir en el tráfico de los viernes por la noche, van en un barco que salió del puerto hace 10 días, a su alrededor solo está el inmenso océano. El cielo les regala un atardecer espectacular y a la hora de la cena los marinos más viejos les contarán maravillosas historias de tierras desconocidas, de largas travesías, de tormentas y hechos maravillosos.

    Sin duda las historias de los viejos marinos tienen la cualidad excepcional de transportarnos. No importa si no tratan sobre hechos verdaderos, no importa si los chinos no descubrieron América o si jamás vieron una jirafa viva, lo importante es que un viejo marino nos la cuente.

    Así, descubrimos animales maravillosos que viajaron miles de kilómetros hasta llegar a nuestro continente, conocimos las costumbres de los hombres que se aventuraban en travesías que les costaban la vida, accedimos a una posibilidad dentro del mar de posibilidades que conforman la historia.

    El mundo es ancho y ajeno, diría Ciro Alegría. El mar, por su parte, es inconmensurable, inasible. Y del universo ¿para qué les cuento?

    Sin embargo, el punto importante de todas estas magnificaciones es que ha habido hombres capaces de tomar pequeños elementos de la inmensidad para establecer rutas entre un punto A y un punto B y definir caminos que les ayudarían a encontrar maravillas inexploradas.

    Sé que dicho así suena simple, pero el punto A puede ser un puerto chino y el punto B una pequeña isla perdida debajo de una estrella en el extremo del polo sur; también puede ser que sea el siglo XV y que los barcos no cuenten con equipos de navegación y que los hombres sólo sepan mirar al cielo, creo que por suerte sabían mirar al cielo.

  • La casa de las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata

    La casa de las bellas durmientes, Yasunari KawabataAlguien me dijo alguna vez que cuando reímos no pensamos en nada; para él el momento de la risa era el único en que nuestra mente se pone en blanco, se despoja de todo pensamiento. Quizás eso sea cierto, porque incluso al momento del sueño nos acompañan algunos pensamientos y, bueno, luego llega la inconsciencia. De lo que estoy segura es que Eguchi tuvo ocasión de las más diversas y complejas reflexiones mientras observaba a las muchachas dormidas. Su sueño, su inconsciencia despertaban en él recuerdos maravillosos, anhelos, sensaciones.

    La casa de las bellas durmientes nos muestra el viaje de un hombre. En este viaje él no tiene que cambiar de escenario continuamente, no tiene que recorrer los caminos inmensos de la noche, solo tiene que llegar a una casa perdida entre la oscuridad y el rumor del mar, tomar un poco de té y recostarse al lado de una joven que no lo conocerá nunca. Solo entonces le llega el momento del viaje hacia sus más lejanos pensamientos.

    Hay noches en las que, sin duda, necesitamos un poco de silencio, un cama tibia y una buena dosis de recuerdos.

  • El lector, de Bernhard Schlink

    El lector, Bernhard SchlinkUna historia a medias es un universo con miles de posibilidades. No podemos saber de cierto en qué terminará todo, aunque tengamos algunas pistas o creamos haber descubierto todos los indicios para un final obvio. Entre mis favoritos hay libros que han dado un giro inesperado que ha desbaratado todas mis teorías. En el lado de acá de Rayuela nos topamos con un panorama muy distinto al del lado de allá, con personajes nuevos, con situaciones alucinantes, literalmente. En El obsceno pájaro de la noche ocurren eventos inesperados aún cuando nada más podía pasar, aún cuando todas las máscaras habían caído.

    El lector es uno de esos libros que pueden dar un giro en el momento menos pensado. Va de las duchas y el amor a la madurez de un chico. De las dudas a un pasado que los personajes que lo vivieron necesitaban evaluar.