En algún momento entre el fin del año pasado y el inicio de este me metí a la página y descubrí, con cierto horror, que en lugar de mi sitio había un mensaje 403. Todo lo que vino después fue buscar alguna forma de recuperar mi blog, lo logré parcialmente. Hay seis años que no pude recuperar, aunque no sé qué tanto escribí en ese tiempo.

Lo mejor es lo que pasa
O no vale la pena llorar sobre la leche derramada. Supongo que debo hacer copias de respaldo más seguido, desconfiar siempre de las empresas de hosting y guardar lo que escribo en lugares más confiables que internet.
Lo cierto es que tenía ganas de volver, de escribir acá y dejar que las palabras rueden por internet. Quizás incluso le lleguen a alguien que las lea, que me entienda, quizás tiendan algún puente que me comunique con el mundo o con alguien que está allá, lejos.
Quería volver y esta debería ser la manera, porque el tiempo pasa y aunque no escriba tan seguido por acá, siempre escribo y sigo, porque no nos queda más que seguir, escribir, resistir.

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