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  • reconciliarme

    ¿por qué no? 

    a veces es posible que la noche guarde sorpresas, tenga alias, me lleve a la ternura y a la certeza de mañanas mejores. 
    Hablo conmigo en tercera persona pero comprendo que eso es mejor al silencio en que me encierro cuando busco y busco alternativas. No sé si se valga este pensar en vos, porque estás a tantos kilómetros de distancia, siempre tan lejos.
  • todo cambia a la mañana siguiente

    Anoche en uno de esos ataques que me dan, quería que me salvaras de mí misma, del mundo, del dolor. Sabés, a veces admito que no soy tan fuerte como pretendo, que me quiebro a la mitad

    y necesito que me rescatés de todo y de mis ganas de tirarme a algún barranco. Quería que tus manos fueran mi fuerza, que me abrazaras y me prometieras que todo iba a estar bien.
    Cuando llegué a mi casa comprendí que te vas convirtiendo en una serie de conversaciones que inician en mi cabeza y terminan en un abismo, que tengo muchas cosas que contarte, que no te encuentro.
    Hoy por la mañana ya no quería que me salvaras nada, que fueras nada, que estuvieras nada. 
    (hoy por la mañana sólo quería besarte en los labios)
  • Sé que todo lo que diga será usado en mi contra

    sé que quiero verte
    a veces me gustaría que fueras un ente tangible
    tener a donde llamarte
    saber que vale la pena pensar en vos
    sé que te extraño
    mientras la luz intermitente del carro de enfrente
    me recuerda este callejón sin salida
    estas ganas tuyas de no hablarme
  • viernes, después de llover

    Daría, porque me llamaras, mi colección de los chistes de Justo y Franco que entiendo, la mitad de mi biblioteca, dos de mis cinco libros de Macanudo, mi casete pirata de Sui Generis, la tercer almohada de mi cama, un paquete de galletas de vainilla y un par de calcetas nuevas que guardo para una ocasión importante.

    Es viernes, llovió con fuerza toda la tarde y sé que no llamarás por que pertenecés a esa raza que olvida los números de teléfono; porque podes perderte en un acorde; porque el tiempo nunca es suficiente y tenés mucho que hacer. 
    Daría, porque me llamaras, mi suéter favorito, el oso que viaja siempre en mi bolsa, los días que vendrán. 
  • de viajes. Los caminos

    Salí de mi casa a la hora de costumbre (entre las 8:00 y 8:30). El día amaneció nublado y había cierto brillo en la carretera. Estaba llegando al paso a desnivel de Mixco, Pedro Guerra cantaba vidas, vidas, vidas… el cielo estaba gris, la curva me hizo inclinarme levemente hacia la derecha y entonces lo vi. 

    Iba colgado en el taxi blanco que iba delante de mí. La luz le pegó de frente y me pareció un objeto maravilloso, de esos que no sirven para nada y que yo (con lo compulsiva que soy) no compraría. Era una bola verde, de ese plástico que es viscoso y que se estira y se pega en todos lados y brillaba como si la magia residiera en su interior. Dos segundos después el hechizo había desaparecido. Sólo me quedó la certeza de encontrar el asombro en objetos viles y cotidianos. Pensé en El zahir (el de Borges, aclaro) y en la fascinación que uno puede encontrar en mitad de lo mundano. 
    Pedro Guerra me cantaba al oído, el día empezó bien.
  • los viajes. Vos

    Hay tardes como ésta, instantes como éste en que me muerdo los labios para no llamarte y decirte que te extraño. 

    Hay momentos como éste en que me corto las uñas, cortas, cortas, para que me duelan los dedos si intento mandarte un correo en el que te pida que nos veamos (aunque sea cinco minutos).
    Hay días en que suena mejor volarme la tapa de los sesos para dejar de pensar en vos.
  • de viajes. Los planes metafísicos

    Hoy es miércoles, pero como que fuera martes. Entonces pienso que no es un buen día para salir de viaje, porque martes no te cases ni te embarques… en fin

    Creo que hoy podría irme al mar. Un viajecillo corto solo para no perder el impulso. Me gustaría llegar a la playa y que estuviera lloviendo como sólo puede llover en Escuintla, con toda la furia de los mares y los vientos. 
    Entonces, me sentaría a ver el mar bajo la lluvia, a pensar en los tsunamis que sueño cuando sueño que llego al mar y me encuentro tesoros en la orilla. 

    Si, me gustaría que estuvieras conmigo. Que te sentaras a mi lado y me dijeras que está bien que llueva así y me abrazaras fuerte amor y volviéramos a la realidad sin que la realidad importe realmente.
    Después, cuando estuviera sola en mi cuarto, podría escribirte una carta larga, larga, en donde te hablaría de mi amor por vos, de lo bien que me hace que tu vida acompañe la mía… en fin
    Vuelvo al trabajo en esta oficina.
  • Disgresión viajera II

    Detrás de mí está la carretera y la oscuridad. Frente a mí, una serie de luces rojas que forman una línea intermitente. Llovió. El carro de adelante hace un zig zag repentino y descubro que su intención fue esquivar una bolsa que reposaba a mitad de la calle. Pienso en que el comandante guerrillero al que le gustaba pasarle encima a las bolsas que estaban en la carretera (o cajas, qué sé yo), pienso en las historias de mi papá y sus adevertencias de no pasarle encima a las bolsas en la carretera.

    30 segundos después continúa la línea intermitente de luces rojas. 30 segundos después pienso de nuevo en vos.
  • Disgresión viajera

    Amanecí con la idea de escribirte y decirte que me dejés besarte una vez, sólo una vez. 

    Luego me puse autocrítica y descarté esa idea porque vos y yo sabemos que no me bastaría con una vez, querría seguir besándote por muchos, muchos días.
  • los viajes. Los planes. Variante 2

    Podría ser que Guate amanezca nublada y que yo decida salir en un vuelo que me lleve hasta Miami. Ahí pasaría unas cuatro horas en el aeropuerto y luego saldría con rumbo a Madrid. Una vez en suelo español buscaría una pequeña pensión para que sea mi base de operaciones. Caminaría mucho, mucho por la ciudad. Buscaría ventas de libros usados y parques con malabaristas. Luego tendría que conocer Granada y luego llenarme los ojos de Barcelona. Porque cuando tenía 16 decía que Barcelona era mi ciudad y que alguna vez tendría un pequeño apartamento allá.

    Después el camino debería llevarme a Marruecos, porque ya me soñé ahí alguna vez.