La propiedad privada

Miguel Ángel Asturias escribió que el señor que lo tenía todo, todo, todo, era dueño de todo porque lo miraba y entonces le pertenecía. Si sigo esta lógica fundamental, soy…

Miguel Ángel Asturias escribió que el señor que lo tenía todo, todo, todo, era dueño de todo porque lo miraba y entonces le pertenecía. Si sigo esta lógica fundamental, soy dueña de los libros de la biblioteca, de una ventana que por fuera tiene grillos que me cantan, de calles largas, largas, de charcos y de mi reflejo.

Soy dueña de todo lo que he leído, del imperio romano de Gibbon, del Londres de Virginia Woolf, de los edificios gubernamentales de Kafka, del París de Cortázar, del Buenos Aires de Borges, de la selva de Payeras, del San José de Luis Chaves, de la ciudad, de la hermosísima ciudad de los cronopios del mundo.

Cada vez que parpadeo, las palabras que escribo en esta pantalla dejan de pertencerme, le pertenecerán a quien abra los ojos, cuando yo los cierro.

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