un viaje de ida y un viaje de vuelta

Me gusta la ciudad cuando hace frío, creo que es porque me gustan los suéteres y las bufanadas y sólo cuando hay frío real uno puede hacer uso con toda…

Me gusta la ciudad cuando hace frío, creo que es porque me gustan los suéteres y las bufanadas y sólo cuando hay frío real uno puede hacer uso con toda libertad de dichos implementos.

Estoy leyendo Los detectives salvajes y me da toda la nostalgia del mundo, porque a pesar de que mis talleres de poesía no fueron en el DF y a pesar de que no leíamos en francés, creíamos que la poesía era la única forma de respirar y sobrevivir a este mundo.
Ayer por la tarde me hice un ovillo en el sillón (mala imagen pero ajustada a la realidad de mi frío, parafraseando al poeta García Madero) y pensé que hay viajes que inician con un soplo de viento (cada día soy más cursi) y pensé en lo agradabel que sería ver una película con vos, hecha un ovillo en tu costado. Tengo un par de días de negarme a oír música en el carro, cuando vengo al trabajo y cuando vuelvo a la casa. El pensamiento es un pájaro extraño (no recuerdo quien dijo eso pero es justo mi idea) que a veces necesita los ruiditos del carro para volar.

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