Autor: Adelaida Loukota

  • poema mínimo de amor

    pienso en vos

    para salvarme del mundo y sus consecuencias
  • con orden arbitrario

    Tengo muchas ideas que me rondan por la cabeza en estos días, supongo que por eso mismo no he escrito últimamente. Me duele la garganta y me siento un poco cansada; vos sabés, cansada como cuando necesito un momento de paz y un buen libro para escapar de la realidad.
    Algunas noches me siento a esperarte del lado incorrecto de la luna y me pregunto si me encontrarás como Oliveira siempre encontraba a la Maga, hasta que dejó de encontrarla, por supuesto. Creo que verte es una de las mejores cosas que me pueden pasar en estos días en que el clima se ha vuelto loco, en estos días en que el tiempo se hace tan corto.

    Random 2:
    pienso en qué pasará «cuando ya me empiece a quedar sola»; es decir, en la aventura de imaginar lo que la gente piensa de mí. Luis Chaves escribió un poema en el que dice que las ventanas son como espejos. Yo creo que los amigos también son como espejos, tanto, que llegan a decirte que la estás embarrando sólo porque te quieren de verdad. Gracias a mi amigo de martes de Uno, que me hizo ver que no siempre soy tan linda como creo.
    Random 3:
    Mis gatos cazaron un ratón anoche. Era un ratón muy lindo, como los ratones cirqueros que salen en Coraline. Pensé en tomarle una foto, pero se me hizo creepy andar fotografiando ratones muertos.
  • temer-te

    Mi corazón es tuyo, lo sabés, así que eventualmente llegás y te lo llevás. Lo tomás de la gaveta en que guardo y salís corriendo, entonces mi corazón se acelera por vos. Luego lo elevás sobre tu cabeza, entonces mi corazón vuela por vos. Lo soltás al vacío, entonces mi corazón se rompe en treinta y cinco mil quinientos pedazos iguales. 

    Después de ese mágico proceso cada parte regresa arrastrándose hasta mí y se acomoda donde puede, mi corazón cicatriza en orden arbitrario y cada pedazo se junta con el que tenga más cerca, aunque no respete su orden original. Entonces mi corazón se transforma, a veces queda frágil, otras un poco incómodo.
    Al final vos y yo sabemos que mi corazón es indestructible, por lo que, eventualmente, me arriesgo al juego de no tenerte, de no encontrarte, de perderte. Sin embargo, ayer te tuve miedo, quizás porque mi corazón ha estado especialmente sensible en estos días, quizás porque quisiera volar y no caerme, quizás porque, eventualmente, quisiera que no jugaras con mi corazón.  
  • escribir de noche

    Hay noches, cuando vuelvo casa, en que me gustaría poder leer en la oscuridad. Sucede en esas noches que el tráfico está pesado y el mundo se detiene; sería magnífico entonces perderme en las líneas de un buen libro en lugar de tener que preocuparme por avanzar treinta centímetros para luego detenerme. 

    Mis utopías me persiguen y me atrapan en esas noches; me persigue tu sonrisa, las ganas de contarte un montón de trivialidades, las ganas de escapar a realidades en donde habiten menos carros con los cuales lidiar cuando uno sale de la oficina. Es a esas horas cuando me dan ganas de escribirte cartas con todos los clichés que han usado los poetas y los enamorados a lo largo de la historia, porque mi amor es tan grande que abarca todos los lugares comunes que existen. Es a esas horas cuando me gustaría encontrarte. 
  • cuando los grillos no se callan

    A veces quisiera, amor, no tener que ir y venir de mi casa al trabajo, dejar de recorrer la distancia que nos separa, dejar de esperar a que los camiones despierten para marcharme. Sin duda, quisiera dormir hasta tarde, dormir por las tardes, ver películas y no tener que preocuparme porque no te encontraré.

    A veces quisiera, amor, perderte la esperanza y enfocar mi cabeza en otras cosas, como que hay grillos afuera, como que podría salir en este momento y hundirme en un mar de carros y ruido, desaparecer del mundo conocido. Quizás hoy rete a un duelo a muerte a ese animal que es la noche.   
  • llueve

    Me gustan los días de lluvia, me gusta cuando el cielo se niega a los espacios azules y a las nubes con forma de elefante y sólo nos deja una capota gris. Me gusta que el pasto se ponga más verde y me gustan los charcos. Sé que disfruto los días de primavera en que puedo almorzar en el jardín y tirarme en la grama a buscarle forma a las nubes pasajeras; sin embargo, la lluvia tiene una especie de mensaje hipnótico que me fascina, supongo que es porque creo que la lluvia me cuenta historias. 

    Sólo cuando llueve uno puede decir algo como:
    Es simple, amor
    te vas y me quedo sin fuerzas
    para inventar un final distinto
    con música de fondo
    hermosos atardeceres 
    y moraleja
    Te pierdo, lo sé
    no tengo mucho más que decir
    hace rato que llueve
    que se me inundan las grietas del corazón
  • old stories

    Es lunes y me duele un poco la cabeza. A estas horas debería estar haciendo algo que valga la pena, pero también me duele la garganta y prefiero malgastar el tiempo pensando en que el día está soleado; en que hay miles de personas que van y vienen por las calles de la ciudad; en que hay sinfonías compuestas por ruidos de motores y charlas que yo nunca escucharé porque paso mis mañanas y mis tardes aislada del mundo. 

    El viento mueve las copas de los árboles.

  • los colores de la tarde

    Salgo a comprar una galleta para pasar la tarde, son más de las seis. Cuando vuelvo a mi oficina atravieso el jardín y, de pronto, veo que la grama está verde, muy verde. El viento sopla y me hace detenerme un momento. El cielo está gris, muy gris. Sin embargo, el verde de la grama no es un sólo tipo de verde y el gris del cielo no es un sólo tipo de gris. Continúo mi camino de vuelta al escritorio y la computadora. Dentro de la oficina es imposible saber cuánto viento hay afuera, acá el viento no me toca. Una canción que me gusta suena desde algún punto en internet y levantó la vista para dejarla entrar totalmente a mi cabeza. La ventana me regala un cielo negro ahora y, de pronto, un relámpago me muestra el cielo con una gama de colores inimaginada hasta este momento. Ya son casi las siete, empiezo a pensar en la posibilidad de salir al mundo o de brincar de la azotea o de volar para alcanzar un poco de la luz de un relámpago que dura demasiado poco.

  • cosas que uno espera

    He estado leyendo El arte de amar, de Erich Fromm. Por supuesto, a estas alturas me he estado haciendo algunas preguntas, porque de hecho no sé si tengo sobrevalorado al amor, si ese buscar y no encontrar corresponde a que no estoy buscando lo que debería.

    Si yo te contara, amor, que espero encontrarte, retenerte, enamorarte, perderte y, quizás, volver a empezar. Si yo te contara que realmente creo que deberías aparecer en forma de James Dean, con moto, chumpa de cuero y cigarro. Si te convenciera de que voy a seguir escribiendo cosas tristes, que me voy a quejar antes, después y durante tu presencia en mi vida, porque de algo me tengo que quejar, de algo tengo que hablarte en los ratos muertos en el tráfico, porque voy a poder hablar con vos en lugar de hablar sólo conmigo.
  • una vez más

    Confesarte que anoche soñé con vos puede ser la mayor estupidez de mi día, pero qué le voy a hacer si estabas ahí. Por más que intento dejar de incluirte en mis sueños y en mis planes, por más que trato de sacarte a patadas de mi cabeza, aparecés como si nada, entrás por la pueta principal y te quedás. 

    A veces me gustaría sacarte de mi cabeza así como te saqué de mis días, de mis conversaciones, de mis ratos de ocio. Me gustaría sacarte de mi cabeza así como pretendo que te saqué de mi vida.