Autor: Adelaida Loukota

  • jueves al fin

    Es jueves, como tantos otros jueves en mi vida. Si tan solo fueran tan vieja como me siento, si tuviera más motivos que justificaran este viejo cansancio que me hace ser tan agria a veces.

    No puedo justificar mi estado de ánimo con una canción que no me sale de la cabeza por más que intento dejar de pensar en ella. Llevas el caño a tu sien, apretando bien las muelas. Casi tengo 27, la edad más ansiada por los yonquies suicidas que abundan en las ciudades, la edad de los grandes roqueros cuando decidieron que ya lo habían hecho todo.

    Y yo no he hecho gran cosa todavía. Alguien me preguntó hoy por qué vengo a esta oficina, que es como cualquier oficina en el mundo. Cómo puedo explicar que sin esta rutina agonizante no me queda nada más.

  • Bestiario, de Julio Cortázar

    Bestiario, Julio Cortázar

    • En el ensayo Incesto y espacialización del psiquismo en «Casa Tomada de Cortázar» , se plantea que el cuento Casa tomada aborda el tema de una relación incestuosa entre los protagonistas. La progresión en dicha relación y su relación directamente proporcional con la “ocupación” de la casa hasta que se van de ella.
    • Con respecto a este cuento también abordamos la sensación de angustia que propicia la atmósfera para que ambos hermanos terminen por irse de la casa. Además, hablamos de que la casa es tomada por algo abstracto, no por un ente concreto.
    • Con Carta a una señorita en París, Edmundo nos comentó sobre la necesidad casi neurótica de Cortázar de escribir y su paralelismo con vomitar conejitos.

    • Comentamos acerca del personaje central que era un hombre al que le costaba adaptarse al mundo y en especial a la vida en el apartamento de su amiga, que era tan ordenado y tan hecho a la medida de ella.

    • Con Lejana nos enfrentamos a la cuestión del doble o del otro yo. Descubrimos que finalmente no se trataba de dos mujeres, sino de una sola que tenía una doble y que era capaz de sentir lo que sentía la otra. Hablamos, además, de la “reversibilidad” del texto, es decir, de cómo invierte a los personajes al final, lo que nos da una idea de que la que estaba lejos también sentía lo que sentía la argentina.

    • Ómnibus nos trasladó de manera alegórica al sentimiento de rechazo por ser diferentes que sienten los personajes. Nos introdujo en una atmósfera llena de hostilidad que nos hizo comentar las formas de solidaridad entre las minorías y las formas de discriminación tan absurdas que pasan a veces en la vida.

  • en un semáforo

    Quedo atrapada en una trampa de arena, el semáforo en rojo me impide continuar mi camino libremente. 45 segundos de espera viendo gente atravesar la calle, viendo al tipo del carro de al lado que se hurga la nariz sin reparo alguno, viendo a varios vendedores que a estas horas de la mañana ofrecen sombreros, chicles, lástima.

    De pronto 30 segundos de luz verde que generan una cantidad inconmensurable de bocinazos y mentadas de madre, para que salgas de tus pensamientos y entres de nuevo en la carrera de obstáculos que son esas cinco calles que te separan del próximo semáforo. Si todo va bien llegarás y pasarás de largo.

    Si todo va bien, porque de lo contrario un tipo necesitará los dos carriles para parquear la suburban que nunca será suya y una fulana irá a 10 kilómetros por hora hasta estar segura de que puede virar a la izquierda. El tiempo es tan relaltivo que te parecerá que pasaste horas esperando para llegar ahí.

  • una variación 17-8-06

    El camino de hoy fue distinto. Un ligero cambio de planes me obligó a tomar calles distintas, a recorrer la mitad del camino diario. Para evitar pensar demasiado en ello me esforcé por cantar a todo pulmón, a acompañar a Sabina que decía que el diario de hoy no hablaba de ti ni de mi, porque somos de esos seres a los que no les pasan cosas espectaculares.

    Somos parte del gremio de los comunes, a los que no nos aplasta un camión pero que tampoco encontramos un bolso repleto de dinero en la calle.

    Por suerte, tampoco fui la única en hablar sola dentro del carro. A mi derecha venía un tipo que seguramente usaba un peluquín, que también se esforzaba por romper el silencio de la música con su voz.

  • un día sin venir

    Ayer no vine a trabajar. Un feriado oficial me permitió quedarme en casa. Cualquiera agradece un día en que uno puede quedarse dormido hasta tarde, en que no hay que hacer medio desayuno en la calle. Sin embargo, el camino me obligó a despertar temprano, a leer el día entero. El camino que se mete por mis venas y me hace parte de la rutina de salir y llegar a horas razonables, a lugares razonables.

  • Todas las voces

    Venía en la doce calle, entre la segunda y quinta avenida, un mp3 de Café Tacuba me recordó por qué me gustan las canciones de trenes. ¿Quién dirige el gran locomotor?

    Charly por su parte me despierta la nostalgia: se va el tren, se va lejos, muertos hay en la estación, estoy solo si me deja, estoy vivo, si me voy.

    Una vez más abordé las cinco calles en las que llevo la vía y pensé en qué haría si no tuviera que llegar a la oficina, en que haría si no viniera una hora tarde, madreando a los que no llevan prisa.

    Cada vez que sueño, cada vez al despertar, lo único que escucho es ese tren.

  • Camino a la biblioteca

    Hoy que venía para el trabajo me di cuenta de la recurrencia de las calles en mi camino de todos los días. Me pasó porque a diario paro en el mismo semáforo, salvo felices excepciones, luego hago un alto y luego paro en otro semáforo. Después de eso vienen cinco cuadras en donde llevo la vía, hasta el último semáforo.

    Siempre las mismas paradas.