Autor: Adelaida Loukota

  • a 15 días del estallido

    Estamos a 15 días de llegar a la famosa fecha que me atormenta cada año. Sí, llega una vez más el día de san valentín. Dije alguna vez que no me gusta por la parte del amor, que la parte de la amistad está cubierta, que le deseo lo mejor a mis amigos y que los quiero. 

    Si bien a Sabina le sobran los motivos, a mí me hacen falta de vez en cuando; en especial, cuando se trata de confesarte mi amor. Sé que ése es mi viejo y reiterado tema, que a estas alturas de mi vida buscar pretextos es un poco cansador y que, a veces, te enteras de lo que quiero decir sin necesidad de explicarme demasiado. Hace un par de noches empecé a buscar motivos para escribirte, para confesarte (otra vez) que con vos mis días tienen más sentido. Acá, el primero de la lista.
    1. El sólo hecho de escuchar tu nombre hace que me dé un ataque de mariposas en el estómago. 
  • un bloque de niebla

    Anoche iba de vuelta a mi casa y cuando llegué al mirador me introduje abruptamente en un bloque de niebla. Cuando pasé del mirador y la niebla se disipó vi todo más claro y no me refiero sólo al camino. 

    En ese momento supe que no me podría dedicar a ser una mujer de la vida y cobrar Q500 la hora, porque si no es con amor, el sexo no tiene sentido (además, qué sé yo de tarifas). Supe que te odio cuando sos condescendiente conmigo y me contestás los correos por compromiso, que por eso no te voy a escribir más. Supe que dejé ir a Joe (y todo lo que Joe significa) así que debo asumir la pérdida y dejar los pretextos.
    Supe, amor, que escribo sobre espejismos.
  • autocrítica

    El fin de semana estuve en contacto directo con algunos fantasmas de las navidades pasadas. Me encontré con amigos que no miraba hacía mucho, extrañé a otros. Leí poesía en honor a alguien que se fue hace un año, lloré un poco y pensé otro poco. Ya que andaba en esas, revisé mi archivo del blog y encontré algunas constantes.

    • Te sigo esperando aunque ya no te llames Joe, aunque te bautice con acrónimos y no sea capaz de encontrate en mis lugares de siempre.
    • Mi amor no es eterno, pero es constante y eso ha de valer de algo.
    • Soy un animal de costumbres. El primer post de este blog hablaba sobre mi camino diario a la biblioteca; ese camino ha cambiado un par de veces en estos años pero la rutina sigue intacta. Ya no tomo las mismas calles porque ya no vivo en ese apartamento, sin embargo, cuando defino un camino para llegar acá, sigo la misma ruta aunque tenga alternativas para variarla, sólo cambia cuando es inevitable y no depende de mí.
    • Dado que no cambio el camino, se explica que siempre quiera largarme de acá. Digamos que los cambios tienen que ser definitivos. Aún quiero volar por el mundo.
    • Me gusta Charly y creo que las canciones de Jovanotti son ideales para enamorarte. Sigo amando a Calle 13.
    • Si te encontrara hoy (en el parqueo, por ejemplo) te diría:
    Amor, no puedo asegurar que he pensado en vos, cuántas veces he pensado en vos, así, en general. Puedo asegurarte, en cambio, que hay tardes en que dibujo tu boca en mi mente, sólo para no perder la cordura entre libros y lecturas, porque tu sonrisa es el eslabón que tiende puentes entre mi nostalgia y la realidad.  
  • cuando no sé qué decirte

    Lo último que me queda de vos es el olor a tu cigarro. 

    No importa cuán llena esté la luna, cuán lento pase el tiempo, cuánto me aleje de los lugares en donde podría encontrarte. 
    No importa cuántas veces te niegue.
    Hay días en que apareces con el humo que se impregna en mi ropa, en mi pelo, en mi nostalgia por vos.
  • heartbeat

    You know I feel it in my heartbeat
    It may feel… old to you… but to me… it feels new [come on]
    You know I feel it in my heartbeat
    Don’t you know… can’t you see… when I dance… I feel free
    Which makes me feel like the only one [the only one, the only one] (The only one) [oh]
    That the light shines on [hey]


    Latido -1

    5 av. y 12 calle de la zona 9. Ella está inclinada sobre el baúl de un carro. Su pierna izquierda está estirada y la derecha está levemente doblada. Sus manos sostienen un rostro que debe lucir cansado a la una de la mañana. Su vestido se sube, ciñe sus caderas, marca sus nalgas. Un paso atrás arde un pequeño fuego. ¿Existe alguien más que la ve?

    Latido 0

    Hace casi un mes que no escribo acá, cierto es. Anoche pensaba en eso cuando iba para mi casa. Estaba oscuro y había mucho tráfico. Pensé que en el último mes mi corazón ha pasado por todos los estados de la materia, pero en ese momento específico podía más el hambre. Sentí que mi estómago controlaba todo, que mi hambre era lo único que existía.

    Latido 1

    En un ataque de genuina espontaneidad pensé en llamarte para que fuéramos al cine, pero se me terminó la Roosevelt y no te llamé. Llegué a comer a mi casa.

    Latido 2

    Tengo un nuevo plan para enamorarte (¡como si valiera la pena!). Sí, incluye a Tom Castro y al botón de improbabilidad de la nave que aparece en la guía del viajero intergaláctico.

    Latido 3

    Tuve un sueño de lo más incróspito. Se robaron mi cuarto, es decir, no sólo se robaron mis cosas, de hecho se llevaban hasta las paredes. Supongo que es como eliminar todo rastro mío, como si un día decidieras hacerme desaparecer para siempre jamás.

    You know I feel it in my heartbeat

  • sueños

    Anoche soñé con vos. Fue un sueño terrible en el que, de hecho, me querías. Desperté con toda la nostalgia del mundo atrapada en la garganta porque fue uno de esos sueños que no se hacen realidad. Algunas veces me pregunto de dónde viene esta gana de encontrarte, por qué te busco en los hombres que pasan a mi lado en la calle, si sé perfectamente bien que estás lejos, que no perteneces a mi vida, que no queres pertenecer.

  • caminar

    Hay días en que las calles que camino se traducen en alternativas para pensar en vos.

    Es verano y soy exploradora de aceras llenas de gente, de gatos, de flores; conforme pasa el día descubro que mis pasos están llenos de ganas de estar con vos; de ganas de envolver con mis labios tu boca, de recorrer tus caminos y perder la noción del tiempo.

  • un día en que no logro dormir

    Son más de las cuatro de la mañana en esta ciudad que me cobija, que me ofrece cordillera y playa. Acabo de llegar y no puedo dormir. Pienso en vos, en que te dejé allá, lejos. Miles de pájaros cantan y hacen que llegue el nuevo día. Yo pienso en vos y en el poema de Sabines que dice:

    – ¿Que es el canto de los pájaros, Adán?
    -Son los pájaros mismos que se hacen aire. Cantar es derramarse en gotas de aire, en hilos de aire, temblar.

    Amor, ¿qué son estos silencios que llevo dentro?, ¿por qué me carcomen cuando no encuentro tu boca para calmar la mía?

    Quiero dormir, sí, pero quiero dormir con vos. Enroscarme en tu costado y que tus manos me protejan del canto de los pájaros, de la madrugada, del silencio.

  • Llamadas desde la carretera

    Era viernes por la noche. 

    Era noche cerrada. 
    Era hora de nostalgias múltiples y ganas de saltar. 
    Marqué tu número y sonó y sonó y sonó cinco veces, entonces colgué. 
    No he decidido por qué te llamé, quizás fue mejor que no contestaras. 
    No he decidido si me gustás por vos mismo o si lo que me gusta es la idea de que me gustés.
    No he decidido si te llamaré de nuevo un día de estos, claro, para no decirte nada importante, para irrumpir un momento en cualquier cosa que estés haciendo, aunque sea de mala suerte.
    Si, todo lo que escribo es pura poesía, pura ficción que no me lleva a saber si puedo perderme en tus ojos y reír y reír y reír, madrugadas sin ir a dormir…
    Es martes por la tarde.
    Es tarde de oficina.
    Es hora de nostalgias específicas y ganas de saltar.
    Pienso en vos como único remedio.
  • creeme

    Hace un par de días me ronda por la cabeza esa canción que dice: creeme cuando te diga que el amor me espanta, que me derrumbo ante un «te quiero» dulce, que soy feliz abriendo una trinchera. Creeme cuando me vaya y te nombre en la tarde, viajando en una nube de tus horas, cuando te incluya entre mis monumentos…

    Quizás no me puedo separar de ella porque Carlos tenía razón y es de Vicente Feliú. Quizás porque a estas alturas de mi vida es cierto que el amor me espanta aunque me niegue a admitirlo. Quizás porque debería ser capaz de creer que todo estará bien y volveremos a casa y nos enamoraremos de nuevo. 
    Quizás no me puedo separar de ella porque al final me queda la incertidumbre, porque quisiera verte, aparecer en tu vida, que te quedés en la mía. 
    Anoche tuve una de esas «pláticas de la vida» con mi hermana pequeña y quise decirle que la vida no es una mierda siempre, que las cosas mejoran, que el dinero va y viene, que el amor no se acaba, sólo cambia de lugar, que al final todo es cuestión de actitud. Y en cambio sólo logré balbucear algo de las decisiones adultas, del tiempo que pasa, del consuelo que nos ofrecen las películas que al final nos recuerdan que todo estará bien, que iremos a casa, que nos enamoraremos de nuevo. Creeme cuando te diga que el amor me espanta, pero espero que llegue un día de estos.