El príncipe y las intrigas, el poder, la guerra, los enemigos, los favores, los mandatos, la ética, los gobernantes, los gobernados. Nicolás Maquiavelo estuvo en contacto con estos y otros asuntos que competen al diario vivir de los políticos, de su época y de la nuestra. Pasó a la historia como un hombre sin escrúpulos, famoso por considerar que el fin justifica los medios y que los que ostentan el poder deben ser capaces de ser crueles en caso de necesitarlo o de hacer favores cuando les convenga.
Autor: Adelaida Loukota
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El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo
Hagan click aquí para descargar un documento en el que el autor analiza éste y otros puntos de esta obra y nos invita a reflexionar sobre el Maquiavelo poeta y que tenía una familia. -
viernes, después de llover
Daría, porque me llamaras, mi colección de los chistes de Justo y Franco que entiendo, la mitad de mi biblioteca, dos de mis cinco libros de Macanudo, mi casete pirata de Sui Generis, la tercer almohada de mi cama, un paquete de galletas de vainilla y un par de calcetas nuevas que guardo para una ocasión importante.
Es viernes, llovió con fuerza toda la tarde y sé que no llamarás por que pertenecés a esa raza que olvida los números de teléfono; porque podes perderte en un acorde; porque el tiempo nunca es suficiente y tenés mucho que hacer.Daría, porque me llamaras, mi suéter favorito, el oso que viaja siempre en mi bolsa, los días que vendrán. -
de viajes. Los caminos
Salí de mi casa a la hora de costumbre (entre las 8:00 y 8:30). El día amaneció nublado y había cierto brillo en la carretera. Estaba llegando al paso a desnivel de Mixco, Pedro Guerra cantaba vidas, vidas, vidas… el cielo estaba gris, la curva me hizo inclinarme levemente hacia la derecha y entonces lo vi.
Iba colgado en el taxi blanco que iba delante de mí. La luz le pegó de frente y me pareció un objeto maravilloso, de esos que no sirven para nada y que yo (con lo compulsiva que soy) no compraría. Era una bola verde, de ese plástico que es viscoso y que se estira y se pega en todos lados y brillaba como si la magia residiera en su interior. Dos segundos después el hechizo había desaparecido. Sólo me quedó la certeza de encontrar el asombro en objetos viles y cotidianos. Pensé en El zahir (el de Borges, aclaro) y en la fascinación que uno puede encontrar en mitad de lo mundano.Pedro Guerra me cantaba al oído, el día empezó bien. -
El halcón maltés, de Dashiell Hammett
Tenemos a una pelirroja, a un detective muerto y al otro un poco mal encarado. Tenemos a la policía que nos perturba, a G y a un chico de gorra gris. Tenemos la noción de una estatuilla de un pájaro y a una situación en la que todos somos sospechosos.Esta lectura resultó emocionante y envolvente. La novela nos lleva a una ciudad, a un misterio, a entrar en la vida de un detective (que no se parece a Pepe Pindonga ni a ninguno de los detectives panzones que más parecen sacados de la G2 que nos describen algunos novelistas contemporáneos) que comete errores pero que es «the boss», el hombre que ha de resolver el misterio y de ganarse el amor de todas, todas las mujeres de la ciudad.Borges escribió un cuento sobre una moneda de 20 centavos y la obsesión que poseerla genera en un hombre. En el cuento, este onjeto mágico no siempre fue tan mundano: «En Guzerat, a fines del siglo XVIII, un tigre fue Zahir; en Java, un ciego de la mezquita de Surakarta, a quien lapidaron los fieles; en Persia, un astrolabio que Nadir Shah hizo arrojar al fondo del mar; en las prisiones de Mahdí, hacia 1892, una pequeña brújula que Rudolf Carl von Slatin tocó, envuelta en un jirón de turbante; en la aljarra de Córdoba, según Zotenberg, una veta en el mármol de uno de los mil doscientos pilares; en la judería de Tetuán, el fondo de un pozo».El halcón maltés es de alguna manera un zahir, un objeto que obsesiona a ciertos hombres, que los hace «vender» a sus hijos, matar a cualquiera, morir a manos de cualquiera. Cuando llegamos al final del libro y resolvimos el misterio de los asesinatos, descubrimos que nuestra inocente pelirroja no era tan inocente después de todo y estuvimos a un paso de poseer el halcón maltés, sólo nos queda la certeza de la obsesión, la integridad de un hombre que no se dejó seducir por los encantos de una jovencita.Algunos finales alternativos para la novela:– Cairo mata a Brigid cuando ésta prepara la cena en la cocina.– Spade se da cuenta de que el halcón era real, así que lo vende y se muda a Venecia con Effie, sigue siendo detective, pero ahora se especializa en obras de arte robadas.– Wilmer revela que no le hizo caso a Cairo porque en realidad había sido amante de Brigid.– Wilmer revela que no le hizo caso a Cairo porque era amante de Gutman.Y bueno, ¿qué otro final le hubieran dado al caso? -
los viajes. Vos
Hay tardes como ésta, instantes como éste en que me muerdo los labios para no llamarte y decirte que te extraño.
Hay momentos como éste en que me corto las uñas, cortas, cortas, para que me duelan los dedos si intento mandarte un correo en el que te pida que nos veamos (aunque sea cinco minutos).Hay días en que suena mejor volarme la tapa de los sesos para dejar de pensar en vos. -
de viajes. Los planes metafísicos
Hoy es miércoles, pero como que fuera martes. Entonces pienso que no es un buen día para salir de viaje, porque martes no te cases ni te embarques… en fin
Creo que hoy podría irme al mar. Un viajecillo corto solo para no perder el impulso. Me gustaría llegar a la playa y que estuviera lloviendo como sólo puede llover en Escuintla, con toda la furia de los mares y los vientos.Entonces, me sentaría a ver el mar bajo la lluvia, a pensar en los tsunamis que sueño cuando sueño que llego al mar y me encuentro tesoros en la orilla.Si, me gustaría que estuvieras conmigo. Que te sentaras a mi lado y me dijeras que está bien que llueva así y me abrazaras fuerte amor y volviéramos a la realidad sin que la realidad importe realmente.Después, cuando estuviera sola en mi cuarto, podría escribirte una carta larga, larga, en donde te hablaría de mi amor por vos, de lo bien que me hace que tu vida acompañe la mía… en finVuelvo al trabajo en esta oficina. -
Retrato del artista adolescente, de James Joyce
Stephen Dedalus descubre que es un artista. Un día se da cuenta de que la belleza existe en el mundo, de que puede atraparla con una mirada y sentirse pleno y feliz a partir de ella.Su historia no está estructurada como las novelas clásicas. Joyce le da más importancia a los momentos sueltos y relevantes que a la narración de la vida completa del joven. Sin duda para él carece de importancia la rutina de su vida cotidiana, así que enfatiza ciertos pasajes que conducirán al lector a una especie de desconcierto, pero con ella será capaz de comprender mejor el propio desconcierto del personaje.¿Quién es Stephen Dedalus?Bueno, además de ser el alter ego de James Joyce, su nombre está formado por Stephen (en español, Esteban) el primer mártir cristiano; y Dédalo, el arquitecto y artesano griego famoso por su habilidad, quien construyó el laberinto de Creta. Joyce mezcló en él dos facetas de la cultura occidental, el elemento clásico y el judeocristiano, muy presentes en toda su obra. -
El corazón de piedra verde, de Salvador de Madariaga
En el mundo hay libros para todos los gustos, de todos los sabores y colores. Hay libros largos, largos (por lo regular rusos) en los que las descripciones del espacio físico reflejan la forma de ser y pensar de los personajes, ¿qué sería de los hermanos karamazov sin el monasterio y las tabernas para esas largas disertaciones filosóficas y religiosas?Hay libros breves (que no llegan a ser cuentos) en los que las descripciones son escasas y tenemos que usar más la imaginación para completar los puntos con los que el autor quiere que dibujemos el retrato de su historia. Hay libros como El corazón de piedra verde, que son un verdadero reto. No solo por su extensión, sino porque nos hacen preguntarnos muchos detalles históricos a los que no les habíamos prestado atención antes.Creo que es justo decir que el libro carece en muchos pasajes de verosimilitud, así que es válido decir que leerlo es un reto. Si lo terminaron ya, pues felicidades. Si no llegaron a terminarlo, pues ya será otra vez. Lo más interesante de esta novela (que a veces llega muy cerca de lo rosa y se pone más que rubirosa) es la forma en que su autor delata prejuiciada percepción del mundo. -
Disgresión viajera II
Detrás de mí está la carretera y la oscuridad. Frente a mí, una serie de luces rojas que forman una línea intermitente. Llovió. El carro de adelante hace un zig zag repentino y descubro que su intención fue esquivar una bolsa que reposaba a mitad de la calle. Pienso en que el comandante guerrillero al que le gustaba pasarle encima a las bolsas que estaban en la carretera (o cajas, qué sé yo), pienso en las historias de mi papá y sus adevertencias de no pasarle encima a las bolsas en la carretera.
30 segundos después continúa la línea intermitente de luces rojas. 30 segundos después pienso de nuevo en vos. -
Disgresión viajera
Amanecí con la idea de escribirte y decirte que me dejés besarte una vez, sólo una vez.
Luego me puse autocrítica y descarté esa idea porque vos y yo sabemos que no me bastaría con una vez, querría seguir besándote por muchos, muchos días.