Era viernes por la noche.
Autor: Adelaida Loukota
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Llamadas desde la carretera
Era noche cerrada.Era hora de nostalgias múltiples y ganas de saltar.Marqué tu número y sonó y sonó y sonó cinco veces, entonces colgué.No he decidido por qué te llamé, quizás fue mejor que no contestaras.No he decidido si me gustás por vos mismo o si lo que me gusta es la idea de que me gustés.No he decidido si te llamaré de nuevo un día de estos, claro, para no decirte nada importante, para irrumpir un momento en cualquier cosa que estés haciendo, aunque sea de mala suerte.Si, todo lo que escribo es pura poesía, pura ficción que no me lleva a saber si puedo perderme en tus ojos y reír y reír y reír, madrugadas sin ir a dormir…Es martes por la tarde.Es tarde de oficina.Es hora de nostalgias específicas y ganas de saltar.Pienso en vos como único remedio. -
creeme
Hace un par de días me ronda por la cabeza esa canción que dice: creeme cuando te diga que el amor me espanta, que me derrumbo ante un «te quiero» dulce, que soy feliz abriendo una trinchera. Creeme cuando me vaya y te nombre en la tarde, viajando en una nube de tus horas, cuando te incluya entre mis monumentos…
Quizás no me puedo separar de ella porque Carlos tenía razón y es de Vicente Feliú. Quizás porque a estas alturas de mi vida es cierto que el amor me espanta aunque me niegue a admitirlo. Quizás porque debería ser capaz de creer que todo estará bien y volveremos a casa y nos enamoraremos de nuevo.Quizás no me puedo separar de ella porque al final me queda la incertidumbre, porque quisiera verte, aparecer en tu vida, que te quedés en la mía.Anoche tuve una de esas «pláticas de la vida» con mi hermana pequeña y quise decirle que la vida no es una mierda siempre, que las cosas mejoran, que el dinero va y viene, que el amor no se acaba, sólo cambia de lugar, que al final todo es cuestión de actitud. Y en cambio sólo logré balbucear algo de las decisiones adultas, del tiempo que pasa, del consuelo que nos ofrecen las películas que al final nos recuerdan que todo estará bien, que iremos a casa, que nos enamoraremos de nuevo. Creeme cuando te diga que el amor me espanta, pero espero que llegue un día de estos. -
a cierta hora de la noche
Pienso en vos y te lo digo
para que mis palabras te envuelvante cuidente guarden de las dudas razonablesDebe haber algo maravilloso en tu nombreporque conjura al silencio que suele habitarme -
un viaje de ida y un viaje de vuelta
Me gusta la ciudad cuando hace frío, creo que es porque me gustan los suéteres y las bufanadas y sólo cuando hay frío real uno puede hacer uso con toda libertad de dichos implementos.
Estoy leyendo Los detectives salvajes y me da toda la nostalgia del mundo, porque a pesar de que mis talleres de poesía no fueron en el DF y a pesar de que no leíamos en francés, creíamos que la poesía era la única forma de respirar y sobrevivir a este mundo.Ayer por la tarde me hice un ovillo en el sillón (mala imagen pero ajustada a la realidad de mi frío, parafraseando al poeta García Madero) y pensé que hay viajes que inician con un soplo de viento (cada día soy más cursi) y pensé en lo agradabel que sería ver una película con vos, hecha un ovillo en tu costado. Tengo un par de días de negarme a oír música en el carro, cuando vengo al trabajo y cuando vuelvo a la casa. El pensamiento es un pájaro extraño (no recuerdo quien dijo eso pero es justo mi idea) que a veces necesita los ruiditos del carro para volar. -
cosas que uno encuentra en los libros
Y César Brañas escribió:
«Cuando Carola está triste yo no sé qué luces se apagan en el mundo. Es cual si todas las mantillas y todas las banderas se plegaran en un desconsuelo de inverosímiles derrotas sobre la muerte de un torero.»Y yo leí y pensé que al final es lindo cuando alguien se entera de tu tristeza y se siente triste con vos (por vos).Amor, cuando estás triste no sé qué luces se apagan en el mundo. Es cual si todas las mantillas y todas las banderas se plegaran en un desconsuelo de inverosímiles derrotas sobre la muerte de un torero. Espero, sin embargo, que sepás que mi mano está siempre dispuesta a tomar la tuya;que mis labios están siempre dispuestos a abrazar los tuyos; que mis ojos están siempre dispuestos a llorar con vos, aunque nos tomemos como pretexto una película cualquiera, aunque no sea un día adecuado.Mi silencio también está siempre dispuesto a acompañar al tuyo. -
3
Te destierro de mi corazón por enésima vez. Sin embargo, no me parece extraño encontrarte de nuevo en esa sala donde me siento a ver pasar mi vida sin intervenir en ella, sin hacer nada. Me ves llegar como quien vuelve al hogar, tu silencio es la bienvenida usual, y quizás sea cierto que el tiempo da vueltas y llega a los puntos de donde partimos.
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5:57
Son las 5:57 y tengo ganas de llorar. En parte porque murió el coronel Aureliano Buendía, en parte porque es lunes, en parte porque no te veré hoy, mañana, el día después de mañana. Sí, creo que también podría llorar por el día después de mañana y esa manía de rescatar libros y acabar con el mundo.
Son las 5:59 y persisten las ganas de llorar, a pesar de mi mala guasa del día después de mañana. Anoche vi la guerra de los mundos y hay una escena, cuando se acercan al río y va mucha gente por la calle y se ve a alguien con un carrito de super mercado lleno de libros. Supongo que yo sería de esas pendejas que mueren por salvar unos cuantos libros, quizás porque encontré algo hermoso en ellos y no podría dejarlos. Si el mundo acabara hoy me iría al diablo pensando en la desilusión del coronel Aureliano Buendía, en las múltiples formas de perder un amor.Son las 6:02 y tengo ganas de salir corriendo, pero pensar en el tráfico de esta hora me hace reconsiderar el asunto. Dentro de doce horas estaré de vuelta en la oficina, lo cual me refuerza las ganas de salir corriendo, pero de esta vida en la que la carretera llena cualquier espacio que podría llenar una buena charla, claro, cuando manejo hablo conmigo misma, pero eso no cuenta.Son las 6:05 y tengo ganas de llorar sin tener un motivo importante, quizás sea suficiente que no te veré hoy, ni mañana, ni el día después de mañana. -
reconciliarme
¿por qué no?
a veces es posible que la noche guarde sorpresas, tenga alias, me lleve a la ternura y a la certeza de mañanas mejores.Hablo conmigo en tercera persona pero comprendo que eso es mejor al silencio en que me encierro cuando busco y busco alternativas. No sé si se valga este pensar en vos, porque estás a tantos kilómetros de distancia, siempre tan lejos. -
La señora del perrito, de Antón Chejov
Una señora rusa sale a pasear con su perro. Está de vacaciones en Yalta. Es observada por un señor que decide hablarle, seducirla, quizás. Inician una relación en la que engañan a sus respectivas parejas. Un cuento de trama simple, con personajes sacados de una realidad cotidiana, que viven un dilema común. Pero quizás no es esto lo importante en el cuento, quizás el autor tiene más que decir, quizás nos quiere conducir a una reflexión más compleja a partir de su retrato de la sociedad rusa de su tiempo.¿Qué nos dice Chéjov de sus personajes?, ¿cuáles son sus características, sus miedos, sus esperanzas? ¿Cómo son los personajes que no intervienen directamente en el relato pero que son parte importante de la historia, como la esposa de Gurov? ¿Qué nos cuenta con los detalles que no nos cuenta?
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Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez
Llevamos apenas como 25 años de soledad y fuimos testigos de la fundación de Macondo, de la incipiente locura de José Arcadio Buendía, del potencial de José Arcadio, de la clarividencia de Aureliano, de la fuerza de Úrsula, de la sabiduría de Melquíades.Ya vimos por ahí cómo se arman multitudes con los pobladores de una pequeña aldea perdida en medio de la nada y con unos cuantos gitanos y cómo los caminos no siempre están donde uno los busca. Asistimos a la consumación del matrimonio de dos primos, pasamos meses en la sierra y llegamos al río donde habrían de establecer un pueblo que no tiene cementerio porque aún no se muere nadie ahí. Fuimos testigos de los estragos de la enfermedad del insomnio y sus consecuencias fatales para la memoria. Ya nos encontramos con una forma de medir el tiempo a partir de los recuerdos importantes (yo diría felices) de la vida, y empezamos a reflexionar sobre los momentos memorables y las fotografías familiares. Y la cascada continúa cayendo. La narración vertiginosa y llena de adjetivos no se detiene aún, porque todavía nos hace falta conocer a más José Arcadios, a más Aurelianos.