Autor: Adelaida Loukota

  • poemas de amor

    Mañana leeré poesía en Sophos, junto a mi amiga Johanna Godoy. Llegamos al acuerdo de que ella leerá poemas de desamor y yo leeré poemas de amor, entre otras cosas.

    Tengo unos cuantos días buscando esos poemas de amor que leeré, pero mi amor ha cambiado tanto en estos últimos meses que en mis poemas de hace mucho solo encuentro una serie de promesas que ahora no haría, por lo menos no de la misma forma. De promesas que no me creo capaz de cumplir.

    Ahora sé, amor, que mi amor no es eterno, ni siquiera diario, que soy capaz de darle vueltas y vueltas a mis despedidas y llegar al punto de decirte que puedo soportar el vacío de las horas en que no estás, que el silencio no es ridículo cuando lo comparto con vos. Tendrás que saber que a ratos te odio todo, con todo mi corazón; que mantengo frescas las ganas de salir corriendo aunque a veces prefiera acurrucarme en tu costado para saber que todo irá bien.

  • las tres y tantas

    Son las tres y tantas y debo ir por un café antes de que mi corazón termine de partirse en pedazos y me ponga a llorar (como hace tanto quisiera llorar).

    Es martes y a pesar de los dichos, me gustaría embarcarme y volverme tan loca como el sapo del Viento en los sauces, marcharme de la pecera, solo por hoy. No puedo explicar porqué de pronto me han dado tantas ganas de llorar, tanta nostalgia de junto. Quizás sea porque los días continúan pasando, porque hay amigos que están lejos, amigos en general y mi amigo en particular, porque me pierdo en el laberinto al que me lleva el sanate que está construyendo su nido afuera de mi ventana.

    Cayó Roma, sin pena ni gloria, al final todos lo esperábamos, la historia tenía que ser así. Alguna vez me preguntaste qué me hace diferente a Judas, y aún no puedo contestarte.

  • Plagio, sobre todo el plagio

    Déjame entrar al dolor de tu cuerpo
    quiero morir mendigando tu pan
    déjame estar condenado en tus huesos
    ¡Nadie me hable, ya déjame entrar!

    Déjame decirte las cosas que te guardo en secreto, contarte un cuento con final feliz. Déjame conocerte de verdad, aunque luego no soporte el dolor, ni la verdad. Déjame venir a visitarte y hacer los mismos chistes y reír y reír y reír, madrugadas sin ir a dormir. Déjame entrar al dolor de perderte.

  • La propiedad privada

    Miguel Ángel Asturias escribió que el señor que lo tenía todo, todo, todo, era dueño de todo porque lo miraba y entonces le pertenecía. Si sigo esta lógica fundamental, soy dueña de los libros de la biblioteca, de una ventana que por fuera tiene grillos que me cantan, de calles largas, largas, de charcos y de mi reflejo.

    Soy dueña de todo lo que he leído, del imperio romano de Gibbon, del Londres de Virginia Woolf, de los edificios gubernamentales de Kafka, del París de Cortázar, del Buenos Aires de Borges, de la selva de Payeras, del San José de Luis Chaves, de la ciudad, de la hermosísima ciudad de los cronopios del mundo.

    Cada vez que parpadeo, las palabras que escribo en esta pantalla dejan de pertencerme, le pertenecerán a quien abra los ojos, cuando yo los cierro.

  • La familia

    Hace algunos meses mis rutinas incluyen una visita semanal a la casa de mis papás, con lo cual he logrado escapar a la reunión familiar anual y a la mayoría de contactos con primos y tíos, incluso pierdo de vista a mis hermanos grandes por largas temporadas.

    No visito a los tíos que vienen al país cada cierto tiempo, ni a los que lo abandonan alguna vez. Mis primos se casan, tienen hijos y se reúnen los fines de semana. Yo me sigo negando a todo lo que ello implica. No es por ser mala persona, evito con ello ser mala persona.

    No me quedan muchos amigos «presenciales», me conformo con saber que están bien, que continúan. Por lo pronto me queda el café, huir hasta que me quede sin fuerzas, negarme al tedio cotidiano.

  • Bienvenida

    La imagen es la siguiente:

    – César + Adelaida

    – Un bus rumbo periférico por ahí del medio día.

    – Sillones verdes, acolchados, respaldo alto. Cada uno en un sillón.

    – ¿nublado? quizás

    – Hablando de poesía y de verbos.

    – Yo nostalgio. Quizás no todos los datos sean correctos, pero recuerdo la conversación y el poema.

    – Lo tengo grabado en la compu y me atacó el recuerdo al oir a Benedetti leyéndolo.

    Bienvenida
    (Mario Benedetti)

    Se me ocurre que vas a llegar distinta
    no exactamente más linda
    ni más fuerte
    ni más dócil
    ni más cauta
    tan sólo que vas a llegar distinta
    como si esta temporada de no verme
    te hubiera sorprendido a vos también
    quizá porque sabés
    cómo te pienso y te enumero
    después de todo la nostalgia existe
    aunque no lloremos en los andenes fantasmales
    ni sobre las almohadas de candor
    ni bajo el cielo opaco
    yo nostalgio
    tú nostalgias
    y cómo me revienta que él nostalgie
    tu rostro en la vanguardia
    tal vez llega primero
    porque lo pinto en las paredes
    con trazos invisibles y seguros
    no olvides que tu rostro
    me mira como pueblo
    sonríe y rabia y canta
    como pueblo
    y eso te da una lumbre
    inapagable
    ahora no tengo dudas
    vas a llegar distinta y con señales
    con nuevas
    con hondura
    con franqueza
    sé que voy a quererte sin preguntas
    sé que vas a quererme sin respuestas.

  • Llueve sobre mi infancia

    Hace tiempo leí Llueve sobre mi infancia, de Miguel Sánches Neto y tuve muchas ganas de escribirle una carta larga, muy larga, en donde le agradecería por contar esa historia, por su forma de contar esa historia, por darme ganas de escribir esa y muchas otras cartas.

    Nunca le escribí al escritor, aunque puedo confesarle que cada vez que llueve vuelven a mí imágenes de su novela. Una cierta nostalgia por eventos de la infancia; sé que siempre me gustó caminar bajo la lluvia y que mis zapatos rechinaran de tanta agua.

  • siete jardineros

    Siete jardineros están tirados en la grama, el pretexto de arrancar la mala hierba es un buen pretexto para disfrutar un poco del jardín que no les pertenece, pero que cuidan todos los días.

    Paso a su lado y los oigo conversar. La vida es simple a veces, los dilemas se resuelven con un poco de sol a la hora correcta. Cuando llueve, sin embargo, los jardineros no aparecen por ningún lado, estarán refugiados en un lugar menos evidente.

  • verde

    Salgo a comprar el café de las tres. Atravieso el jardín y me ataca un resplandor verde que viene de la grama, me detengo un momento para recobrar el hilo de mis pensamientos. Un amigo está grave en el hospital, tengo mucho trabajo por hacer, hace meses que no voy al mar y la realidad sigue siendo la misma, aunque el café la alborote por dos segundos. Supongo que es cierto que la realidad depende de los ojos con que la miremos, así que entiendo que vos también estabas verde.

    Hoy fue un día verde para extrañar a los amigos que están lejos, para oír a Charly, para leer a Bukowski y recordar que, más veces de lo que admito, tengo sueño por la tarde.

    3 horas; 16 minutos; 30 segundos
    (Charles Bukowsi)

    Se supone que soy un gran poeta
    y tengo sueño por la tarde,
    sé que la muerte es un toro gigantesco
    dispuesto a embestirme
    y tengo sueño por la tarde
    sé que hay guerras y hombres que pelean en el ring
    sé que hay muy buena comida, buenos vinos, buenas mujeres
    y tengo sueño por la tarde,
    me inclino hacia el sol tras una cortina amarilla
    y me pregunto donde habrán ido las moscas de verano
    recuerdo la muerte tan sangrienta de Hemingway
    y tengo sueño por la tarde.
    Algún día no tendré sueño por la tarde
    algún día escribiré un poema que encenderá volcanes
    en las colinas que están ahí afuera
    pero ahora mismo tengo sueño por la tarde
    y alguien me pregunta -«Bukowski, ¿qué hora es?»
    y yo contesto:- «3 horas, 16 minutos, 30 segundos».
    Me siento culpable, me siento asqueroso, inútil,
    demente, tengo sueño
    por las tardes,
    están bombardeando iglesias, bien, eso está bien,
    los niños montan pony´s en los parques, eso está bien,
    las bibliotecas están llenas de libros sabios,
    hay música grandiosa encerrada dentro de la radio
    y yo tengo sueño por la tarde,
    tengo una tumba dentro de mí diciendo
    bah, dejá que lo hagan los demás, dejales que ganen.
    Dejáme dormir,
    el ingenio está a oscuras
    barriendo la oscuridad como una escoba,
    me voy a donde se han ido las moscas de verano,
    intenten atraparme.

  • Ahora que empiezo de nuevo

    Guardo silencio, contengo la respiración para que no notes mi presencia y me voy. Camino de prisa para que mis pasos no resuenen a lo largo de mi ruta de huída. Me guardo todos los besos que no queres que te dé, me guardo todas las cartas que no puedo escribirte, me aseguro de no dejar rastro en las cosas que te digo a diario.