Autor: Adelaida Loukota

  • Plagio, sobre todo el plagio

    Déjame entrar al dolor de tu cuerpo
    quiero morir mendigando tu pan
    déjame estar condenado en tus huesos
    ¡Nadie me hable, ya déjame entrar!

    Déjame decirte las cosas que te guardo en secreto, contarte un cuento con final feliz. Déjame conocerte de verdad, aunque luego no soporte el dolor, ni la verdad. Déjame venir a visitarte y hacer los mismos chistes y reír y reír y reír, madrugadas sin ir a dormir. Déjame entrar al dolor de perderte.

  • La propiedad privada

    Miguel Ángel Asturias escribió que el señor que lo tenía todo, todo, todo, era dueño de todo porque lo miraba y entonces le pertenecía. Si sigo esta lógica fundamental, soy dueña de los libros de la biblioteca, de una ventana que por fuera tiene grillos que me cantan, de calles largas, largas, de charcos y de mi reflejo.

    Soy dueña de todo lo que he leído, del imperio romano de Gibbon, del Londres de Virginia Woolf, de los edificios gubernamentales de Kafka, del París de Cortázar, del Buenos Aires de Borges, de la selva de Payeras, del San José de Luis Chaves, de la ciudad, de la hermosísima ciudad de los cronopios del mundo.

    Cada vez que parpadeo, las palabras que escribo en esta pantalla dejan de pertencerme, le pertenecerán a quien abra los ojos, cuando yo los cierro.

  • La familia

    Hace algunos meses mis rutinas incluyen una visita semanal a la casa de mis papás, con lo cual he logrado escapar a la reunión familiar anual y a la mayoría de contactos con primos y tíos, incluso pierdo de vista a mis hermanos grandes por largas temporadas.

    No visito a los tíos que vienen al país cada cierto tiempo, ni a los que lo abandonan alguna vez. Mis primos se casan, tienen hijos y se reúnen los fines de semana. Yo me sigo negando a todo lo que ello implica. No es por ser mala persona, evito con ello ser mala persona.

    No me quedan muchos amigos «presenciales», me conformo con saber que están bien, que continúan. Por lo pronto me queda el café, huir hasta que me quede sin fuerzas, negarme al tedio cotidiano.

  • Bienvenida

    La imagen es la siguiente:

    – César + Adelaida

    – Un bus rumbo periférico por ahí del medio día.

    – Sillones verdes, acolchados, respaldo alto. Cada uno en un sillón.

    – ¿nublado? quizás

    – Hablando de poesía y de verbos.

    – Yo nostalgio. Quizás no todos los datos sean correctos, pero recuerdo la conversación y el poema.

    – Lo tengo grabado en la compu y me atacó el recuerdo al oir a Benedetti leyéndolo.

    Bienvenida
    (Mario Benedetti)

    Se me ocurre que vas a llegar distinta
    no exactamente más linda
    ni más fuerte
    ni más dócil
    ni más cauta
    tan sólo que vas a llegar distinta
    como si esta temporada de no verme
    te hubiera sorprendido a vos también
    quizá porque sabés
    cómo te pienso y te enumero
    después de todo la nostalgia existe
    aunque no lloremos en los andenes fantasmales
    ni sobre las almohadas de candor
    ni bajo el cielo opaco
    yo nostalgio
    tú nostalgias
    y cómo me revienta que él nostalgie
    tu rostro en la vanguardia
    tal vez llega primero
    porque lo pinto en las paredes
    con trazos invisibles y seguros
    no olvides que tu rostro
    me mira como pueblo
    sonríe y rabia y canta
    como pueblo
    y eso te da una lumbre
    inapagable
    ahora no tengo dudas
    vas a llegar distinta y con señales
    con nuevas
    con hondura
    con franqueza
    sé que voy a quererte sin preguntas
    sé que vas a quererme sin respuestas.

  • Llueve sobre mi infancia

    Hace tiempo leí Llueve sobre mi infancia, de Miguel Sánches Neto y tuve muchas ganas de escribirle una carta larga, muy larga, en donde le agradecería por contar esa historia, por su forma de contar esa historia, por darme ganas de escribir esa y muchas otras cartas.

    Nunca le escribí al escritor, aunque puedo confesarle que cada vez que llueve vuelven a mí imágenes de su novela. Una cierta nostalgia por eventos de la infancia; sé que siempre me gustó caminar bajo la lluvia y que mis zapatos rechinaran de tanta agua.

  • siete jardineros

    Siete jardineros están tirados en la grama, el pretexto de arrancar la mala hierba es un buen pretexto para disfrutar un poco del jardín que no les pertenece, pero que cuidan todos los días.

    Paso a su lado y los oigo conversar. La vida es simple a veces, los dilemas se resuelven con un poco de sol a la hora correcta. Cuando llueve, sin embargo, los jardineros no aparecen por ningún lado, estarán refugiados en un lugar menos evidente.

  • verde

    Salgo a comprar el café de las tres. Atravieso el jardín y me ataca un resplandor verde que viene de la grama, me detengo un momento para recobrar el hilo de mis pensamientos. Un amigo está grave en el hospital, tengo mucho trabajo por hacer, hace meses que no voy al mar y la realidad sigue siendo la misma, aunque el café la alborote por dos segundos. Supongo que es cierto que la realidad depende de los ojos con que la miremos, así que entiendo que vos también estabas verde.

    Hoy fue un día verde para extrañar a los amigos que están lejos, para oír a Charly, para leer a Bukowski y recordar que, más veces de lo que admito, tengo sueño por la tarde.

    3 horas; 16 minutos; 30 segundos
    (Charles Bukowsi)

    Se supone que soy un gran poeta
    y tengo sueño por la tarde,
    sé que la muerte es un toro gigantesco
    dispuesto a embestirme
    y tengo sueño por la tarde
    sé que hay guerras y hombres que pelean en el ring
    sé que hay muy buena comida, buenos vinos, buenas mujeres
    y tengo sueño por la tarde,
    me inclino hacia el sol tras una cortina amarilla
    y me pregunto donde habrán ido las moscas de verano
    recuerdo la muerte tan sangrienta de Hemingway
    y tengo sueño por la tarde.
    Algún día no tendré sueño por la tarde
    algún día escribiré un poema que encenderá volcanes
    en las colinas que están ahí afuera
    pero ahora mismo tengo sueño por la tarde
    y alguien me pregunta -«Bukowski, ¿qué hora es?»
    y yo contesto:- «3 horas, 16 minutos, 30 segundos».
    Me siento culpable, me siento asqueroso, inútil,
    demente, tengo sueño
    por las tardes,
    están bombardeando iglesias, bien, eso está bien,
    los niños montan pony´s en los parques, eso está bien,
    las bibliotecas están llenas de libros sabios,
    hay música grandiosa encerrada dentro de la radio
    y yo tengo sueño por la tarde,
    tengo una tumba dentro de mí diciendo
    bah, dejá que lo hagan los demás, dejales que ganen.
    Dejáme dormir,
    el ingenio está a oscuras
    barriendo la oscuridad como una escoba,
    me voy a donde se han ido las moscas de verano,
    intenten atraparme.

  • Ahora que empiezo de nuevo

    Guardo silencio, contengo la respiración para que no notes mi presencia y me voy. Camino de prisa para que mis pasos no resuenen a lo largo de mi ruta de huída. Me guardo todos los besos que no queres que te dé, me guardo todas las cartas que no puedo escribirte, me aseguro de no dejar rastro en las cosas que te digo a diario.

  • lo que digo

    Releo lo que escribo y trato de descubrir la poesía que debería tener adentro. Releo lo que escribí hace algunos años y trato de descubrir algo de mí misma en esas líneas.

    Encuentro mis mentiras, a todos los amigos que ya no están. Solía creer en ciertas promesas, solía creer en mis propias habilidades. Ahora sólo sé que quizás sea posible decir algo hermoso a partir de un cesto de ropa sucia y una cama sin hacer. Ahora sé que las ventanas cerradas son importantes y que aún puede saltar el miedo sobre mi si dejo ranuras en las cortinas.

    Pienso en todas las cartas que envié, pienso aún más en todas las que debería enviar. Porque mi hermano tenía razón, si uno no dice las cosas en papel, se olvidan.
    Releo mis buenas intenciones y pienso que son una gran colaboración para el camino del infierno, de mi infierno.

  • voglio andare a casa

    Después de tanto tiempo llego a la que fuera mi casa, me paseo por los corredores que se sabían de memoria mis pasos, busco a la gente que conocí. Pero no queda nada. El frente del muro está cubierto de bancas, la puerta de la cafetería está condenada, el patio del centro se ha convertido en una especie de auditorio, los murales fueron borrados y mis amigos no están.

    Sé que en el orden del tiempo las cosas continuán aunque uno ya no esté. Sin embargo, no puedo evitar la nostalgia por un lugar que me abrigó, sin promesas ni reconcialiaciones.

    Voglio andare a casa, quiero ir a casa, aunque la casa que recuerdo no exista más.