Autor: Adelaida Loukota

  • valentine´s

    Puedo llorar por horas sin que te des cuenta. Puedo decirte que creo todo, que sé todo, que puedo con todo. Puedo, incluso, recorrer todos los días las mismas calles para llegar a un mundo que nada tiene de maravilloso o conocer los nombres de cuantos se cruzan por mi camino del parqueo a la oficina, sin que eso cambie el color de la luz que me rodea.

    No me cuesta mucho encontrar el frío, soñar con cosas terribles que me han de pasar un día de estos, no me cuesta mucho callarme, porque poco a poco sos más un fantasma al que veo todos los días, un silencio.

  • la tarde

    Un ventilador inmóvil me mira de tanto en tanto, es de tarde y tengo sueño, como suelo tener sueño cuando pienso en las moscas del verano. Retazos tuyos me llegan en oleadas de lucidez, acarreo ciertos recuerdos que suelto un momento después. Quien pensaría que llegaríamos a estar tan lejos el uno del otro, quien pensaría que llegaríamos a ser tan definitivos. El resto del ruido transcurre entre pasillos y ventanas sin cortinas, entre un viento que no me toca y una computadora que no me habla.

  • los viernes

    Llega la tarde y uno no sobrevive sin café y Delgadillo.

    Sigo sin saber si en una isla desierta preferiría ver fantasmas o no. Los fantasmas que veo ahora que no estoy en una isla llenan de ruidos los pasillos, llenan de marañas los rayos lisos del sol que abruma todo afuera de la ventana. Dentro de algunos días llegará el fin de otro ciclo, pero seguiré viendo a los mismos fantasmas, ansiando el mismo vacío de isla solitaria.

  • un gato cada vez

    Trabajo en una pecera por la cual no circula el aire; la ventana está abierta, pero hay calor y eso no se puede ocultar. Son más de las tres, mucho más. Llega la hora en que el cerebro deja de funcionarme y tengo que saltar para no dormirme, saltar del escritorio, saltar en la silla, slatar por la ventana hasta llegar al mundo.

    Muchas veces a esta hora pienso en vos. Es más fácil recordar cuando las ideas nuevas no se animan a salir. Debería leer, como siempre he debido leer más, pero me ataca la pregunta de si te habrás enamorado de algún poema hermoso y no puedo continuar.

  • volver

    Te morías por volver, con la frente marchita, cantaba Gardel, y entre citas de Borges, Evita bailaba con Freud…

    Pero el tiempo es devastador, además, sería muy triste oirte diciendo que existe esperanza para el mundo y todo eso. Vos y yo sabemos más del mundo que aquellos que aún se empeñan en salvarlo. Vos y yo conocemos calles que nadie más camina. Vos y yo creemos en la poesía y su poder destructor.

    No, tal vez solo yo sigo creyendo en la poesía, pero eso no importa, eso no es un factor determinante para volver.

  • un poema hermoso

    No diría que mi poema es hermoso por nada del mundo, pero lo cierto es que sonrío cuando lo leo y eso me parece bien. No es un poema hermoso porque yo lo diga, solo me parece que es así.

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    Si fuera yo la que está parada en la acera
    diría que la escena es surrealista
    por la calle pasa un armario con espejo
    seguido de un tractor montado en un camión
    y poco después
    un carro dentro del cual canto a gritos una canción de la radio

    pero el tipo que está parado al lado del vendedor de chicles
    no se pregunta si es demasiado joven para hablar solo
    nos ve pasar
    se sube al siguiente bus
    y se va

  • día tras día

    La Maldita me taladra desde la radio; por la ventana sólo distingo árboles y rayos de sol que intentan darle valor a una mariposa para que no se quede aplastada en cualquier hoja. Pienso mientras veo por la venatana, pienso en que soñé con vos anoche, justo como dice la canción de Sabina.

    A veces uno cobra más conciencia de los besos que no ha dado. A veces quisieras estar afuera, en lugar de la mariposa. Aunque siempre queda la esperanza de irte al mar y que no importe nada más.

  • lo que no veo

    En la ciudad nunca está oscuro del todo. Te despiertas a media noche y te encuentras en una vaga penumbra que te impide quedarte con los ojos abiertos e imaginar que estás en cualquier otro sitio. Despierto, voy al baño y en el camino recuerdo otras casas, lejanas ahora, donde la noche estaba cerrada cuando debía estarlo y resplandecía sólo con la luna llena. Vuelvo a mi cama y cierro los ojos, tratando de encontrar en mí la oscuridad que no encuentro afuera.

  • keep the road, jack…

    El mundo es un gran y extraño animal que a veces nos ve con los ojos llenos de asombro. Me detengo en una esquina y casi grito Keep the road, Jack, como si mis palabras fueran capaces de modificar las canciones escritas hace tanto tiempo, como si mis palabras fueran capaces de darle aliento a Jack para que siga On the road. Antes de llegar al próximo semáforo quisiera un poco de la convicción de esos años, un poco de la magia que nos dan los caminos cuando no esperamos que nos lleven a los mismos lugares de siempre.

    No pierdo el ansia por el camino que hace unos años me movía a idealizar la vida fotografiada en las documentales de viajes; aún creo que hoy sería buena idea largarme con la mochila llena de latas de frijoles y agua pura.

  • Ahora vuelvo

    Llego de nuevo, las horas pasadas lejos no han cambiado mucho este lugar. Me lleno los bolsillos de palabras y palabras que la gente deja abandonadas entre un semáforo y otro. Cierro los ojos, llego de nuevo, siempre llego de nuevo.