Autor: Adelaida Loukota

  • Long story short

    Vivir en Guate significa levantarte cada mañana y esperar que hoy no te caiga el latigazo. Sabés que caerá, esperás que no caiga cerca, que no caiga sobre vos, sobre los que querés.

    La noticia a la hora del desayuno fue: venían en un carro, se aorillaron, bajaron al tipo y le dispararon ocho veces. Una de esas veces en que la carretera se queda vacía. Se subieron al carro y lo dejaron tirado ahí.

    Nudo en la garganta. ¿Sería algún secuestrado? ¿Sería alguien que no pudo pagar? ¿Alguien que sabía demasiado?

    Salí de mi casa. Congestionamiento en San Lucas. Unidades de los noticieros, policía, MP. Una camioneta contra la vía, metida en la estación de bomberos, balazos en las ventanas. Seguro mataron al chofer o dispararon en el bus y el tipo se metió a los bomberos.

    Nudo en la garganta. ¿Y si era el bus donde regresábamos mi hermana y yo del colegio por las tardes? ¿Y si era el ayudante que le decía a mi hermana que tuviera cuidado al bajarse y le daba la mano porque ella era pequeña y no llegaba bien a la grada?

    Llego al Trébol y me espera la paranoia cada vez que pasa a mi lado un motorista. Espero que no brinque alguien de la banqueta y me asalte. Reviso los seguros de las puertas otra vez, reviso que los vidrios estén subidos, espero que no me toque porque se pasó el de adelante, porque el de atrás viene lejos.

    La noticia de la tarde llegó en forma de llamada de mi hermana. Cuando venía para Guate no pudo pasar en San Lucas. La historia del bus fue que un grupo de asaltantes se subió en Xenacoj, más o menos por mi casa le robaron todo a la gente y después los ametrallaron. No sé cómo llegaron a San Lucas. Mataron a muchos y se fueron. Al rato atraparon a algunos de la banda, el resto desapareció. Nudo en la garganta.

    Conclusión: no traería a mi sobrino al Club del terror (ya bastante terror hay por aquellos rumbos), no saldría de la casa porque la cosa está muy fea.

    Nudo en la garganta ¿Cómo le puedo decir que no se preocupe, que nada malo le va a pasar? ¿Cómo le digo que la cosa siempre está fea? ¿Cómo le aseguro que si tiene cuidado el latigazo no le caerá encima?

    Silencio. En Guate no se vive.

  • ¿Qué te diré?

    Me rindo, dejo los pensamientos profundos, las ideas productivas, las tareas importantes a las que debería dedicar mi tiempo y me dejo seducuir por Bridget Jones y sus diarios, una vez más. Me sirvo otro pedazo de la pizza que sobró de anoche, lleno mi vaso de calimocho, me abandono, me hundo en el sillón. Hay cosas a las que me he acostumbrado poco a poco, a ir sola al cine, a que mi teléfono no suene, a algunos almuerzos conmigo misma, a darle vuelta a mis ideas en lugar de discutirlas con vos. Es más difícil cuando mis amigos van en parejas a alguna reunión, cuando necesito que me tomés de la mano para no caer en esos silencios que me absorben en la calle y me hacen olvidar a donde voy.

    Es cierto, hay días en que me desespero y me gustaría poner un clasificado que diga: Necesito, con urgencia, un novio del tipo Mark Darcy, que disponga de tiempo y habilidad para convencerme de construir historias nuevas, que me inspire para convertirlo en el sujeto poético capaz de renovar cierto blog cotidiano que se ha vuelto cíclico y aburrido.

    Necesito otro vaso de calimocho para atontar este tren de pensamiento, ¿de qué sirven los príncipes azules si ninguno tiene ganas de venir a rescatarme?

  • failing

    La tarde está a punto de llover, pero en lugar de decidirse me pasa encima; transcurre con nubes grises, con oraciones que no logro completar. Quizás si hubiera dado la vuelta en una esquina distinta estarías acá, vegentando conmigo en el sillón, pensando en que si llueve fuerte podríamos salir a correr bajo la lluvia, como cuando éramos pequeños y no importaba que se nos mojaran los zapatos.

  • falling

    Me gustaría tener alguien a quien culpar, algún maestro al que reclamarle que el mundo no es lo que me prometió, que la vida (mi vida) no es lo que se supone que debía ser. Pero a mí nadie me dijo que el mundo sería mío, nadie me hizo promesas que no se cumplieron, nadie llego y me convenció de que yo haría cosas extraordinarias, de que cambiaría algo. Eso no justifica esta tristeza sin límites, que me siente a esperar que los nuncas me lleguen.

    No es la soledad lo que me molesta, es que haya pasado tanto tiempo sin que nadie quiera estar conmigo.

  • The Bear that Wasn’t a Bear

    Busco afuera de mí algo perdí adentro, quizás porque hay más buses de salida, que los que se animan a entrar en esta casa deshabitada que es mi corazón. Sin embargo, pasa de vez en cuando que algún evento desencadena una serie de imágenes y palabras que me hacen recordar quién soy. Ayer me topé con la historia del oso que no era un oso y recordé, no solo que soy un oso (como decían el Xibal y Juan Pablo) sino que no puedo dejar de serlo aunque intenten convencerme de lo contrario. Soy un oso que le encuentra sentido a su vida escribiendo poesía.

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  • En estos días

    Me ha dado por extrañarte últimamente, quizás porque la luna estuvo llena hace poco, quizás porque cada día me hundo un poco más en el silencio de mis historias sin contar. Ya ves, hay días así, en que te quiero aunque no te hable, quizás por una de esas paradojas en que uno extraña lo que nunca fue propio.

  • Una de esas cadenas de pensamiento o allá afuera sopla demasiado el viento

    ¿Cuándo fue la última vez que te enamoraste?, fue la pregunta. Hace como seis años, fue la respuesta. Digo, la última vez que fue algo correspondido, fue la aclaración. Después de eso solo he tenido una relación con un fantasma que se llama Joe, quien en realidad no me corresponde, fue lo que me callé. ¿Qué es lo que más extrañás de estar enamorada?, debió ser la siguiente pregunta. Hablar, sería la respuesta.

    Eso es lo que siempre extraño, tener a ese cómplice que me escucha y que habla conmigo todo el tiempo. Sí, seguro que extraño los besos, tener alguien que me abrace, saber que no voy a ir al cine sola o que alguien me va a esperar a la salida del trabajo, que puedo esperar a alguien a la salida del trabajo. Me hace falta tener alguien con quien acabarme los mensajes de texto de mi plan de teléfono, tener alguien que consuma los minutos que ahora se desperdician irremediablemente. Joe ha hablado tanto conmigo, cuando se decide a aparecer. Hace seis años Homero hablaba conmigo, hace doce años Juan Pablo hablaba conmigo. Ahora no tengo a quien enredar con estos secretos de lo cotidiano.
    Sí, extraño hablar-te.
  • palabras de doce letras o más

    Cuando juego Scrabble me gusta formar palabras grandes y bonitas, como botánica, aluminio, jumento. También me gusta imaginar que alguna vez podría armar palabras más largas, como papiroflexia. Mis primos se preocupan más por usar los premios del tablero y son capaces de usar palabras pedestres como pañal, si la ñ queda en un triple tanto de letra. Me gusta jugar al Scrabble porque me gustan más las palabras que los números o los juegos de estrategia. Nunca jugué con vos, pero sospecho que no te gustan tanto las palabras, que preferís los números o, en todo caso, la estrategia. Quizás por eso nunca pude encontrar las palabras exactas para enternecerte, para robarte el corazón.

  • Sounds of silence

    -Hoy-
    Te escribo desde esta esquina del mundo donde me pierdo, donde habita sólo una parte de vos. Sé que no leerás estas líneas y quizás eso sea lo mejor, quizás por eso te escribo y te he escrito siempre. Hace unos días me dejaste saber que no estás dispuesto a compartir cualquier sentimiento que tenga hacia vos y yo no puedo hacer otra cosa más que dejarte ir, con la tonta esperanza de que un día de estos seas vos el que viene a buscarme. El día amaneció lluvioso y yo sólo sé que no puedo seguir aferrada a la utopía. Quizás llegó el tiempo de salir a buscar bocas peregrinas para reemplazar un sueño que no se cumple, de dejar de esperar por vos. No tengo que decirte que espero que seas feliz y toda esa farsa que te cuento para que pensés que estarás mejor sin mí. Hoy no tengo ganas para mentirte una amistad que no te importa. En fin, hasta siempre, amor.
  • Lado B

    Todo esto sería más fácil, amor, si vos admitieras que me amás. Deberías llegar y decirme que me querés en tu vida. Así yo podría entrar en pánico y dejarte. Me daría cuenta de que no sos el hombre de mi vida, que no te quiero tanto como pensé. No hay nada como tener un amor correspondido para comprender que no puedo estar con vos.