Es lunes, de noche. Tengo mucho frío y un dolor de cabeza que no me abandonó en todo el día. ¿Es lunes? ¿De nuevo?
Autor: Adelaida Loukota
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Caracoles
Esta mañana cuando pasé por El Trébol, me pareció que el arriate del centro era como un bosque medieval. Por lo menos supuse que la luz debía caer así entre los árboles de los bosques de verdad. No vi al señor que vive debajo de ese puente, sólo vi a otros tantos de los que habitan por ahí. Él suele andar sin camisa y con un costal enorme en el que debe llevar toda clase de tesoros. Ese señor es como el ogro que habita en el bosque medieval. Por lo menos eso supongo cuando me lo encuentro en esas mañanas en que hay demasiado frío que él parece no sentir.Hace horas que no hay luz en este lado del mundo. Hoy por la mañana parecía que todo iba a estar bien. Por lo menos eso supuse por un rato. -
lunes, otra vez
Llovió, quizás demasiado. Llevo horas en esta oficina con ganas de meterme bajo el escritorio y desparecer de una vez. La página en blanco me aplasta y supongo que sería mejor ponerme a llorar de una vez, o salir corriendo de una vez, o hacer alguna cosa de una vez. Me cansé de pensar en la sexta letra del alfabeto, me cansé de perseguir a Joe que se vuelve cada vez más esquivo, que está cada vez más lejos.
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ella sabe
Al final del día (cuando todo se llena de ruido de grillos y el silencio invade la oficina donde se quedó sola porque todos se largaron mucho antes que ella) entiende que sueña con que él la espera abajo porque quisiera (desesperadamente) que él la quisiera. Sabe que ese no es el tipo de historias que le pasan a ella, que no es de las que despiertan esas pasiones. Sabe que le escribiría cartas de amor todos los días, que inventaría nombres para cada uno de sus sueños, que se largaría temprano porque él la esperaría abajo.
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ella le dice
Quiero que mi voz te llegue como un murmullo, amor, que se mezcle con las notas de Chopin, con los ruidos de esa calle lejana donde no me esperás para que te alcance el sueño. Quiero que tu noche sea serena, que las pesadillas no te ronden, que duermas bien. Quiero que tus sueños sean dulces como mi certeza de que el mundo es un lugar mejor porque vos existís.
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ella extraña
Está mirando llover por la ventana, hasta que decide que odia el gerundio y replantea. Mira llover por la ventana. La distrae la intromisión de un pensamiento introspectivo en la evasión gramatical que era su mente hasta el momento. Así que esto es su ausencia. Así que más que nostalgia es esta indolencia que la congela, que le impide llorar y patalear porque él se fue. Porque tarde o temprano tenía que irse.
Realmente quisiera hacer un poco de drama, escribir que lo extrañará hasta el final, cortarse las venas (aunque fuera metafóricamente) pero sabe que no le es posible extrañarlo más, que sólo le queda el vacío, la inmovilidad frente a una ventana, la certeza de esa resignación.Mira llover, cierra los ojos y sabe que ya no llueve en su interior. Recuerda que “Únicamente los niños solitarios pueden ir acumulando todos sus amores; los demás van gastando sus sentimientos en charlas mundanas.” (Stefan Zweig, Carta de una desconocida) -
Ella espera
La verdad le daba un poco de pena admitirlo, pero ese lunes lo esperó hasta que fue doloroso. También lo esperó el martes, el miércoles. Ella Penélope, sentada en el lugar de siempre, con la ansiedad de siempre. Hasta le hubiera gustado saber tejer para matar un poco el tiempo. Después pensó que si fumara la espera sería un poco más entretenida. La gente que fuma por lo menos debía verse más interesante de lo que ella se miraba. Sostenía un libro en las manos, pero no podía concentrarse en la lectura, abandonaba la página cada veinte segundos y lo buscaba. Nada. A veces le parecía que él la espiaba de lejos, como si quisiera asegurarse de que lo esparaba todo el tiempo. Como si quisiera comprobar que era cierto que ella estaba ahí, esperándolo. Ella desazón, ella malhumor, ella nostalgia. Nada. Ella certeza, él tampoco vendrá hoy.
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ella sueña
El sueño fue tan real y vívido que cuando despertó se le quedó pegado a la piel. Abrió los ojos y tuvo que respirar profundo para no echarse a llorar en ese momento.
Desde pequeña ha soñado incoherencias; sueños llenos de vacíos y cosas inexplicables, por lo que este sueño tan lúcido la hizo sentirse especialmente afectada. Esta vez no hubo pasajes oscuros y saltos temporales. Esta vez fue distinta, la linealidad del sueño le pareció incluso brutal. Él la amaba y un momento después ya no. Cerró los ojos e intentó meterse de nuevo en la atmósfera de la que salió al despertar. Intentó volver a ese mundo y luchar por él, pero él ya no la amaba; pero ella estaba despierta y muy lejos.Pasó el día tratando de no pensar, de estar ocupada todo el tiempo para no recordar que el sueño le dejó un frío que no se quitaría con café. Pasó el día tratando de no pensar, de no detenerse, de no estar triste. -
texto sin tildes
Camino por largas calles, al punto de tener ampollas en los pies y empezar a confundir mayusculas con minusculas y tu recuerdo con cualquier otro recuerdo. Llevo un libro en la bolsa, que pesa tanto, que se lastima de andar y andar junto a mi (como se lastima lo que permanece a mi lado demasiado tiempo). Camino con la certeza de no encontrarte en estas calles, con la esperanza de vencer a la realidad y verte aparecer, en cada esquina.
Mi mano tiene mas sentido cuando la tuya la toma y la sostiene. Mis pasos tienen mas sentido cuando los tuyos van a la par. -
tendría que decirte
-Hoy-Son más de las ocho y estoy en el camino de siempre, ese que no me conduce a vos. Pienso en las cosas que pienso regularmente y creo encontrar algunas respuestas. Hay algo de sol, de ese sol tímido que se asoma en las mañanas que le siguen a las noches en que ha llovido demasiado. No me siento bien o mal, quizás sólo tengo un poco de sueño y nostalgia. Paso al lado de un camión e imagino lo que será chocar contra esas bestias que a veces son tan lentas. Nunca te lo he dicho, pero mis deseos también son lentos y tardan mucho en pasar. Después de lo del camión pienso en Jean y la carta que tampoco le escribo, pieso en un posible alias que se escapa de mi realidad cotidiana y al que tendría tanto que decirle, y pienso en vos, en los nombres que te niego. El sol agarra fuerza y mis ideas se van volando como mariposas que se vuelven livianas con el calor. -
la carta que no logro escribirte III
-Hoy-Es media tarde y llueve con una determinación que me asombra. Me acerco a la puerta para ver mejor cómo caen esas gotas grandes y pesadas, para dejar que me salpiquen los pies, para pensar en vos. Decido que tenés razón, que no somos el uno para el otro y que debería encontrarle un substituto a esa imagen tuya que guardo siempre. Seguro que no soy tan determinada como la lluvia, porque la sola idea de sacarte de mi imaginario me parece el acto más terrible del mundo; incluso más terrible que perderte en la realidad.Pasan cinco minutos y la lluvia se detiene. Bajo al café del primer nivel, pido lo de siempre y durante el primer sorbo lo comprendo todo, vos sos la posibilidad. Sabés, lo que más me gusta de vos es lo que soy capaz de crear para vos. Saber que existís en mi mundo me llena de una paz que me permite inventar historias en las que podes ser feliz, en las que podes volar.Sé que esto no tiene que ver con ese que sos en realidad (matemático loco, con la edad mental de un niño de 14, que no acepta que me quiere, que me tiene miedo y que no sabe cómo lidiar conmigo); tiene que ver con ese que me devuelve las ganas de escribir cartas y de pensar en formas de enamorarlo. Es así, soy perfectamente capaz de vivir sin vos, pero mi vida es mejor cuando estás ahí.