Hace un rato ella hablaba con unos amigos. Uno de ellos le dijo que ya era tarde para decirle a él que le gusta, que él está lejos y ya nada se puede hacer. La vio a los ojos y le preguntó ¿qué querés, empezar algo a larga distancia? Ella lo vio a los ojos y le dijo que no, pero que lamentaba no haberlo besado, no haberle dicho que le gustaba. En ese instante le pesaron los besos que no dio, las palabras que no dijo. Sonrió, se quebró por dentro.
Autor: Adelaida Loukota
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Los motivos de la tercera persona
Ahora intenta trabajar, intenta no pensar en él. Habla de sí misma en tercera persona. No quiere admitir en voz alta que lo extraña, que sabe que él es la persona que quiere en su vida, que necesita una oportunidad para decirle todo lo que no dijo antes. Le importa que él no lea lo que le escribe, que no se entere y, aún así, no ha decidido si alguna vez le mostrará la libreta con todas sus promesas de amor.Le gustaría ser más paciente. Creer que él no encontrará a nadie en el mundo con quien se sienta mejor que con ella, que la elegirá, que volverá un día y le dirá «hey, veamos qué pasa si nos quedamos el uno con el otro». Le gustaría decir que los horóscopos chinos se equivocan, que la distancia hace más fuertes los lazos. Le gustaría que él también lamente no haberla besado. -
Busca, busca un problema ya
El menú del restaurante chino nos declaró incompatibles. Una oveja y un buey no están destinados a estar juntos, se supone que no les irá bien. De hecho, decía que la oveja seguro le traería problemas al buey. No tenés idea de las ganas que tengo de buscarme problemas con vos, de las ganas que tengo de enamorarme de vos.
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Los motivos del beso
Ella no es de las que hacen promesas. Sería incapaz de decirle que le promete esperarlo, que le promete que su corazón estará reservado solo para él, que finalmente comprendió el valor de Penélope y se siente capaz de tejer y destejer hasta que él vuelva, aunque pasen décadas. Ella sabe que él necesita irse, crecer, buscarse la vida. Ella sabe que debe buscar su camino también, hasta que en algún punto ambos se encuentren de nuevo. Entonces ella siente. Le falta el aliento cuando piensa en la distancia. Se le llenan los ojos de lágrimas, porque lo que pasa en su cabeza y en su corazón es irreconciliable. La razón le dice que espere y no lo inquiete; el corazón la urge a que le escriba, a que lo extrañe, a que le haga promesas, a que imagine que él podría incluso volver a buscarla. Ella respira hondo, espera tener un pequeño espacio en su corazón, que él también la extrañe, que espere que ella lo espere.
Ella cierra los ojos, no se anima a robarle un beso de despedida porque sabe que el beso sería la promesa. -
Los motivos de la distancia
Él se mudó. Ella sigue viviendo en el lugar de siempre. Él le pregunta qué ciudad le parece mejor, dónde le gustaría vivir. Ella se muerde la lengua y no le contesta “donde estés vos”. Rodea un poco la pregunta y da una respuesta de las que dan los buenos amigos.
Sé que no vamos a estar juntos en los meses que vienen, que seguiré donde estoy, que tenés un camino que recorrer. También sé que la única ciudad donde sería razonable existir es aquella en donde estés vos. -
Los motivos del frío
Él dice que estar enamorado es como comerte un chocolate cuando tenías muchas ganas de comer chocolate. Como la emoción que te daba ir al cine a ver las tortugas ninja cuando tenías seis años. Ella dice que estar enamorada es como el calor que sentís cuando hay frío y te ponés tu suéter favorito. Es un pensamiento feliz, después de todo.
No tenés idea del frío que me invadió después del abrazo de despedida, cuando te vi quedarte y supe que puede pasar mucho tiempo hasta que te vea de nuevo. Tu abrazo es mi suéter favorito. -
soy una pavota
Veo caer el café que se está haciendo en la percoladora. Una lágrima redonda y tibia cae libre por mi mejilla y luego otra la acompaña desde el otro lado de mi cara. Llueve y es de tarde. Anoche tuve una pesadilla y todo el día he tenido esta sensación de miedo que no me abandona. Algo como un escalofrío que se me pega a la espalda. El café está listo, me lo indica esa nube de vapor que abandona el depósito con un gorgoteo. Soy bastante ingenua, solo a mí se me ocurre pensar que podrías fijarte en alguien como yo, dejarme entrar en lo cotidiano de tus días. Sé que siempre me hago las ilusiones equivocadas, que hay gente que está ahí solo para ser tus amiga. En fin, las lágrimas siguen rodando y yo sigo autocompadeciéndome, inevitable. Soy una boba completa, pienso, mientras intento llegar hasta el café. Soy una pavota, una sentimental, y tengo miedo.
Agarro fuerzas, me levantó y llego frente a la mesa, necesito el café. Me ataca un recuerdo, pienso en el día en que leí por primera vez ese libro para niños que se llama Las palabras dulces. Es la historia de una niñita que pasa todo el día con la angustia de no decirle a sus papás que los quiere, tiene miedo de que esas palabras se gasten, de no decirlas en el momento justo, de que se pierdan. Yo tengo miedo de que mis palabras dulces, las palabras que guardo para vos, se agoten antes de que logre decírtelas. Vos no tenés idea del miedo que me da no encontrate jamás y convertirme en un cementerio de palabras olvidadas. Amargarme con tanto poema que se queda entre mis dedos y que no logro entregarte.Alguna vez deberías venir a buscarme, sin promesas de amores eternos, sin simulacros de “para siempre jamás”. Alguna vez deberías entender que lo único que necesito es un abrazo para olvidar mis pesadillas, que me contés alguna historia que me haga sentir bien. -
verdades evidentes I
- Es más fácil esconderte debajo de una cama que tiene patas…
Aún así pretendo mi acto de escapismo e intento hacerme pequeñita para caber en la rendija entre el colchón y la librera para tener un espacio tranquilo donde escribirte cartas de amor.
Un día de esto te voy a leer lo que te escribo. Es importante que sepás cómo mi mundo crece cuando estás cerca. Es importante que sepás que cuando sonreís sé que sos, por mucho, el príncipe azul que espero cuando llueve y tengo ganas de abrazar a alguien.Dibujo elefantes en las esquinas de mi cuaderno. Pienso en vos, pienso en vos, me gusta pensar en vos. -
Pensamiento circular
Ayer no te vi. No tengo noción alguna de dónde pudiste estar. No sé si pasaste el día solo, con tu familia, con amigos, con ella, con su recuerdo. Ignoro si en algún momento pensaste en mí, si aparecí en alguna de tus conversaciones. Ahora pienso en vos en retrospectiva, ayer pensé en vos cuando me lavé los dientes por la mañana, cuando faltaban diez minutos para almorzar, cuando llegó la noche y comprobé que no te aparecerías en alguna de las esquinas de mi día.
Amy Winehouse me separa de vos un momento, me arrastra, me lleva al lugar en que ya no queda más lo que un día fue Because we are best friends, right?, estoy a punto de entregarme a la desazón de pensar en vos como una posibilidad fallida, de caer en la trampa de saberte ajeno a mí, cuando el ruido del agua que cae en el aluminio del lavatrastos y el ruido de la loza de los platos que apilo uno por uno después de enjuagarlos me da una pausa. ¿Qué estarás oyendo vos en este instante? ¿Chopin, el ruido de los carros en la calle, grillos, el silencio de un segundo que pasa? No me subo al tren de pensamiento que me llevaría a la realidad de saberte lejos. Dos segundos después Paralamas me salva, porque me recuerda que Aonde quer que eu vá levo você no olhar. Termino con los platos y le llega el turno a los cubiertos, que caen dentro del recipiente con un ruido metálico y masivo. Lavo platos, pienso en vos, ¿tengo que decirte que aparecés en mis lugares cotidianos, que llenás de vida los momentos en que solo oiría agua caer?
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(beso)
Amanecí con ganas de besarte
desde que abrí los ojos pensé en lo genial que sería llegar al universo en que pasas tus días
abrazarte fuerte
cerrar los ojos después de verte sonreír
perderme en el calor de tu boca en mi boca.Desperté con ganas de mantener todo simple, como cuando sueño con vos y no nos debemos explicaciones. Tengo ganas de evitarme los dramas. No necesito los te quiero, que te atormentés porque vos no, porque ya te vas, porque estás triste por ella, porque existe ella y yo no, porque hizo calor, frío, distancia. Solo necesito verte, estar cerca de vos un rato, que el silencio de las cosas que no nos hemos dicho se llene con el silencio compartido de los besos que te tengo guardados.
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Brujas y princesas
Le dedico esta historia que alguna vez me contó mi amigo Javier, a El Último de Paz, porque su comentario sobre las princesas me la recordó.
El rey Arturo, Gawain y la Bruja del bosque
El joven rey Arturo fue sorprendido y capturado por el monarca del reino vecino mientras cazaba furtivamente a sus bosques. El rey pudo matarle en el acto, puesto que ese era el castigo por quien violaba las leyes de la propiedad, pero se conmovió ante la juventud y la simpatía de Arturo y le ofreció la libertad, siempre que en el plazo de un año encontrara la respuesta a una pregunta muy difícil.
La pregunta era: ¿Qué quiere realmente la mujer? Esta pregunta dejaría perplejo incluso al hombre más sabio y al joven Arturo le pareció imposible contestarla. Con todo, aquello era mejor que morir en la horca, de forma que volvió a su reino y empezó a interrogar a la gente. A la princesa, la reina, las prostitutas, los monjes, los sabios y al bufón de la corte… resumiendo, a todo el mundo, pero nadie le pudo dar una respuesta convincente. ¡Eso sí!, todos le aconsejaron que consultara a la vieja bruja del bosque, ya que sólo ella podía saber la respuesta. Seguro que el precio sería alto, puesto que la vieja bruja era famosa en todo el reino por el precio exorbitante que cobraba por sus servicios. Llegó el último día del año convenido y Arturo no tuvo más remedio que consultar a la bruja.
Ella accedió a darle una respuesta satisfactoria, la condición era que primero aceptara el precio. Quería casarse con Gawain, el caballero más noble de la Mesa Redonda y el más íntimo amigo de Arturo. El joven Arturo la miró horrorizado: era jorobada y feísima, tenía un solo diente, y hedía tanto que hacía venir ascos, hacía ruidos obscenos. Nunca se había topado con una criatura tan repugnante. Se acobardó ante la perspectiva de pedirle a su amigo de toda la vida que asumiera por él esta carga terrible. Aún así, al enterarse del pacto propuesto, Gawain afirmó que no era un sacrificio excesivo a cambio de la vida de su compañero y la preservación de la Mesa Redonda.
Se anunciaron las bodas y la vieja bruja, con su sabiduría infernal, dijo: Lo que realmente quiere la mujer es «Ser la soberana de su propia vida». Todos supieron al punto que había dicho una gran verdad y que el joven rey Arturo estaría fuera de peligro. Y así fue. Al escuchar la respuesta, el monarca vecino le devolvió la libertad.
A la boda asistió la corte en pleno y nadie se sintió más entre el alivio y la angustia, que el propio Arturo. Gawain se mostró cortés, gentil y respetuoso. La vieja bruja desplegó sus peores maneras, engullendo la comida directamente del plato sin usar los cubiertos, emitió ruidos y pudores espantosos. Llegó la noche de boda y Gawain, preparado para ir al lecho nupcial, esperaba que su esposa se reuniera con él. Ella apareció con el aspecto de la doncella más bella que un hombre desearía ver… quedó estupefacto y le preguntó qué había sucedido.
La joven le respondió que cómo había sido cortés con ella, la mitad del tiempo se presentaría con su aspecto horrible y la otra mitad con su aspecto atractivo y le preguntó qué prefería para el día y qué para la noche.
Gawain se apresuró a hacer cálculos, ¿quería tener durante el día a una joven adorable para exhibirla ante sus amigos y por las noches en la privacitat de su alcoba a una bruja espantosa? O, ¿prefería tener de día a una bruja y a una joven bella en los momentos íntimos de su vida conyugal?
El noble Gawain replicó que la dejaría escoger por sí misma, porque una mujer quiere ser soberana de su propia vida. Al escuchar esto, ella le anunció que sería una bella dama por el día y por la noche, porque la había respetado.
Y bueno, la moraleja de la historia es que no importa si una mujer es bonita o fea, en el fondo, simepre será una bruja malvada.