Si viviéramos en un mundo ideal, vos serías pianista y yo sería escritora de tiempo completo. Viajaríamos por el mundo, iríamos a los conciertos de las grandes sinfónicas, dormiríamos juntos todas la noches. Pero ya ves, la utopía nos quedó lejos. A vos te tocó la economía, a mí la biblio; nos tocó vivir lejos el uno del otro; nos tocó que yo sueñe con vos y que vos no soñés conmigo.
Autor: Adelaida Loukota
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Quizás me caiga bien este año impar, aunque empezó más bien incróspito
Hace más de un mes que no me doy la vuelta por acá, digamos desde la década pasada. Supongo que no es que no tuviera cosas «importantes» que decir, fue más bien que tenía demasiadas cosas que decir y así nunca encuentro por dónde empezar. En fin, a veces lo más prudente en estos casos es hacer una lista y ver si puede ir saliendo algo coherente de esa serie de ideas inconexas y arbitrarias.
Mi primer lista de 2011:
1. Hace días me pregunto si seguiré siendo poeta, si mi amor por las letras sobrevivirá esta dieta de silencio que me impongo para ordenar las ideas y dejar de pensar pendejadas y aprender a ser poeta de verdad.
2. Desde el año pasado no he visto al ogro que vive en El Trébol.
3. Los ballestrinques todavía no me salen bien, lo cual puede ser un problema cuando uno tiene que amarrar tantas cosas juntas.
4. A veces en la carretera no queda más que un charco de aceite y un montón de vidrios rotos que nos cuentan la historia de algo que se rompió. Otras veces,una mancha roja sobre el asfalto nos deja la certeza de que algo murió ahí. A veces mi vida está llena de vidrios rotos, de historias viejas que me recuerdan que algo se rompió ahí. Otras veces los recuerdos son como un montón de hojas secas que el viento dispersa y que luego se acomodan en mi corazón, en paz y me dejan dormir.
5. Es curioso que al empezar el año tenga que despedirme de tantas cosas. Es curioso que tuve que cerrar tantos ciclos al inicio de un ciclo nuevo. Quizás es porque soy de aprendizaje lento, quizás es porque la carga ya era demasiado pesada y solo tenía que descansar un poco.
6. Tío Alberto, ya me hacés falta. Que estés bien, a donde sea que hayas ido.
7. Después de esto no lo admitiré en público jamás: Joe, siempre te extraño y en el fondo, siempre espero que cambiés de idea y vengás a buscarme.
7.1 Quien sabe si estaré acá la próxima vez. Te quiero siempre.
8. Era lunes por la mañana y me dieron ganas de irme de pinta. Escapar a La Antigua y sentarme en el parque a leer y tomar café. Quizás caminar por el centro, tomarme un café en el Café León.
9. Quizás después de todo «Libélula» no era buen nombre para la tienda. Quizás no debí intentarlo en un lugar donde la gente no lee. Quizás un día de estos armo la utopía de nuevo.
10. Dejé el café, quizás eso me esté cambiando el humor. Para compensar ahora como chocofresas.
11. Es bueno volver a las viejas costumbres. Tengo ganas de escribir cartas.
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Hay días así
No sé si es por cumplir años, por crecer, por dejar de creer en ciertas utopías o por buscarle nuevos símiles a esta realidad para sobrevivirla. No sé si es por perderte la esperanza o dejarme caer en la nostalgia de lo no cumplido. No sé si es por intolerante a las aglomeraciones de gente o por la falta de silencio en la época navideña. No sé si lo que necesito es leer más y pensarte menos.
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Estándares
Ya sé que el estándar lo fijo yo, que no soy lo lista o lo tonta que me creo a veces. Ya sé que no estoy tan gorda como me imagino, que no soy lo agria que me creo. Ya sé que sentirme sola es una cuestión de actitud y que si sonrío para la foto salgo mejor. Quizás lo que pasa hoy es que extraño a Joe, el hombre, porque era de mañana y me topé con Joe, el fantasma. Ya sé que él no me diría que estoy linda o que se la pasó muy bien conmigo. No me vería a los ojos ni me diría que su día estuvo completo porque estuve cerca. Ya sé que yo no admitiría que me hizo reír y que hasta la construcción de árboles en base a esquemas binarios me resulta un tema fascinante si lo discuto con él. Ya sé que Joe, el hombre, está lejos y que hay demasiadas posibilidades de que haga reír a otra, que le enseñe qué es un fuera de lugar a otra. Esa certeza me trae a Joe, el fantasma, que seguro se enamoró de ella, que es más lista o para el caso menos tonta que yo, más flaca, más linda, más sonriente, más simple.
Un día de estos Joe, el hombre, debería admitir que me extraña y que le da rabia pensar en ese que podría ir conmigo al cine los lunes por la noche y decirme que estoy linda y hacerme reír.
Ya sé que soy yo la que se complica la vida pensando pendejadas. Lo admito mi querido Joe, te extraño.
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A dos pasos del paraíso
Comparto un cuentecillo que no cupo en una antología, pero que cabe acá. Acepto comentarios y críticas.
SalúA dos pasos del paraíso
Por Adelaida Loukota
Giró la llave y bombeó gasolina. El carro tosió, ahogado. Dejó el intento, soltó el pedal y se quedó quieto, con la vista fija al frente. Había una calle, una hilera de casas con rejas en las ventanas, un camión de la basura en sentido contrario. Hoy no, por favor hoy no, pensó. Arranca por favor. Giró de nuevo la llave, bombeó gasolina de forma intermitente, casi arranca. Ese casi lo serenó por un momento, quizás si intentara una vez más. Sabía que no lograría mucho si se bajaba a revisar el motor. Sin embargo, abrió el capó, se paró frente a su Toyota Corolla 82 y le pasó revista a todas las mangueras y cables que pudieran ser la causa del desperfecto. Incluso revisó los cables de la batería. Nada evidente. Seguro de que su carro sólo era temperamental, se subió y lo intentó de nuevo. Con delicadeza giró la llave y bombeó gasolina. Nada más que un estertor terrible.
Exploró sus posibilidades, irse en bus, llamar a Juancho para que pasara por él, pedir un taxi. Lo del bus lo descartó de inmediato porque era un acto suicida. Iba de traje, lo que lo convertía en víctima natural para cualquier asaltante. Además, llevaba la computadora portátil para la presentación que tenía que hacer y debía transbordar tres veces. Jamás llegaría a tiempo. Descartó el taxi porque no tenía dinero suficiente. Sólo le quedaba Juancho, su eterno cómplice en el trabajo. Lo llamó pero no le contestó porque había salido de madrugada en una comisión para revisar unas antenas en el interior de la república y no tenía señal.
Josué decidió intentarlo una última vez antes de perder toda esperanza. Giró la llave y, casi como un milagro, el carro arrancó. Una sonrisa iluminó su cara mientras metía primera y partía, por fin. Le esperaba un día importante en la oficina, de la presentación que le hiciera a sus jefes dependía el bono y el viaje para dos a Cancún. Pensaba llevarse a Catalina para celebrar que llevaban tres años de novios.
Su carro no tenía radio desde la noche en que lo dejó parqueado en una calle del centro histórico y se lo robaron. Tampoco tenía llanta de repuesto. Hacía poco había tenido que comprarle una batería nueva, porque la vieja se la robaron un día en que lo dejó parqueado cerca de la oficina. A pesar de lo constante de estos atracos no se los tomaba con amargura, de hecho, pensaba que era una suerte que no le hubieran robado el carro completo. Bromeaba con que se lo estaban llevando por partes.
Mientras manejaba iba repasando lo que diría en la presentación, que era lo más cercano a un reto intelectual que había tenido en años. Siempre fue un niño aplicado, incluso podría decirse inteligente. El colegio le resultó fácil, memorizar datos y quedar bien con los profesores no requería más que un poco de paciencia. Se iba de pinta pocas veces a la semana y se graduó sin perder una sola clase. Decidió estudiar ingeniería electrónica y se hubiera graduado hacía un año si no hubiera tenido que empezar a trabajar para pagar su crédito estudiantil. Su trabajo en la sección de servicio técnico de la empresa de telefonía móvil no era difícil, sólo demandante. Se había dedicado a él al punto de dejar de asistir a clases. No le pagaban tan mal y ahora tenía la oportunidad de ganar el bono y el viaje gracias al concurso “Mejora un proceso” al que convocaba la junta directiva cada año.
Se distrajo un momento y notó que el tráfico estaba más lento de lo habitual. La cosa no mejoró cuando pasó de la entrada del colegio que siempre era la causa del caos. El tráfico iba cada vez más lento. Vio su reloj, aún podía llegar a tiempo. Sacó un cigarro y al dar la primera calada pensó en Catalina, que lo regañaría por fumar tan temprano en la mañana. Catalina que le aguantaba que siempre le cancelara los planes porque lo llamaban para solucionar alguna emergencia en la oficina. Catalina que trabajaba en un call center y estudiaba mercadeo y estaba enamorada de él.
El tráfico se detuvo y Josué sintió una molestia en la boca del estómago, algo como un mal presentimiento. Pasaron cinco minutos y nada se movió. Ya estaba pensando en vías alternas, en el tiempo que se le venía encima, en la reunión a la que no podía llegar tarde. Miraba el reloj cada diez segundos. Estaba perdiendo su buen humor habitual cuando los carros empezaron a avanzar, lentamente. Se preguntaba qué podía ser la causa del embotellamiento, un accidente quizás o una protesta.
El tráfico se detuvo de nuevo. Esta vez la sensación en el estómago fue pura náusea, era muy poco probable que llegara a tiempo a la oficina, perdería su oportunidad de presentarle al consejo directivo su propuesta, con lo que perdería el bono y el viaje. Un motorista pasó a su lado, avanzando sin dificultad entre las filas de carros detenidos. Josué se sobresaltó cuando el tipo de la moto se detuvo al lado del carro de enfrente, tocó a la ventanilla con una pistola y le quitó el celular a la impávida chica que estaba hablando a su trabajo para avisar que llegaría tarde. Trató de concentrarse en su propuesta, quizás no todo estaba perdido. Aún podría llegar y pedir que lo dejaran presentarla. Seguro que si él no llegaba a tiempo le darían el premio a Mario, que se lo había ganado el año anterior.
La propuesta de Josué era firme, creativa, le ahorraría mucho tiempo y dinero a la empresa, sin duda era mejor que la de Mario; pero si no podía presentarla no importaba que fuera lo que fuera. Ya había sentido esa náusea una vez en el pasado. Antes de tener que buscarse el trabajo en esa compañía, había aplicado para una beca completa de estudios en Alemania. La perdió, no porque su promedio fuera bajo, porque su ensayo para aplicar fuera malo o por no cumplir con algún requisito. La perdió porque se la dieron a una compañera suya, sólo porque era mujer y dijo ser de origen indígena. A Josué le constaba que era igual de ladina que él, aunque un poco más morena. Sólo le faltó decir que su familia había sido víctima del conflicto armado, pero no llegó a tanto porque no le hizo falta. Ella podía ser el estandarte de la organización que daba la beca. Josué se moría de la rabia sólo de acordarse. Perdió una beca por no cumplir con la imagen que esas organizaciones internacionales venden de los desvalidos jóvenes que viven en los países del tercer mundo. Ahora iba a perder su bono por no llegar a tiempo.
Los carros empezaron a avanzar, se movieron algunas cuadras y todo se detuvo de nuevo. Josué no lo soportó más y se bajó del Toyota, iba dispuesto a averiguar qué estaba pasando. Caminó un par de cuadras entre los vehículos detenidos. A lo lejos vio una aglomeración de personas, tenían pancartas y protestaban por la falta de agua en el pueblo de San Juan. Tenían detenido todo el tráfico en ambos sentidos de la calzada. No se veía a la policía cerca.
Josué sintió una ira ciega que le subía del estómago y corrió hasta donde iniciaba la manifestación. Quería gritarles que hasta hacía una hora había podido sentir algo de simpatía por su causa, pero que ahora que había perdido el bono y el viaje se fueran a protestar al carajo, que se movieran y lo dejaran pasar. Quería decirles que la noticia de su manifestación pasaría en media hora, que a medio día nadie se acordaría de ellos y sus consignas, que a nadie le importaba que no tuvieran agua, tierra o lo que fuera. Quería decirles que no era culpa suya que el gobierno no solucionara sus problemas, que él no tenía nada que ver, que lo dejaran pasar. Se detuvo de pronto, cuando vio cómo los manifestantes apedreaban a un señor que había querido pasarse a un carril auxiliar y así darle paso a una ambulancia que llevaba a una mujer herida. La turba rugió. Josué tuvo miedo.
Los bomberos lograron meter al señor a la ambulancia. Josué se detuvo y supo que no tenía sentido ir a buscar que lo apedrearan a él también. Vio cómo la gente sólo se quedaba dentro de sus carros, con la vista al frente. Impotentes, sin voz ni voto. ¿Sería eso la indolencia de la que le habló su amigo Pablo alguna vez? Volvió a su carro y se sentó. Abrió la ventanilla y se dispuso a fumar de nuevo. Tendría que explicarle a Catalina que ya no se irían de viaje porque no había llegado a tiempo para presentar su propuesta. Pensó en llamar a la oficina, pero vio por el retrovisor que se acercaba un motorista y, quien sabe, podía robarle el teléfono al pasar junto a él.
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un poco de veneno o sólo necesito contarlo para entenderlo
Creo que el primero fue Manolo. Estábamos en el colegio y habíamos sido novios unos meses. Era el tiempo pre facebook, pre teléfonos móviles, así que las comunicaciones se limitaban al teléfono y a vernos en los recreos o después de clases. Él se graduó ese fin de año, pero aún teníamos algo. Lo vi por última vez un día antes de su cumpleaños, que por azares del destino es 14 de febrero, y simplemente no me habló, después deeso desaparecer fue tan sencillo como dejar de contestar el teléfono y no aparecer en los lugares obvios. Lo encontré muchos años después y creo que nunca hablamos de por qué terminó así conmigo, con la vieja técnica de la desaparición.
Cuando estaba en la universidad y finalmente logré que Juan Pablo fuera mi novio de verdad, llamé un 24 de diciembre su casa para preguntar si lo iba a ver esa noche y sólo me dijeron que estaba de luna de miel. Supongo que una de mis preguntas, además de ¿QUÉ? fue ¿por qué no terminaste conmigo por las buenas? ¿Por qué simplemente usaste el silencio y la distancia para dar todo por terminado? ¿Era tan poco importante como para que me dijeras algo como mirá tengo que terminar con vos porque me voy a casar?Me ha pasado otras veces, ahora que estoy un poco más curada de espantos, pero aún me duele esa forma de no dejar las cosas claras. No quiero hacer una lista exhaustiva de individuos que de un día para el otro sólo dejaron de contestar el teléfono e ignoraron correos y mensajes. Me pregunto por qué no pueden ser directos y avisarle a uno que ya no están interesados en dirigirle la palabra. Si hasta hace un par de días querían salir contigo, ¿por qué no te dicen que ya no? He estado haciendo un examen de consciencia en los últimos días para saber si alguna vez le he hecho eso a alguien y no recuerdo un sólo caso (por lo regular la ignorada soy yo) así que si alguna vez lo hice, lo siento.Para mí las palabras son muy importantes, odio esa forma de ser tacaño con ellas. Para mí cerrar ciclos es vital, odio esa forma de terminar una relación sin decirlo. Esas arenas del pasado se revolvieron porque la semana pasada alguien simplemente dejó de contestar y me hizo preguntarme de nuevo si no merezco una explicación, un cierre digno. -
de pronto llueve
Entré a ver el chick flick porque el tipo de la taquilla me dijo que la de terror no valía la pena, que mejor no hiciera el intento. Al final no me quedé a ver los créditos, ni se me ocurrió llamarte para verte un rato.
Hace muchos años el cine es uno de mis lugares favoritos y trato de ir por lo menos una vez a la semana. Recuerdo las veces que fui con mi papá cuando era niña y una vez que mi tía dejó dicho en la casa que me alistara en la tarde porque iríamos a ver una película. Me llevó al cine del centro comercial de Molino de las Flores y vimos la de unos tipos que secuestran a la hija de uno de ellos porque la recogieron los de servicios sociales y no le daban la custodia, o algo así. El caso es que el papá se disfraza de mujer y el otro tipo se hace pasar por su esposo y disfrazan a la niña de niño. Seguro era una comedia. Arturo, mi primer novio, me llevó a ese mismo cine y no nos dejaron entrar porque llevábamos a mi hermana pequeña y la película erstaba clasificada para mayores de 15 años.Cuando estaba en la universidad tratábamos de ir todos los miércoles con la gente del muro. Con Juan Pablo iba los sábados por la tarde y alguna vez nos tocó esperar a que se juntara más gente para que proyectaran cualquier cosa en una sala del cine de Villa Nueva. Todavía recuerdo las aventuras animadas de ayer y hoy con el Chino en los Magic Place, el esterno de Star Wars.Sí, el cine siempre ha tenido algo de mágico para mí y me gusta compartirlo con personas que lo sienten así también. Alguna vez fui sola al cine de los Próceres y recuerdo con pesar que no pude ver La leyenda de 1900 en los Prisa porque la función era muy tarde y sólo duró una semana en cartelera.Anoche sentí que la película era demasiado larga y sólo sé que cuando salí, de pronto llovió. Yo esperaba que no lloviera más, pero así son las cosas en el trópico. Te diré que tampoco lloré por no verte, por no saber de vos, yo que esperaba hacer más escándalo por perderte. -
Entre vos y yo (variación segunda)
Probablemente sólo
«Estoy tratando de decirte que
me desespero de esperarte
que no salgo a buscarte porque sé
que corro el riesgo de encontrarte
que me sigo mordiendo noche y día
las uñas del rencor
que te sigo debiendo todavía
una canción de amor.»Pero es martes y no te veré. Vos sabés que me gustaría que me acompañaras al cine y me tomaras de la mano y me dijeras que no importan todas las promesas de amor que no cumplimos hasta hoy. Vos sabés que no te voy a llamar, que no te voy a pedir que estés donde no podés, donde no querés estar. Aunque no lo logré ayer, hoy seguiré fiel a mi ritual del cine en solitario. Es posible que me decida por un chick flick, para salir llorando porque a mí no me tocan esas historias de amores cumplidos. Quizás deje de lado el masoquismo y elija una de terror, cualquier cosa que me permita dejar de pensar un rato. Dejar de pensar en vos, por supuesto. Vos sabés que mi vida sigue, más o menos igual que siempre, que me da rabia que el mundo no se acabe porque te pierdo, que el escándalo no sea mayor, pero ¿qué puedo hacer si ya entendí que no queda nada?Adiós, amor. Buenas noches, que soñés cosas lindas. -
Entre vos y yo (variación primera)
Desperté y lo tuve todo claro, amor, el nuestro es un problema de espacio.
Yo quiero tener un espacio en tus actos pero vos ya tenés llenos todos los espacios de tu vida. Irrumpir en tu mundo es forzar las cosas, es como querer escribir una novela en los márgenes de una libreta que ya no tiene renglones disponibles.El asunto sería más simple si fuera un lío de amor o desamor, pero estamos lejos de ese tipo de pleitos. Supongo que tendré que aceptar que soy un personaje de otro cuento; alguien que de pronto pensó que era buena idea colarse en una historia que podía tener final feliz, sin considerar que la vida no le permite ese tipo de licencias poéticas. -
Entre vos y yo
Yo soy una guerra anunciada, amor. Conmigo hay demasiadas posibilidades para salir herido y quizás lo malo sea que te lo diga de frente. Sabés, no voy a prometer que te querré por siempre, porque no sé cuánto tiempo es eso y quizás a vos no te baste esta forma mía de quererte un día a la vez.
Vos, en cambio, sos la muerte en la víspera. Me dejás en la agonía de un teléfono que no suena, me abandonás a la espera de una respuesta que no llegará.