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  • el viernes por la mañana

    Desperté pensando en cuál sería el antónimo más adecuado para sublime. Cuando abrí los ojos me invadió una sensación que nada tenía de: «Excelsa, eminente, de elevación extraordinaria».

    Después de los 35 kilómetros de diario llegué a un diccionario que me regaló, entre otros vocablos, vulgar, ruin, abominable, material, bajo, mediocre. En ese momento supe que ninguno se acercaba a ese dolor de cabeza, a mi estómago blandito, a la certeza de una soledad inconmensurable y a esa cierta náusea (de la que llega después de demasiadas cervezas).

    Desperté con el corazón roto en 525 partes iguales, con la certeza de que no hay nada en el mundo más sublime.

  • carreteras

    Pasé cinco días con el mismo disco en el carro. Sabina cantado por mujeres sonó una y otra vez en mis idas y venidas. Cada vez canté cada una de las canciones (menos la de Chabela porque no me pasa ni con aceite), cada vez intenté dejar de pensar y callar esa voz en mi cabeza que me habla de vos. Ya ves, la nostalgia diluida con música pesa menos.

    Todo estuvo bien hasta que hoy por la mañana fue imposible retomar la fórmula. Me hace mucha falta platicar con vos, contarte mis fantasías animadas de ayer y hoy; contarte que me dio miedo el loco que estaba debajo del puente del Trébol y blandía un palo de escoba como si de ello dependiera su vida; contarte que la lluvia está bien, que las calles se inundan, que descubrí que el sonido de mi voz en alto mitiga la certeza de tu ausencia.

  • vos

    El domingo soñé que te besaba. Hermosa sensación de beso en sueños. Ahora tengo tres vinos encima y una carretera que me ofrece el vacío. Habito el camino y una cama donde no te encontraré. Repito tu nombre como un mantra contra los maleficios de tu ausencia, mi cabeza se llena con los versos del poema que nos explica.

  • Yo quiero ser una chica Almodóvar

    Yo quiero ser una chica Almodóvar
    como la Maura como Victoria Abril,
    un poco lista, un poquitín boba,
    ir con Madonna en una limousine.

    Yo quiero ser una chica Almodóvar
    como Bibi, como Miguel Bosé,
    pasar de todo y no pasar de moda,
    bailar contigo el ultimo cuplé.

    Y bueno, a veces vivo en medio de un ataque de nervios, sé que el amor es algo que va y viene y me gustaría ser fuerte, como las chicas de Almodóvar; sin embargo, me gustaría decirle a Joaquín que eso no me basta. De pronto me gustaría más ser una chica Tarantino y que no me importe la violencia y ser completamente absurda. Me gustaría vengarme solo por tener un sentido de la venganza y saber que puedo salir de mi tumba y ser fuerte como las chicas de película D.

    Yo quiero ser una chica Tarantino,
    como la Turman como Rosario
    un poco lista, un poco ruda
    ir a toda velocidad a encontrar la muerte

    Yo quiero ser una chica Tarantino
    como Beatrix como Zoe the cat
    caminar entre el fuego
    besarte una vez más

  • noches de neblina

    Pienso en vos, amor. La carretera está recién llovida, el carro sube a 80 kilómetros por hora, la neblina no es tan densa como esperaba, con un simple gesto veo por el retrovisor que el vidrio de atrás está empañado y llovido, que no veo nada, mi mano activa el limpiabrisas trasero y cuando veo cómo se limpian las gotas que pueblan el vidrio pienso en vos.

    Mi mirada regresa al frente, entonces tengo la certeza de la noche, de los días sin verte, de la canción que suena en el radio. Tengo la certeza del frío, de la necesidad de tu abrazo, del azar que conduce mis gestos simples hasta tu recuerdo. En estas noches no hay luna, sólo la neblina que hace que todo vaya más lento, sin ritmo. Las luces se escapan en esas noches.

  • los días

    Sucede, amor, que me canso del mundo cada cierto tiempo; que reitero las ganas de escaparme de los setenta kilómetros de camino diario, de mis cuatro metros cuadrados de oficina, de mis dedos fríos.

    Hay días en que cuento las horas para que llegue el momento de verte, pero nunca llega. Hay días en que te borrás de los intentos de mi vida posible y entonces sólo me queda el silencio.

  • Poemas para Joe o variaciones de un beso

    Joe tiene los dedos largos. Cuando camina a mi lado pone la mano en mi nuca y enreda los dedos en mi pelo o acaricia suavemente mi cuello.

    El otro día vino a buscarme para que fuéramos por el café de las tres, mientras caminábamos por el jardín me dijo que no fuera boba, que no era importante recordar exactamente nuestro primer beso, que no fue el mejor.

    Me dijo que había sido una tarde de esas en que me cuenta historias. Me dijo que me metí tanto en el relato que en el momento en que el príncipe besa a la princesa para despertarla del hechizo de la bruja, se había acercado a mí y había rozado mis labios. Yo le dije que eso pasó en Los pilares de la tierra, que de ninguna manera había sido nuestro primer beso.

    Entonces ya sé cuál fue, dijo, caminábamos del parqueo al cine en Miraflores y me detuve y te detuve y te besé. No, le dije, ése no fue el primero.

    Llegamos al edificio donde está el café, llegamos a la puerta del elevador, entramos y subimos cuatro pisos. En ese momento Joe sonrío y me besó suavemente. Me abrazó y me dijo al oído que todo estaba bien, que comprendía mi nostalgia, mis ganas de asir todos los recuerdos posibles para que no brinquen al mundo y se pierdan.

    Nuestro primer beso fue de despedida, dijo, estábamos en el parqueo de Miraflores la tarde en que nos conocimos y al despedirnos nos besamos en los labios como esas viejas parejas que han estado juntas media vida. Seguro no lo recordás porque fue un gesto simple y natural, como la certeza de biendormir cuando he estado con vos toda la tarde.

    Salimos del elevador y supe que todo estará bien, que mis días son mejores cuando Joe está cerca.

  • la ausencia de Joe

    Era de noche y debiste estar ahí, amor, porque somos animales de nostalgia.

    Me infiltré en los senderos de bancas de parques, de aceras, de la certeza de una vida distinta que ya no fue. Descubrí los rastros de migajas que dejamos porque sabíamos que tendría que encontrar sola el atajo para salir del bosque de los días que fueron.

    Recordé detalles pendejos de nuestras conversasiones, el tono exacto de tu voz y no fui capaz de recordar nuestro primer beso, nuestro primer gesto de complicidad, y aún así sigo esperando que estés.

  • Gabriel dos prazeres

    Anoche leí María dos Prazeres, de García Márquez antes de dormir. Luego llegó la lluvia y me entregué al arrullo de las gotas en el techo de lámina. Como nunca he comprendido bien los mecanismos del sueño no puedo explicar cómo llegué al museo en el que me encontraba, no puedo explicar por qué era una mezcla entre el tortugario de Monterrico y los salones del parque de la industria; no puedo explicar cómo apareció García Márquez (viejo, no de joven), cómo se desvistió, cómo me acostó en mi cama y me hizo el amor, que sin entrar en detalles abrumadores fue todo lo que se puede esperar de un amante experimentado y galante.

    Me hace mucha gracia el sueño, en parte por los cuentos del propio Gabriel y sus personajes que se encuentran en sueños, en parte por lo onírico y conceptual incomprensible de la situación, en parte porque yo hubiera elegido a otro para ocupar su lugar y en parte porque me hizo despertar con una sonrisa impertinente en los labios.

    Temo confesarle a Joe que anoche le fui infiel, que otro ocupo su lugar en mis sueños, que me gustó.

  • Poemas para Joe. II

    Busco restos de tu voz en el aire
    la tarde pasa sin gloria y mi ventana se puebla de ruidos
    de gotas que no llegan a cristalizarse

    tengo ganas de contarte historias
    de dormir abrazada a vos