Categoría: Uncategorized

  • El silencio

    Mi silencio es curioso. Va de mi mano todo el tiempo, no me deja sola. Es como un animalito que guardo en el ruedo de mi manga, en la bolita de mis aretes. A veces logro conjurarlo para que no me mate; pensar en vos es una forma de lograrlo.

    Ayer le robé un poema a Sabines (Tu nombre), hoy le robo una línea a Sabina (Con la frente marchita) porque no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió.

    Mi silencio andará suelto en el blog por algunos días, voy a estar desconectada del mundo y de la red.

    Hasta un lunes de estos.

  • horas en la carretera

    Cada día manejo 70 kilómetros en proemdio, poco más, poco menos. Paso una vez a la semana a hechar gasolina en la misma gasolinera y trato de no variar mucho la ruta, digo, por aquello de las costumbres de los hombres llamadas filosofía.

    Hace un par de noches, cuando iba por fin para el hogar, entre la séptima y la sexta avenida de la zona 9 descubrí que vos hacés que me den ganas de leer poesía, hacés que me dé por creer en la poesía. Me bastaron menos de 100 metros para tener una revelación, a mí, que paso tanto tiempo en esas cuatro ruedas.

    En fin, me comí los 35 km de vuelta a casa y casi no cené con tal de leer a Sabines. Les comparto un poema que explica mejor que mis desvaríos febriles por qué la poesía es buena:

    Tu nombre

    Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. Trato de escribir que te amo. Trato de decir a oscuras todo esto. No quiero que nadie se entere, que nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro de la estancia, loco, lleno de ti, enamorado. Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote. Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, lo grita mi corazón amordazado. Repito tu nombre, vuelvo a decirlo, lo digo incansablemente, y estoy seguro que habrá de amanecer.

    Tendría que encontrarte una tarde de estas y ser capaz de decir que tu nombre llena mis tardes de trabajo y mis noches de lectura. Tendría que ser capaz de confesarte que tu nombre es la constante.

  • Elecciones

    Elijo la Roosevelth. Nada me espera en zona 15. Esas ya no son mis calles, dejé de pertenecer a ese barrio. Además, tampoco te encontraré sentado junto al señorcito que toca el piano en el centro comercial.

    ¿Qué sentido tendría buscarte ahí?

    Avanzo en el tráfico y un enjambre de motoristas me rebasa por los costados. Son los únicos que pueden acelerar en este mar que se mueve lento. Un grupo canta en el interior de mi radio y me dice que all you need is love. Yo sé que lo único que I need is your love. Ya ves, alguien piensa en vos mientras cambia de primera a segunda a neutro a primera a segunda.

    También pensaré en vos cuando esté sola en la carretera y de este ruido sólo me queden las voces del cuarteto que le aseguran amores a Mrs. Robinson.

    Sé que cuando le toque el turno a I want to hold your hand pensaré en que sería magnífico salir del trabajo y no tener que decidir entre pasar el fin de la tarde en el tráfico para llegar a mi casa o perder el tiempo en el super. Sería magnífico encontrarte y tomar tu mano y no tener que decidir más que estar con vos.

  • tarde de lunes

    Casi es hora de ir por el café, es decir que ya llegan las 3.

    Pensé en vos constantemente en el fin de semana. ¿Qué andarías haciendo por el mundo?

    Pensé en más cartas que escribirte, en encontrar formas para convencerte de que ya te estás enamorando de mí. Pero tengo sueño por la tarde, así que por lo pronto, me voy por un café.

    Igual, sigo pensando en vos.

  • un día de estos

    Déjame entrar por una ventana en medio de la noche y dormir abrazada a vos.
    Déjame escribirte cartas de amor.
    Déjame creer que no estoy equivocada por pensar en vos a altas horas de la madrugada.
    Déjame robarte el alma en una foto y entregarte la mía a cambio.
    Déjame contarte cuentos para biendormir, esperarte a la salida del cine, caminar de tu mano y saber que cuando llueva, de alguna extraña manera, también pensarás en mí.

    Un día de estos, déjame declararte mi amor.

  • tus dedos

    Abro un ojo, oscuridad total. Lo cierro. Me doy la vuelta. Abro un ojo, 3:15 resplandece en rojo desde la mesa de noche. Lo cierro. Pienso en tu boca. Abro un ojo, 3:18 resplandece en rojo desde la mesa de noche. Lo cierro. Abro los dos ojos y pienso que debería despertar de una vez para corregir el famoso texto que no he corregido en semanas. Los cierro. Abro un ojo, 3:19 resplandece en rojo desde la mesa de noche. Lo cierro. Debería encender la luz. Pienso en tus dedos, en lo bueno que es tener tus dedos cerca. Abro los dos ojos. Suspiro. Pienso en que debería animarme a tomarte de la mano. Pienso en tu boca una vez más, solo porque el recuerdo de tu sonrisa me mantiene con vida. Cierro los ojos. Ya corregiré el texto más tarde.

    Sueño que te beso y que todo está bien.

  • una carta más

    Es domingo por la noche, son más de las nueve. Sé que no llamarás y que no te aparecerás esta noche en mis sueños, por lo demás, todo está sereno.

    Hace un rato estaba buscando unos lentes y en lugar de eso encontré una cajita donde guardo cartas que he recibido. Ahí están encerrados años de correspondencia con amigos que ya no veo, cartas de amores que están muy lejos ahora. Fue irresistible, abrí la caja y leí un par de cartas. Encontré en esas líneas motivos que había olvidado; la certeza del paso del tiempo.

    Lloré un poco, reí un poco. Fue como ver una película italiana, de esas que te llevan de la risa al llanto en dos escenas. Después vinieron las ganas de escribirte. Fue un impulso incontenible, unas ganas de contarte de todo, de no contarte nada, unas ganas de contarte un cuento para dormir o de darte una razón para leer una de mis cartas.

    Es tarde, tengo mucho por leer, textos por revisar. Sin embargo, me convenzo de la imposibiblidad de concentrarme mientras no te diga que pienso en vos con alguna frecuencia; que sos el extraño que podría convertirse en personaje de mis cuentos; que esperar que aparezcas una tarde de éstas es uno de los motivos por los que las tardes tienen sentido.

    Es hora de dormir. Ya decidiré mañana si darte esta carta o no. Por lo pronto, espero que duermas bien, que tus sueños sean dulces.

  • formas para enamorarte. El plan doble ub (w)

    El plan que no puede fallar: una carta.

    Amor,

    el viento llegó con fuerza y se ha empeñado en hacer volar todo a su paso. Algunos han entendido lo terrible que puede ser el viento. Quizás Luis de Lion, cuando el viento llegó arrasándolo todo; quizás García Márquez cuando el viento borró a Macondo del mapa. Quizás lo entiendo cuando salgo a caminar y me encuentro con el rastro de tus pasos en alguna calle, con la certeza de tu existencia aunque no te vea a los ojos.

    Las hojas caen movidas por una sustancia invisible que las impulsa. Los días se me pasan movidos por el sonido de tu voz y la noción de ciertas canciones que compartimos.

    Quizás estas líneas son terribles como el viento, porque son para contarte que he pensado en vos, que he querido encontrarte una tarde de éstas, solo para platicar, solo para besarte despacio.

    Hasta un día de estos.

  • esperanzas

    Hay un texto de Cortázar en el que habla de los cronopios y los famas en el teatro. Cuando habla de las esperanzas, que son los acomodadores, dice que se limitan a encender y apagar sus linternas en señal de melancolía. Cuando vuelvo a mi casa suele ser de noche, así que he tenido la oportunidad de ver a los policías de tránsito con sus linternitas. Las agitan como tratando de hacer que los carros se muevan por la inercia de la luz. Es algo conmovedor (de alguna forma) son como esperanzas que mueven su linterna en señal de melancolía.

  • el camino, one more time

    Mi mano izquierda descansa sobre mi muslo izquierdo. La derecha sujeta el timón mientras el pie derecho acelera levemente. Un instante después la mano izquierda se levanta y toma el timón mientras la derecha se dirige a la palanca de velocidades y el pie izquierdo presiona el clutch. Hago el cambio y acelero de nuevo. Una canción en la radio me recuerda que you are so good to me, baby. De alguna manera el tráfico fluye, cada cual sigue su camino y todo avanza.

    Soy tan complicada que lo simple del movimiento me desconcierta. Todavía estoy tratando de decidir si tener frío o calor cuando lo veo por la ventana. Él camina por el arriate y habla solo. La única diferencia entre nosotros es que él siente el viento y el ruido del mundo y yo voy encerrada en una burbuja que con suerte caminará a 110 en carretera y me permitirá esquivar a todos aquellos que no quieren ir a ese ritmo.

    La carretera avanza entre curvas, el embotellamiento quedó atrás, así que debo sujetar firmemente el timón. La radio ahora se empeña en una canción donde todos gritan, que no me gusta nada. El tipo que hablaba solo irá llegando al puente donde la noche lo sorprenderá. Por lo pronto yo agradezco la luz tenue de la tarde.