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  • un día de San Valentín más

    Bueno, ha pasado. Una vez más pasó el día de San Valentín.

    Digamos que la tal fecha me produce sentimientos encontrados. Por un lado, me gusta mucho recordarle a mis cuates que los quiero desde el fondo de mi corazón, con todo mi corazón.

    Por el otro lado (el lado que siempre he odiado) está la certeza de no tener a alguien que se aguante la cursilería de darme un oso de peluche o dejarme una carta de amor en la puerta de la oficina, con la promesa de un beso tierno, lento, largo y apasionado. Y, al mejor estilo de Charlie Brown, esperaré que el año entrante mi príncipe azul aparezca y me sorprenda con una muestra de amor. Y lo esperaré al siguiente y al siguiente y al siguiente.

  • recurrente

    Tengo un sueño recurrente, una historia que incluye una calle y una pasarela sin barandas o sin gradas para bajar. Subo, llego al final y no puedo bajar, tampoco regreso sobre mis pasos, por lo regular me quedó ahí.

    Anoche soñé el sueño de la pasarela, aunque fue distinto. Anoche subí y solo estaban las gradas, no había plataforma por la cual caminar, así que bajé y luego la torre con la escalera se derrumbó.

    No tengo idea de lo que signifique mi sueño. Sé que lo soñé por primera vez cuando estaba en sexto primaria y que se ha repetido varias veces a lo largo de los años. La primera vez fue la pasarela que está frente al Colegio Italiano (la cual subía con frecuencia porque estudié en esa «noble» institución). Otras veces fue la de la Roosvelt y 12 calle de la zona 11 o alguna en la zona 4. Sé que no siempre recuerdo mis sueños.

    Es febrero y llueve. Al lado de mi ventana se quebró una lámpara. Como siempre tengo demasiado que leer y muy poco tiempo. La tarde está fría y serena. El café de las tres no me quitó el dolor de cabeza; sin embargo, el mundo está lleno de partículas de agua que te mojan la punta de la nariz. El mundo está lleno de partículas de los sueños que sueño.

  • something is missing today

    A veces mi cerebro explota.

    Me pasa cuando estoy demasiado cansada, demasiado cansada.

    Ayer mi cerebro explotó a eso de las 5:17 p.m. Pasé como una hora sin poder moverme de mi silla, tenía demasiados correos que contestar. Cuando me percaté nuevamente de la hora eran las 7:29 p.m. e iba sobre la Roosevelt.

    Después de eso vino el vértigo sobre la carretera. Algo así como la certeza de que algo iba a salir mal. Algo como sentir la respiración de un animal grande sobre tu nuca. Y el mareo. En algún momento sentí que los carros iban muy rápido, demasiado rápido. Que las luces eran hostiles y que si cualquiera cometía un pequeño error, la escena del choque de final destination II no iba a ser nada en comparación.

    De alguna forma llegué bien a mi casa. Aún con la certeza de que algo no andaba bien. Leí, puse algo de música y me dormí sin sueños, como esas noches que se pasan demasiado pronto, en las que nunca recordás si soñaste o no.

    Cuando me desperté hoy por la mañana me di cuenta de que mi cerebro está en su sitio, aunque no del todo completo.

    No sé, something is missing today.

  • necesito

    Necesito alguien que me parche un poco y que limpie mi cabeza. Que llegue un día y me diga, al mejor estilo de película gringa, everything is gonna be all rigth. Que se aparezca en mis sueños y me bese con besos tiernos con sabor a vainilla. Vamos, necesito alguien que me trate suavemente.

    No importa si a los dos días se marcha, para volver el próximo febrero bisiesto. Si con la luna llena se convierte al budismo o si prefiere ir al cine solo los domingos por la mañana. A veces, uno necesita que lo enamoren un poco; nadie ha muerto por dosis lentas de poesía y caminatas largas hablando puras babosadas.

    Necesito alguien que me llame solo para saber si sigo ahí. Bueno, ya lo dije. Te extraño.

  • ¡Chau Gaby, hasta pronto!

    Todo el camino de regreso a mi casa oí música electrónica, porque a vos te gustaba. Digamos que fue parte del pequeño homenaje que te rendí a solas, en la oscuridad de la carretera.

    No tengo muchas certezas en la vida. Vos siempre comprendiste ese tipo de asuntos. Sin embargo, sé con todo mi corazón que estás en un gran bosque irlandés lleno de hadas y duendes.

    Hasta pronto, amiga. Los que nos quedamos de este lado del río te extrañaremos; y muchas veces, un 23 de abril y abismo, leeremos poesía a tu salud.

  • gradas que suben

    No sé cuántas gradas subo cada tarde para ir a comprar café. Sé que lo hago a las tres de la tarde y eso me parece suficiente. Sé que cada mañana recorro treinta y cinco kilómetros para llegar a la oficina; sé que cada tarde he de recorrerlos de vuelta. Sé que existen cosas buenas en la vida, como esos poemas que me gusta leer y que vos siempre dijiste que eran tristes.

    Te extraño horrores, en los días medio nublados y cuando me da por llorar con algunos comerciales de la tele. Hace unos días me dijeron que mis manos eran bonitas, a vos te gustaban más mis cicatrices. A veces (un poco más seguido en estos días) más que vos mismo, sos el recuerdo que llevo de vos, algo así como el concepto de tu yo perfecto para mí. Estás formado de muchos días, de muchos recuerdos y discusiones bizantinas sobre lo abstracto. Estás lleno del material que forma lo que digo, aún cuando no tenga mucho sentido.

    No sé cuántas gradas tengo que bajar para salir de la oficina, sé que atravieso un puente y eso me parece suficiente.

  • los dedos cortados

    Cuando uno se corta un dedo, con una cuchilla por ejemplo, pasa varios días lastimándose la herida. Te topás en todos lados o apoyás sin querer el dedo contra el borde de la mesa o del timón del carro. Continuamente recordás la herida y meldecís el momento en que te la hiciste.

    Anoche soñé con vos. Cuando eso pasa hay algo que me duele y no sé dónde ponerme la curita para que el dolor no me desangre. Amanecí con tu iamgen en la cabeza, y ha sido como un dedo lastimado que se topa en todas las paredes.

    El sueño fue uno de esos conceptual incomprensibles que suelo tener, pero lo que al fin y al cabo importa es que estuvieras ahí. Un día de estos te voy a encontrar, como la mujer de ojos de perro azul, y sabré que eras vos. Que todo el tiempo fuiste vos. Quizás ese día deje de sentir esta punzada que me da a veces.

  • Formas de enamorarte. Los planes diarios

    Si, siempre estoy pensando en formas de enamorarte, en formas de escribirte para que te quedes conmigo, en formas para conjurar la distancia y el olvido.

    Y vos siempre tan lejos.

    Bueno, es tiempo de retomar el ritmo de mis días, de mis tardes con café a las tres y lluvia enana de los aspersores que riegan el jardín.

  • Formas de enamorarte. Plan D

    Hoy se me ocurrió una buenísima:

    Paso 1: buscar una hoja seca de encino o de eucalipto (de las largas)

    Paso 2: escribirle un poema corto.

    Paso 3: dejarla en el vidrio de tu carro, sujeta con el limpiabrisas o en tu ventana en su defecto.

    Paso 4: repetir la operación por varios días

    Podría ser un poema de Gelman

    Amarte es esto:
    todo lo que está por decir.

    Un arbolito sin hojas
    que da sombra.

    Podría ser una estrofa de uno de Sabines

    No es que muera de amor, muero de ti
    Muero de ti, amor, de amor de ti,

    de urgencia mía de mi piel de ti,
    de mi alma de ti y de mi boca
    y del insoportable que yo soy sin ti.


    Podría ser siempre un poquito de Benedetti

    Tengo una soledad
    tan concurrida
    tan llena de nostalgias
    y de rostros de vos
    de adioses hace tiempo
    y besos bienvenidos
    de primeras de cambio
    y de último vagón

    Y, por supuesto, trataría de hacer algo con las letras de Sabina

    Puedo ponerme humilde y decir
    que no soy el mejor
    que me falta valor para atarte a mi cama,
    puedo ponerme digno y decir
    “toma mi direccion cuando te hartes de amores
    baratos de un rato… me llamas».

    Y si quieres también
    puedo ser tu trapecio y tu red,
    tu adios y tu “ven”,
    tu manta y tu frío,
    tu resaca, tu lunes, tu hastio…