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  • viernes 3 a.m.

    El sueño de un sol y de un mar y una vida peligrosa…

    Pero el mayor peligro que enfrento es pasar cuando el semáforo está en amarillo casi rojo o comerme el cereal con la leche que ha estado no sé cuántos días en la refri. Abandono el sueño en pos de un montón de «debería» que se me acumulan en la nuca cuando llego a la conciencia de muchos días sin decir las cosas adecuadas, sin la certeza de salvarme.

    Hoy es lunes como suele ser lunes cualquier día en que me levanto y sé que no estás cerca, que te perdí hace demasiado tiempo. Hoy es lunes y se va un tren en el que no estoy. Se aleja a los lugares a los que dejé de ir y se lleva los poemas que ya no escribo.

  • las tardes de grillos

    Anoche tuve pesadillas. El teléfono sonó a la una de la mañana y después de eso la noche dejó de ser calma. En esos casos amanezco con los ojos a punto de las lágrimas y con la angustia de todo lo que no he dicho. Suelo pensar, en esos casos, en las múltiples formas en que he decepcionado a mis padres, detenido mis pasos, lastimado a quienes estén cerca. Después la mañana es plana. Ir a trabajar porque no hay algo mejor que hacer, esperar que el día pase. La tarde, la tarde sólo ha de ser la tarde.

    Hoy tendrías que abrazarme por muchas horas seguidas para borrar de mi nuca el cansancio de las imágenes que atormentaron mis sueños, pero eso no es tan fácil, amor, vos y yo sabemos que no es tan fácil.

  • ya ves

    Me deseaste tanto la soledad
    que ahora soy perfectamente capaz de vivir sin vos
    de llegar a cada mañana
    y navegar en la certeza de tu asusencia
    sin que se me parta el corazón

    tan partido ha estado mi corazón

    ya ves
    hay que tener cuidado con lo que se desea

  • Hoy

    Esta mañana tengo el corazón roto. Acaba de quebrarse por todo lo que mis manos han sido incapaces de hacer, por todo lo que mi boca fue incapaz de decir. Supongo que es así cuando un amor decide cambiar de lugar. El mío está muy lejos ya. La soledad no será nueva, tengo rato con ella, no me abandona (creo que es la única que nunca te abandona en realidad). Conozco demasiado bien al silencio y a los demás males que vienen cuando llega este momento.

    Es solo que hoy ya nada basta. Hoy terminé de perderlo todo. No tengo más que decir por el momento, porque estoy llegando al límite de lo cursi (por lo menos al que mepermito), hoy sobran las excusas.

  • ideas reiterativas

    Llueve de pronto, a mares. El agua me toma por sorpresa y cae sin más. Llueve copiosamente, duro y parejo. En un momento parece que se van a caer los techos de todas las casas, que se van a romper los vidrios de todos los edificios . Escampa de pronto, en un instante. El agua desaparece y deja un leve rastro que serpentea al lado de la acera. Así, sin más.

    Prefiero cuando llueve despacio, cuando la lluvia se instala de permanencia voluntaria, porque es como besar sin percatarnos del mundo; es como caer en el sopor de un beso meloso justo antes de quitarte la ropa, lento, muy lento. Y saber que el tiempo no tiene nada que ver con el rito y que las luces se desvanecerán en silencio.

  • poemas de amor

    Mañana leeré poesía en Sophos, junto a mi amiga Johanna Godoy. Llegamos al acuerdo de que ella leerá poemas de desamor y yo leeré poemas de amor, entre otras cosas.

    Tengo unos cuantos días buscando esos poemas de amor que leeré, pero mi amor ha cambiado tanto en estos últimos meses que en mis poemas de hace mucho solo encuentro una serie de promesas que ahora no haría, por lo menos no de la misma forma. De promesas que no me creo capaz de cumplir.

    Ahora sé, amor, que mi amor no es eterno, ni siquiera diario, que soy capaz de darle vueltas y vueltas a mis despedidas y llegar al punto de decirte que puedo soportar el vacío de las horas en que no estás, que el silencio no es ridículo cuando lo comparto con vos. Tendrás que saber que a ratos te odio todo, con todo mi corazón; que mantengo frescas las ganas de salir corriendo aunque a veces prefiera acurrucarme en tu costado para saber que todo irá bien.

  • las tres y tantas

    Son las tres y tantas y debo ir por un café antes de que mi corazón termine de partirse en pedazos y me ponga a llorar (como hace tanto quisiera llorar).

    Es martes y a pesar de los dichos, me gustaría embarcarme y volverme tan loca como el sapo del Viento en los sauces, marcharme de la pecera, solo por hoy. No puedo explicar porqué de pronto me han dado tantas ganas de llorar, tanta nostalgia de junto. Quizás sea porque los días continúan pasando, porque hay amigos que están lejos, amigos en general y mi amigo en particular, porque me pierdo en el laberinto al que me lleva el sanate que está construyendo su nido afuera de mi ventana.

    Cayó Roma, sin pena ni gloria, al final todos lo esperábamos, la historia tenía que ser así. Alguna vez me preguntaste qué me hace diferente a Judas, y aún no puedo contestarte.

  • Plagio, sobre todo el plagio

    Déjame entrar al dolor de tu cuerpo
    quiero morir mendigando tu pan
    déjame estar condenado en tus huesos
    ¡Nadie me hable, ya déjame entrar!

    Déjame decirte las cosas que te guardo en secreto, contarte un cuento con final feliz. Déjame conocerte de verdad, aunque luego no soporte el dolor, ni la verdad. Déjame venir a visitarte y hacer los mismos chistes y reír y reír y reír, madrugadas sin ir a dormir. Déjame entrar al dolor de perderte.

  • La propiedad privada

    Miguel Ángel Asturias escribió que el señor que lo tenía todo, todo, todo, era dueño de todo porque lo miraba y entonces le pertenecía. Si sigo esta lógica fundamental, soy dueña de los libros de la biblioteca, de una ventana que por fuera tiene grillos que me cantan, de calles largas, largas, de charcos y de mi reflejo.

    Soy dueña de todo lo que he leído, del imperio romano de Gibbon, del Londres de Virginia Woolf, de los edificios gubernamentales de Kafka, del París de Cortázar, del Buenos Aires de Borges, de la selva de Payeras, del San José de Luis Chaves, de la ciudad, de la hermosísima ciudad de los cronopios del mundo.

    Cada vez que parpadeo, las palabras que escribo en esta pantalla dejan de pertencerme, le pertenecerán a quien abra los ojos, cuando yo los cierro.

  • La familia

    Hace algunos meses mis rutinas incluyen una visita semanal a la casa de mis papás, con lo cual he logrado escapar a la reunión familiar anual y a la mayoría de contactos con primos y tíos, incluso pierdo de vista a mis hermanos grandes por largas temporadas.

    No visito a los tíos que vienen al país cada cierto tiempo, ni a los que lo abandonan alguna vez. Mis primos se casan, tienen hijos y se reúnen los fines de semana. Yo me sigo negando a todo lo que ello implica. No es por ser mala persona, evito con ello ser mala persona.

    No me quedan muchos amigos «presenciales», me conformo con saber que están bien, que continúan. Por lo pronto me queda el café, huir hasta que me quede sin fuerzas, negarme al tedio cotidiano.