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  • un gato cada vez

    Trabajo en una pecera por la cual no circula el aire; la ventana está abierta, pero hay calor y eso no se puede ocultar. Son más de las tres, mucho más. Llega la hora en que el cerebro deja de funcionarme y tengo que saltar para no dormirme, saltar del escritorio, saltar en la silla, slatar por la ventana hasta llegar al mundo.

    Muchas veces a esta hora pienso en vos. Es más fácil recordar cuando las ideas nuevas no se animan a salir. Debería leer, como siempre he debido leer más, pero me ataca la pregunta de si te habrás enamorado de algún poema hermoso y no puedo continuar.

  • volver

    Te morías por volver, con la frente marchita, cantaba Gardel, y entre citas de Borges, Evita bailaba con Freud…

    Pero el tiempo es devastador, además, sería muy triste oirte diciendo que existe esperanza para el mundo y todo eso. Vos y yo sabemos más del mundo que aquellos que aún se empeñan en salvarlo. Vos y yo conocemos calles que nadie más camina. Vos y yo creemos en la poesía y su poder destructor.

    No, tal vez solo yo sigo creyendo en la poesía, pero eso no importa, eso no es un factor determinante para volver.

  • un poema hermoso

    No diría que mi poema es hermoso por nada del mundo, pero lo cierto es que sonrío cuando lo leo y eso me parece bien. No es un poema hermoso porque yo lo diga, solo me parece que es así.

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    Si fuera yo la que está parada en la acera
    diría que la escena es surrealista
    por la calle pasa un armario con espejo
    seguido de un tractor montado en un camión
    y poco después
    un carro dentro del cual canto a gritos una canción de la radio

    pero el tipo que está parado al lado del vendedor de chicles
    no se pregunta si es demasiado joven para hablar solo
    nos ve pasar
    se sube al siguiente bus
    y se va

  • día tras día

    La Maldita me taladra desde la radio; por la ventana sólo distingo árboles y rayos de sol que intentan darle valor a una mariposa para que no se quede aplastada en cualquier hoja. Pienso mientras veo por la venatana, pienso en que soñé con vos anoche, justo como dice la canción de Sabina.

    A veces uno cobra más conciencia de los besos que no ha dado. A veces quisieras estar afuera, en lugar de la mariposa. Aunque siempre queda la esperanza de irte al mar y que no importe nada más.

  • lo que no veo

    En la ciudad nunca está oscuro del todo. Te despiertas a media noche y te encuentras en una vaga penumbra que te impide quedarte con los ojos abiertos e imaginar que estás en cualquier otro sitio. Despierto, voy al baño y en el camino recuerdo otras casas, lejanas ahora, donde la noche estaba cerrada cuando debía estarlo y resplandecía sólo con la luna llena. Vuelvo a mi cama y cierro los ojos, tratando de encontrar en mí la oscuridad que no encuentro afuera.

  • keep the road, jack…

    El mundo es un gran y extraño animal que a veces nos ve con los ojos llenos de asombro. Me detengo en una esquina y casi grito Keep the road, Jack, como si mis palabras fueran capaces de modificar las canciones escritas hace tanto tiempo, como si mis palabras fueran capaces de darle aliento a Jack para que siga On the road. Antes de llegar al próximo semáforo quisiera un poco de la convicción de esos años, un poco de la magia que nos dan los caminos cuando no esperamos que nos lleven a los mismos lugares de siempre.

    No pierdo el ansia por el camino que hace unos años me movía a idealizar la vida fotografiada en las documentales de viajes; aún creo que hoy sería buena idea largarme con la mochila llena de latas de frijoles y agua pura.

  • Ahora vuelvo

    Llego de nuevo, las horas pasadas lejos no han cambiado mucho este lugar. Me lleno los bolsillos de palabras y palabras que la gente deja abandonadas entre un semáforo y otro. Cierro los ojos, llego de nuevo, siempre llego de nuevo.

  • Los días que pasan

    Los días que pasan se llenan del silencio de todos los secretos que me guardo para que no te enterés de la soledad y el miedo. Pero vos tenés más soledad y más miedo.

  • llegará

    A veces anidan ideas contundentes en mi cabeza y debo esperar que llegue el momento en que deje de pensar que hay demasiado frío afuera para contarte la verdad. Sin embrago, no tengo tanto que contarte porque sigo tomando el café de la misma manera e intento no refugiarme en la vana esperanza de los amaneceres nonatos que esperan por mi. Intento no saltar desde la ventana del primer nivel para un suicidio fallido más, intento tener ganas de subir más alto para que de una vez la caída sea contundente también.

  • Newtonian Girl at the Laundromat

    If her bra were the size of an atom, coul she know what made it turn pink? When she craks the lid of the washing machine, her bra is blur, a smeared cloud of possibility. Hey Newtonian Girl, says a bald man with a smirk, your bra could be in Cleveland. Nothing is real until you wash it. Then it’s never the same. She knows how fast she’s racing the bald man for the crinkled People magazine, but she’s lost all sense of her abscissa, of her ordinate. The public pulls up plastic chairs to watch her panties tumble dry, dizzy ghosts orbiting. She feels like a naked singularity. Spin up. Spin down. Damn that Pauli, she thinks as she folds her laundry, Damn that Heisenberg. Where the hell’s my other sock?

    Escrito por Stefi Weisburd. Tomado de la revista Ninth Letter, vol. 2, no. 2, fall winter 2005; porque con textos como éste recuerdo que a veces me gusta la poesía y otras veces me es indispensable para respirar.

    Nada es real hasta que lo lavas.