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  • anoche

    Quisiera hablar de la leve brisa, de las luces amarillas que iluminaban la calle, de un parqueo casi vacío por completo o de la luna, pero no te puedo reinventar realidades para que nos amparen de la noche, para que me alejen del silencio que inunda mis momentos de lucidez.

    A veces me gustaría escribirte cuentos en los que seas el héroe que se libra de todo sin sufrir ni un rasguño, en los que seas el viento o la gaviota que completan la imagen de una playa de postal. Á veces me gustaría salvarte incluso de mi mal humor, de mis ganas de salvarte.

    Anoche caminé en medio de mucha gente que no se percataba de mi presencia y no te encontré.

  • lunes 7:00 a.m.

    Cuando mi vida pasa frente a mis ojos, recuerdo algunos días de noviembre en que ya no tenía que ir al colegio pero aún me despertaba temprano; algunos días en que abría la puerta de Sophos y sentía el olor de libros y café; algunas mañanas en que el sol atravesaba las gotas del aspersor con el que regaban la gramilla del estadio de la USAC.

    A veces llego temprano a la oficina y sé que no voy a sobrevivir sin un café, si no me detengo a ver por la ventana el tono de verde distinto en cada árbol del jardín. Hoy es lunes de nuevo y yo de nuevo voglio andare a casa.

  • está oscuro afuera

    Me paro en la puerta de la oficina y me pregunto en qué parqueo habré dejado el carro. Llueve un poco y es tarde, pero eso importa poco. Camino en silencio bajo la llovizna, porque aún no hablo sola en voz alta. Pienso en toda la tarde pasada frente a la computadora y en las horas que vendrán mañana, en todo lo que dejé pendiente. Hace un poco de frío y al llegar a mi casa tendré que prepararme la sopa yo misma; seguro no leeré mucho porque el sueño me vencerá temprano.

    No, el carro debe estar en el otro parqueo.

  • fantasmas de las navidades pasadas

    El fin de semana encontré algunos de mis libros de poesía en la librera del que fuera mi cuarto en la casa de mis papás. Me quedé sin aliento, pensando en cómo pude vivir este tiempo sin ellos, en cómo puedo uno dejarse arrastrar por el trabajo y la cotidianidad y olvidarse de las palabras hermosas.

    Hace tiempo no tenía ganas de decirte que «vendrá la muerte y tendrá tus ojos» hasta que hoy recuperé el anhelo de llevar el caño a mi sien, apretando bien las muelas…

  • el viejo cliché del chocolate

    Me llevo un trozo de chocolate a la boca y pienso en lo dulce que puede ser besarte. Me llevo otro trozo de chocolate a la boca y disfruto cómo se derrite y me deja en la boca un sabor tibio. Pienso de nuevo en besarte, en tus labios un poco rígidos al principio y luego más cálidos y blandos. En el movimiento de peces vivos y en la necesidad de respirar profundo y morderme el labio inferior para darle paso al próximo trozo de chocolate.

    No me importa mucho si es el efecto de liberar endorfinas o si pensar y hablar de tu boca es el cliché más viejo, tengo ganas de besarte.

  • pasa

    Mis ganas de verte me hacen acercarme a la ventana sólo para descubrir que vas caminando por la calle. Cierro los ojos y una especie de alivio me colma. Abro los ojos y descubro que estoy sentada frente a la computadora y que no me he movido en horas, entonces siento de nuevo ganas de cerrar los ojos, para no llorar por no verte.

    Quisiera pensar que el amor es maravilloso y que me va a llevar a hacer cosas maravillosas, pero me distraigo con el ruido de pláticas que no son reales y que solo tienen lugar en un pequeño espacio de mi cabeza.

    Cierro los ojos y te veo caminando en uno de esos parques a los que ya no llegamos.

  • lunes

    Es lunes
    ayer no me animé a salir
    no me animé a tomar un bus y largarme

    debería estar en un pueblo donde nadie me conozca
    en una juguetería

    debería saber que los lunes sin café no son buenos

  • otro poema sobre la muerte

    Solía escribir poemas en los que hablaba de mis ganas de morirme, de que llegara el sueño eterno una de esas noches en las que no llueve y el calor te lleva a pensar intensamente en la locura, en la insanidad de los recuerdos y los días buenos.

    Ahora que ya no busco la muerte ésta me llega por entregas y consume las pocas esperanzas que me quedaban. Consume mis ganas de hablar, porque es muy fácil hablar de la muerte, desearla incluso, si de verdad no crees que llegará.

  • sueños

    Suelo soñar por épocas, es decir, hay alunas épocas en las que recuerdo mi sueños y otras en las que parece que sólo me acosté, cerré los ojos y tuve que levantarme de nuevo. Sueño con mi trabajo cuando me apasiona. Sueño con besos cuando me apasionan aunque jamás los haya dado en realidad.

    Hace unos días soñé que besaba a alguien que me recuerda tiempos muy lejanos. Le robé un beso a alguien que no me conoce, m edetuve en el calor inesperado de unos labios suaves y humedos que se apoyaban suavemente en los míos y luego me sorprendieron con un juego cadencioso.

    Hay mañanas en las que vale la pena recordar lo que uno sueña.

  • uno cree

    Uno se levanta y cree que puede escribir poesía, cree que puede sonreír sin consecuencias y que todo debiera marchar mejor.

    Quizás mañana todo cambie.

    Pero no es así, hasta este momento las cosas no han cambiado. Hasta este momento sigo buscando todo lo que no puedo tener.

    Quizás mañana todo cambie.