Autor: Adelaida Loukota

  • sucede que llueve de ambos lados de la ventana (la carta que no logro escribirte II)

    -Hoy-
    He empezado a escribir esta carta demasiadas veces (43 en mi cabeza, 4 en el blog, 2 en papel) y no acierto a encontrar las palabras precisas para decirte todas esas cosas que tengo que contarte.
    El sábado por la tarde veía llover y pensaba en vos, como suelo pensar en vos cuando llueve. Con el ritmo del agua al caer comprendí el sentido de ciertas historias nuestras y, aunque todavía no tengo las respuestas a esas preguntas que guardás para mí, supe que puedo esperar por vos un poco más. Quisiera tener razones coherentes para explicar esta manera mía de llevarte en la cabeza, en el corazón, todo el tiempo.
    Vos y yo sabemos que no somos el uno para el otro. Que vos necesitás a alguien más simple, más coherente, a alguien menos yo. Cada vez estás más lejos, sé que te pierdo, aunque no sé si alguna vez te he tenido.
  • cabos para atar (la carta que no logro escribir I)

    -Hoy-
    El jardín está de un verde intenso, se nubla y de pronto el cielo cae como pesadas gotas. Dentro de unas horas seguiré pensando en vos, aunque quizás estés a mi lado. No logro reconciliar esa imagen tuya que guardo en mi cabeza y la imagen que me ofreces cuando te tengo enfrente. Aún no sé si me tenes tanto miedo como yo te tengo miedo. Aún no sé por qué te aparecés intempestivamente y a mí se me revuelven las ideas, por qué no puedo dejarte afuera por más que lo planeo.
    El jardín no es más el jardín, ahora es un lago enorme que alberga a demasiados seres imaginarios. ¿Me dejarás abrazarte esta vez?
  • Fragmentos

    • Ella tenía los pies blancos, largos y delgados. Por lo regular usaba zapatos cerrados y calcetas para cubrirlos. Esa mañana decidió hacer un cambio y se puso unas zapatillas que sólo cubrían sus dedos. Le gustaba ver la blancura de su piel, las venas delineadas con suavidad debajo de ésta. Salió a la calle y llovía. Una gota gorda y fría cayó sobre su pie izquierdo. El escalofrío le recordó que estaba viva.

    • Él estaba sentado al otro lado de la mesa. Ella no podía ver el marco rojo de sus lentes, su pelo muy corto, su nariz o sus orejas. Sólo su boca se delineaba perfecta bajo la luz de la lámpara que cubría el resto de su rostro. Lo miraba fascinada, registraba cada cambio en sus labios, la precisión de sus palabras y la magia de sus sonrisas. El asombro le recordó que necesitaba un beso.

    • Estaban sentados uno frente al otro. Ella acercó su pie blanco al pie de él, quien con un movimiento sutil y veloz acercó su silla a la de ella. Sus rodillas casi podían tocarse y ambos se inclinaron levemente hacia adelante. Sus labios casi podían tocarse. Ese instante de espera les recordó la forma de eliminar la nostalgia.
  • Life for rent

    He estado buscando palabras para describir lo que pasa por mi mente cuando vengo en la carretera y no puedo evitar este sentimiento de que podría estar en cualquier otra ciudad, haciendo cualquier otra cosa. Además, he estado pensando en vos, buscándote como siempre, perdiéndote la esperanza. Entonces aparece Dido y me dice lo que quiero decir, ¿qué puedo hacer si siento que my life is for rent?

    I haven’t really ever found a place that I call home
    I never stick around quite long enough to make it
    I apologize that once again I’m not in love
    But it’s not as if I mind
    that your heart ain’t exactly breaking

    It’s just a thought, only a thought

    But if my life is for rent and I don’t lean to buy
    Well I deserve nothing more than I get
    Cos nothing I have is truly mine

    I’ve always thought
    that I would love to live by the sea
    To travel the world alone
    and live my life more simply
    I have no idea what’s happened to that dream
    Cos there’s really nothing left here to stop me

    It’s just a thought, only a thought

    But if my life is for rent and I don’t learn to buy
    Well I deserve nothing more than I get
    Cos nothing I have is truly mine

    While my heart is a shield and I won’t let it down
    While I am so afraid to fail so I won’t even try
    Well how can I say I’m alive

    If my life is for rent…

  • La verdad no entiendo cómo no te has enamorado de mí

    Si me dejaras, te diría cosas bonitas al oído. Mis palabras se resbalarían como una caricia hasta llegar a tu corazón. Sabrías que tu mundo está más lleno de luz cuando mis labios están cerca del lóbulo de tu oreja y que mi lengua guarda cosas dulces sólo para vos.

  • sólo necesito

    Que sea de tarde y te acostés a mi lado; que me abracés y me digás que todo estará bien. Que la luz sea tenue e inventés cómo se dice te quiero en alemán y mandarín sólo para hacerme reír. Necesito una tregua, palabras distintas para decir lo que nos decimos todos los días y que me abracés una vez más.

  • hojas de aguacatal

    Fito rebota por las cuatro paredes de mi oficina; llena mis oídos; llena todas y cada una de las hojas que hay en el jardín al otro lado de la ventana. Supongo que debería bajar el volumen antes de que alguien se queje, pero no quiero. La canción termina y yo dejo de tararear, hay una pausa y no sé si soportaré «Ojalá» en este preciso momento, así que me la salto y la que sigue y la que sigue y la que sigue hasta que llega Benedetti y no puedo evitar que me diga que

    tengo urgencia de oírte
    alegría de oírte
    buena suerte de oírte

    y temores de oírte
    Entiendo de pronto que yo debería tener mejores hábitos de lectura y menos problemas de concentración, porque me quedo oyendo a Mario hasta el final y después de eso tengo urgencia de oírte y me pongo a cantar la siguiente canción. Por supuesto, no podía ser otra que esa canción que lleva tu nombre en cada línea, en cada recuerdo y que yo ya no debería tener en mi lista de música.
    Tengo que tomar un respiro porque la nostalgia me llega de lleno en un minuto. Veo por la ventana e intento contar las hojas del aguacatal afuera. No quiero un remedio para el insomnio, lo que necesito es una cura para dejar de soñar despierta.
  • vos (siempre)

    Quisiera decir que fue casualidad encontrar esa foto tuya entre mis cosas. Vos sabés que yo sé que la sonrisa no era para mí, que no se supone que yo guarde imágenes tuyas, que el tiempo debería ir borrando poco a poco esos restos de tardes y cartas y cosas no dichas. Pero pasan los días y me resulta imposible desprenderte de mi imaginario. Supongo que andarás por el mundo mientras yo me quedo viendo por la ventana ese mar de posibilidades que no me consuela ni me reconforta. Necesito tus manos para tocar el infinito. Necesito tus labios para probar el sabor de las palabras cuando no salen de mí.

  • La luna está llena y pienso en vos

    Y si vos te enteraras, dondequiera que estés, seguramente pensarás que soy estúpida o estoy loca. Porque nadie puede pasarse los días pensando en alguien a quien apenas conoce, con quien apenas ha cruzado un par de palabras. Yo quisiera decirte que tenés razón y que yo misma comprendo que todo este asunto carece de lógica. Me gustaría volverme coherente y razonable y que mis palabras tuvieran sentido para vos; pero no hay caso. La luna está llena y yo pienso en tus ojos, los más dulces del mundo, pienso en tu cuello, en tus manos.

    Si pudiera pedir un deseo, pediría que durmieras mi lado, para que besarte en medio de mis sueños fuera tan simple como girar sobre mi costado, respirarte y saber que estás ahí, que sos real.

  • Ciudad de cristal, de Paul Auster

    Ciudad de cristal, Paul AusterUn escritor se convierte en detective. El autor aparece como personaje. Hay un hombre que quiere descubrir el lenguaje de Dios y en ese proceso encierra a su hijo en la oscuridad durante años. Al final el detective que antes fue escritor recupera el oficio y su libro termina cuando se terminan las hojas en su libreta. No es un libro fácil porque Auster no hace concesiones. Es un libro hermoso porque en él las calles de Nueva York se convierten en laberintos.