Es ingenuo de mi parte escribir que te extraño; así, literalmente. Pasa que hay días en que las palabras no dicen lo que yo quiero que digan. Llegan muy claras a mi mente y un minuto después me traicionan, quizás no les gusta que las haga nacer golpeando teclas. Hoy es uno de esos días en que extraño especialmente tus abrazos. Esa seguridad que proviene de tu calor, de tu olor, de saber que existís y estás ahí para reconfortarme.
Autor: Adelaida Loukota
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-Hoy-
Como todos los días pienso en escribirte una carta que sea larga y que te cuente todo lo que necesitás saber de quién soy ahora. Como todos los días pienso en irrumpir en tu vida y que me dejés quedarme. Sin embargo, ahora tengo cosas que hacer, libros que leer, clases que dar y no puedo parar el mundo un rato para contarte ese cuento que soy cuando no estás cerca.Sí, te extraño. -
Joe en la distancia
Supongo que cuando la luna está grande y redonda tengo más luz para imaginar que te encuentro. Supongo que la distancia que nos separa me permite la lucidez para recordar detalles como el largo de tus dedos, el olor detrás de tu oreja, el sabor de tus labios, la emoción de verte aparecer de pronto. Es lunes por la noche, supongo que te extraño.
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Diner
Todavía es de noche pero la ciudad ya está despierta; la madrugada es una composición extraña de sueño interrumpido y día por iniciar. No veo más que las siluetas de algunos edificios y las luces rojas de los carros en la calle. Presumo que de hecho existe la calle, existen los edificios, la gente que se mueve temprano por el mundo. No amanece todavía, espero encontrar algún lugar que esté abierto y desayunar. Me siento en una mesa con vista al bulevar e imagino estar en un cuadro de Hopper. La ventana me devuelve mi imagen ante ella y a la vez me permite imaginar que la calle afuera es otra. Veo mi bandeja y el recipiente de duroport que contiene unos huevos revueltos que seguramente no son huevos de verdad, una salsa de tomate que no es de tomate de verdad, una crema que no es crema de verdad. Levanto la vista y de pronto ya es de día. No puedo escaparme al diner del cuadro, a la calle de Nueva York donde me gustaría estar. Una luz violeta lo cubre todo, lo aclara.Supongo que si viviera en algún lugar más civilizado podría desayunar en un diner en que la comida fuera buena. De hecho, no tendría que salir de mi casa tres horas antes para evitarme el tráfico mañanero. Le pongo azúcar al café con leche (que tampoco es café de verdad) y me decido a esperar cinco minutos antes de entrar al caos que es ahora esa calle en la que las luces de halógeno ya se apagaron del todo. -
post San Valentín
Tengo un beso guardado en el corazón
cuando pienso en vosse acelera (el beso)quiere escaparseme hace cosquillas en la panzame deja un sabor dulce en la bocaquiere llegar a donde estásmultiplicarse en tus labioscolmarte -
llueve en un lunes de febrero
Es lunes, es febrero, me levanté tarde y llegué relativamente tarde a la oficina, asunto que no importa porque me voy a ir tarde de acá. Mi ventana está nublada por fuera y tengo ganas de tomar café. Aparte de eso, tengo ganas de verte, de tomarme un rato libre y platicar con vos.
Hace días que vengo pensando en mi exceso de adjetivos y en mi carencia de metáforas; pero eso no le importa al árbol de aguacate en el jardín, que está lleno de flores de aguacate que en algún momento se convertirán en aguacates que caerán y no nos dejarán almorzar en esa parte del jardín. -
La poeta
Es temprano en la mañana de un sábado como cualquier sábado. La poeta se levanta relativamente temprano, desayuna y procede a limpiar la casa. Su madre no toleraría que su primer tarea del día no sea limpiar la casa, así que lecturas y televisión han de esperar para después. Cuando está barriendo las gradas frente a su casa la poeta se pregunta por qué barrer no le inspira pensamientos sublimes, por qué sus mejores ideas nacen cuando lava los platos. Concluye que puede ser por el contacto con el agua, ya que barrer es tan mecánico como lavar platos pero incluye sol y polvo volando por todos lados.
La poeta se detiene un momento para reflexionar, sostiene la escoba con una mano y con la otra se quita el mechón de pelo que le cae sobre la frente. Hace mucho tiempo alguien le dijo que esas manos que escribían poesía, tarde o temprano estarían cambiando pañales, que la poesía no siempre es glamour, que la vida no siempre sale como la pensamos. La poeta hace que sus manos (que no cambian pañales aún) retomen la tarea cotidiana de barrer y piensa que no, que la poesía es de todo menos glamour. -
viernes, 4:57 p.m.
Tengo ganas de comprarme unos zapatos que no necesito con dinero que no tengo y que, además, son estúpidamente caros. Pienso que ese acto de consumismo compulsivo responde a algún tipo de carencia que, por lo pronto, no tengo ganas de analizar. Quisiera, de alguna manera, asegurar que todo empezó cuando caí en la cuenta de que se acerca el tal día de los enamorados (claro, en las tiendas quitaron los árboles de navidad para poner cuadernos y en menos de un mes todo está lleno de corazones) y que esa celebración no me hace bien; pero no, esa sería la salida fácil.Hace muchos días que no venía por acá, porque a veces me pasa eso de convertirme en una ostra que no tiene mucho que decir; que deja pasar los días por si alguna cosa trascendental ocurre, pero no pasa nada. Hoy no estoy desilusionada, estoy más bien cansada y quisiera tener un par de botas nuevas, quisiera que me cuentes una historia que me haga sentir bien. Me propongo a escuchar a Café Tacuba mientras pienso en otras cosas que debería comprar y que tampoco compraré.
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hoy en el jardín
El sol corresponde al de cualquier día de enero a la 1:10 p.m. Estoy en el jardín, acabo de almorzar y me quedo en silencio, con un libro entre las manos. Estoy sentada en la grama, tengo la espalda apoyada en una grada, abrazo mis rodillas y comprendo que tengo el corazón hecho un ovillo. Quisiera acurrucarme, llorar. Soy un muñequito de plasticina que alguien aplastó y dejó deforme. Soy una perfecta imbécil hasta que recuerdo que no soy perfecta y entonces me sé imbécil nomás. Tengo algunas cosas más que contarte, pero por lo pronto moriría por un abrazo sin explicaciones.
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lo que pasa es que a veces importa
Mi mamá cree que Libélula es un mal nombre; a mí me gustaría que la tienda se llamara así. Dejo la discusión por la paz y pienso en que alguna vez tendré una tienda y se llamará así. Mi trabajo se va convirtiendo en una suma estéril de páginas leídas y libros que son parte de una estadística que incluir en un informe que nadie lee. Dejo la utopía por la paz y pienso que alguna vez recuperaré mi trabajo de los sueños, que las ideas deben ser más que una suma de horas. Mis poemas no salen de mi temática usual. Dejo de ver hacia adentro e intento hablar del resto. Intento convencerme de que puedo salir del agujero, de que no es para tanto.
Vos estás en otro ámbito, ni siquiera logro incluirte en el recuento de mis dudas. Me gustaría que un día decidieras que no podes vivir sin mí y vinieras a buscarme. Me gustaría gustarte y no tener miedo. Supongo que eso tampoco importa. -
algunas ideas dispersas II
El hombre perfecto que vive en mi cabeza responde al nombre de Joe cuando aparece en mis sueños; tiene el pelo castaño, algo rizado y lo suficientemente largo como para que algunos colochos se escapen del gorro de lana que usa cuando hay frío en el mundo. Me gusta su cuello, sus piernas cuando se acuesta a mi lado, boca abajo y me cuenta historias. Entiende a qué me refiero cuando digo que lo conozco como a alguien a quien nunca he encontrado, que lo espero como a aquel a quien nunca encuentro. Tiene los dedos largos y sabe dejarme llorar, sin hacer preguntas. Sabe que en mi cabeza tiene una boca como la de Icarus Holmes, pero que es la suya la que me gusta besar.