Autor: Adelaida Loukota

  • ser real

    Sé que soy invisible para vos.

    Soy como la lluvia que escuchás caer sobre el techo de lámina sin saber si es un invento de tu sueño o un hecho de la realidad en la noche. Cuando intento hablarte te convertís en la pared sobre la que rebotan los latidos de mi corazón, sin que uno solo te conmueva. Entonces, me gustaría conocer las palabras mágicas para que tu boca se transforme en sonrisa, en beso; para que mis manos alcancen tu cuello y se enreden en tu pelo.
    Si pudiera, me conformaría con mi condición incolora e insabora; me conformaría con verte de lejos, con saber que existís en el mundo y ya. Pero no puedo. Hay una urgencia en mí que me hace buscarte en todos los abismos, en las referencias de una vida que estaría más llena con vos en ella.
  • ahora que llueve lo sé

    Las palabras nunca han funcionado bien entre nosotros, amor. Quizás porque vos te imaginás el mundo con imágenes y yo me lo imagino con letras. Quizás porque el silencio entre nosotros es inmenso y no se puede borrar con unas cuantas frases, por más que las escriba yo.

    Ha llovido mucho últimamente y me da frío; te he extrañado mucho últimamente y mis palabras no te conmueven, no te dicen nada.
  • crítica y autocrítica

    Hace tiempo mantengo un conflicto armado interno entre la certeza de saberme «lo mejor que le puede pasar a alguien en la vida» y la reiterada prueba de que no me das «el beneficio de la duda». Como tengo que sacar el asunto de mi sistema, porque no es sano estar pensando en por qué no te das cuenta de lo genial que soy, decidí hacer una lista de los motivos que me parecen inaceptables para que no te des la oportunidad de descubrirme. Es decir, estas son las excusas que jamás te aceptaré:

    • «No quiero lastimarte». Una versión previa de «no eres tu, soy yo…» Esa una versión espejo de mí diciendo «soy tan genial que si estás conmigo un día, luego no sabrás cómo vivir sin mí». Vamos, ambos sabemos que somos «la neta» y por eso mismo somos fuertes, sabemos cómo sobrevivir a los amores fugitivos. Ésta se enlaza con la siguiente,
    • «No siento el «clic» que debería sentir». Si no tenés tiempo o ganas para hablarme, para salir conmigo, si no me has besado, ¿no te parece un poco prejuicioso decir eso del clic? Es como decirme que no soy suficiente, y eso no te lo permito.
    • «Me voy a estudiar fuera en dos meses». Yo no quiero casarme y tener muchachitos con vos, por lo que no me parece válida como excusa. Me gustaría pasar con vos el tiempo que pueda, algo así como un amor de un día a la vez, ya después veremos qué pasa. Igual, sería incapaz de detener tu vuelo.
    De ahí en adelante podrías decirme que estás enamorado de otra (que no te hace caso, sólo para seguir con esta pinche cadenita); que estás enamorado de otro (con lo que se confirmaría la teoría de mis amigos gays que dicen que los hombres que valen la pena no están interesados en las mujeres); que no queres compromisos (ya para qué te explico que hablando se entiende la gente).
    Yo quiero tener el derecho de escribirte (no quiero robarme ese espacio, no quiero que no te des cuenta). Quiero besarte por muchos días seguidos (me harté de los amores eventuales, quiero algo de permanencia voluntaria). Quiero que vayas conmigo al cine y llamarte cuando manejo de vuelta a casa, sólo para comprobar que mi mundo está más lleno cuando sos parte de él. Quiero que compartás mi alegría, quiero compartir tu alegría, tus sueños.
  • (la respuesta que no le daré a la pregunta que no me hiciste)

    «No one looks at me the way you do. I know you capture more than what you see. What do your eyes perceive when they look at me?»


    Me gustaría tanto que fuera una pregunta directa para mí. Me gustaría tanto decirte que guardo imágenes tuyas, que van de afuera hacia adentro. Decirte, por ejemplo, que tenés una sonrisa hermosa y labios que saben jugar con la música, labios que sería bueno besar. Que tenés una mirada dulce y ojos que saben acariciar las líneas escritas en las nubes, ojos para perderme dentro.

    También podría admitir que me gusta mirarte, porque cuando estás cerca mi mundo gira un poco más despacio y pierdo la noción de la prisa que me obliga a correr todo el tiempo. Hacés que disminuyan mis ganas de huir. Es curioso pensar en que lo que percibo de vos está directamente relacionado con sentimientos viejos, como si conocerte confirmara una esperanza de hace mucho.


  • (la carta que no leerás)

    -Hoy-
    Mientras la lluvia sólo sea lluvia
    mientras vos no estés

    Hace días que pienso en vos, amor; en lo bueno que sería perderme en la profundidad de tus ojos, enredarme en la dulzura de tu lengua. Recorro el camino de siempre y decido que la ciudad me parece menos terrible algunas mañanas. Quizás, porque todavía quedan algunos árboles en las calles; quizás, porque admito que ella no tiene la culpa de que yo la considere tan irrazonable. Cuando manejo, dejo que suene el mismo disco que suena siempre y a veces canto para matar con mi voz las voces terribles que me hablan de tu ausencia. 

    No me gusta llevar este recuento de los días en que no te veo, triste diario de esperas y dudas. Prefiero imaginar que puedo encontrarte un martes; que dejarás que te encuentre porque vos también querés verme, perderte en mis juegos de palabras, enredarte en la dulzura de mi lengua. Hay momentos así, amor, en que te recupero la esperanza porque deberías llegar y cambiar el mundo y hacerme reír y estar feliz y quedarte un rato a mirar las nubes. 
      

  • Cosas que uno hace

    El río corre desde hace muchos años, lo que pasa es  que llegás y pensás  que ha estado esperando por conocerte, como si la primer mirada que le dedicás lo creara de la nada. Te caes de la balsa y todo se vuelve verde y frío, te volvés parte del río.

    A veces hay que nadar un poco para llegar a una roca segura. A veces hay que dejarse llevar por la corriente. A veces hay que estar en el río y dejar de hacer alegorías sobre el camino y lo que uno deja pendiente.   
  • cosas que uno sueña

    Anoche caminaste por las praderas de mi sueño. Yo estaba sola (como suelo estar), entre un montón de gente (como suelo estar) y vos te acercaste y me abrazaste. Entonces supe que el mundo puede ser un lugar mejor. Un día de estos, deberías llegar de verdad para que el mundo sea un lugar mejor, para que yo no esté sola, para que se congele el viento en el instante de nuestro beso, aunque después gire todo más de prisa. 

  • cosas que uno piensa

    Lunes por la mañana. Me subo al carro, pongo música e inicio una nueva semana. Pienso en vos y tu maravillosa sonrisa. Alejandro Sanz aparece con la canción que siempre me hace pensar en Juan Pablo (él no sabe cuál es y acaso eso no importe) . Pienso en Juan Pablo, en el tiempo que ha pasado. Un chavo con un azadón al hombro y cara de desesperanza camina a un lado del camino, no contesta mi saludo. Pienso en un programa de radio en que estuvimos Juan Pablo y yo, en la pregunta que nos hicieron sobre poesía comprometida. Ese día leí un poema que hablaba de mujeres con olor a culantro, probablemente el único poema comprometido que admito que escribí alguna vez y que ahora no recuerdo. Pienso que perdí la libreta en la que estaba escrito ese poema. Seguro se cayó de mi bolsa uno de esos días en que iba a la universidad, no creo que alguien la robara. Pienso en los poemas perdidos, en las palabras que escribí y ya no importan. Pienso en la esperanza, en la poesía y en algunos otros abstractos. Pienso en que no le escribiré un poema al chavo del azadón, ni a la esperanza.

  • vos

    Anoche conocí a un tipo del que podría, perfectamente, enamorarme. Tiene una sonrisa encantadora y es simpático. Apenas crucé con él un par de palabras, un par de miradas, pero supe que tiene algo que necesito, que es gentil, que podría enamorarme de él sin esfuerzo. Ahora que lo pienso, me gustó porque me recuerda a vos.

  • Sólo diré que mi abuela era lo máximo 🙂

    Estoy triste, eso es definitivo. Sé que es el sentimiento que prevalece porque a uno no se le mueren las abuelas todos los días (por suerte uno sólo tiene que vivir ese asunto de vez en cuando) y cuando toca el día en que eso pasa, pues uno se pone triste y ya.

    Sé que ayer que desperté y tenía que ir a la funeraria y luego al entierro, pensé que algo en el mundo era distinto, un poco más gris, un poco más vacío. Me invadió la certeza de esa ausencia irremediable. Con el paso del día pensé en su vida; en todo el legado de su vida en la mía y decidí que mi abuela era lo máximo. Me enseñó a hacer alfileteros, vestidos para mis muñecas, papel mashé y a sembrar flores en macetas. Tuvo un mapache de mascota además de gatos, conejos y perros enormes y lograba juntar a la familia para navidad y algunos domingos; no le gustaban las películas en inglés y siempre, siempre tenía dulces, chocolates y caramelos para compartir.
    Alguna vez me dijo que no me casara con el primer calzonudo que se me atravesara por el camino y que era mejor que viviera con mi novio antes de caer en eso del matrimonio. Estaba orgullosa de sus hijos y sus nietos, de tener una familia grande. Amaba las plantas y contarnos historias de cuando era joven. Sí, la vi enojada más de una vez pero también la vi cocinar, la vi bordar un cuadro enorme que aún permanece en su sala. Creo que mi lado coleccionista viene en parte de ella, porque tenía una vitrina gigante llena de miniaturas y tenía cajas con pequeñas gavetas en las que uno podía encontrar un sinnúmero de tesoros.
    Espero que esté bien, dondequiera que esté; me encantó conocerla, ser parte de su vida y que fuera parte de la mía.