Autor: Adelaida Loukota

  • algunas ideas dispersas I

    Hace algunos días tengo ganas de hablar del hombre perfecto que vive en mi cabeza. Por lo pronto diré que su boca es como la de Icarus Holmes:

  • justo antes de dormir

    Sabines habla de amor. Su voz llega remota desde la esquina de mi cama donde mi computadora reproduce su recital en Bellas Artes. Yo estoy hecha un ovillo mientras lo escucho con los ojos cerrados y pienso en tu boca, en tus piernas vistas desde atrás. El frío está del diablo y no logro dormirme. Por primera vez en mucho tiempo sé lo que espero. Me vale madre esa vil amenaza de «lo que quieres no es lo que necesitas»; porque en realidad nadie necesita meterse una pelea a doce asaltos con vos, aunque eso sea este amor de un día a la vez que te guardo. Yo tampoco lo sé de cierto, pero te espero.

  • día de reyes

    Tengo catarro (me gusta cómo suena esa palabra, por lo menos me gusta más que gripe) pero a pesar de ello he estado de buen humor. Tengo una ventana frente a mí, a un amigo en el chat y la certeza de tu presencia en mi mundo (mejor que la certeza de tu presencia en el mundo, así, en general). Tengo una lista enorme de cosas por hacer, una antología de cuentos brasileños por terminar de leer y la muerte del tacuazin en mi conciencia. Tengo un par de noches con sueños que no recuerdo exactamente y un escritorio que a dos días de haber empezado a trabajar de nuevo, ya está desordenado. Tengo ganas de ir al cine, de platicar con vos. Tengo ganas de escribirte, así que mejor me voy por un café.

  • Cuando desperté, ya era el 2010

    Me tomó más de una semana ordenar ese nido que tengo como cuarto, incluso hice la cama y lavé la alfombra. Ordené librera y libros y descubrí que soy una coleccionista irremediable de libretas en blanco. Tengo cualquier cantidad de cuadernos y libretas que son como la promesa de millones de poemas y cuentos que alguna vez escribiré. Serán hermosos y terribles, serán cautivadores, silenciosos. Sí, serán cortos y llenos de adjetivos porque siempre se me acaban las palabras y por ello soy madre de miles de inconclusiones. 

    Es cierto, me gustan las libretas nuevas, las posibilidades que encierra una página que mi lápiz no se ha animado a tocar (supongo que por eso escribo en este blog, porque no me da pena que se «ensucie»). Me gusta escribirte a mano y que con ello venga la esperanza de animarme a darte un fajo de hojas manuscritas un día de estos. Vos no lo sabés, pero después de la selva mi letra regresó más pequeña y ello me recuerda un poema en prosa que te escribí hace mucho. Tampoco sabés que en la madrugada del 1 de enero encontré un ángel o que la titánica tarea de ordenamiento habitacional me llevo a concluir que tengo demasiados libros por leer y que debería comprar libros nuevos hasta después de reducir esa torre de palabras que me espera. Que la cosa es así, que no logro evitar guardar libretas en blanco o escribirte.
      
  • cuando uno vuelve de la selva

    Pasé 5 días en la selva, de los cuales 4 se trataron de caminar 8 horas diarias. Sí, cuando uno camina, camina, camina, se da cuenta de que es un bicho insignificante en el mundo. Digamos que para lo megalómana que soy, eso sirvió para darme cuenta de que el mundo no gira en torno a mí (bueno, también me sirvió para saber que fui capaz de vencer al camino).

    Uno no sabe cuál es exactamente la ansiedad con la que inicia el viaje y supongo que lo que importa es saber a dónde te lleva esa angustia en los recuerdos de cada paso. Pensé en tantas cosas, en esas ganas de salir corriendo que determinan muchos de mis días; en la fascinación por el viaje continuo, en vos que aparecés como un pequeño correo de dos líneas y me hacés sonreír.

    Los caminos de la selva no son planos, ni nada por el estilo; no son fáciles, llanos. Los caminos de la selva me llevaron al centro de lo que soy. Porque a final de cuentas, de tanto estar sola y extrañarte, acabé por ser el centro de mi mundo, esa pequeña partícula en un mundo tan grande que uno no lo puede caminar en una sola jornada.

  • tenes razón

    qué sé yo de la vida

    si a final de cuentas
    lo único que encuentro
    es ese espejismo que sos.

    Ya sabés
    los días pasan
    pasan
    pasan
    y yo me engaño
    pensando que la voz que escuché fue la tuya
    o que por fin esa llamada entrante me conectará con vos
    con la lejanía que decidiste ser.
    Ahora toca el silencio
    cantar a gritos alguna canción mientras manejo
    sólo para no dejar
    que tu imagen
    inunde mi cabeza.
  • un día después

    El calendario frente a mí indica que hoy es jueves 10 de diciembre de 2009. Mi compu asegura que son las 11:09 a. m. y el teléfono parece estar de acuerdo con ella. A estas alturas del día aún tengo resabios de mi felicidad de ayer, porque tuve un cumpleaños feliz y me está alcanzando la felicidad hasta hoy; sin embargo, cuando venía para acá, por azares del destino que desconozco, una canción tomó mi cielo por asalto y me llevó al muro y apareció el Xibal y Juan Pablo y apareció Javier cantando algo que va más o menos así (nunca me la he sabido como exactamente es)

    fui de todo y fui nada
    cuando niño
    era improvisador
    y el mejor constructor
    de barcos de papel
    surcando aguas sucias
    aguas a flor de piel
    de la piel de mi calle
    como final detalle
    de una sola pedrada
    los solía hundir

    Fui de todo y fui nada
    cuando enano
    policía y ladrón
    y alzando mis manos era el mejor avión
    y tuve un gran amigo
    que nunca me falló
    imaginario es cierto
    pero siempre jugó
    a los juegos geniales
    que mi hermano mayor
    nunca me comprendió

    Y tirado en el suelo
    en las nubes hallé
    tantas formas distintas
    que quizás me inventé
    y bañaba a mi gato
    y gastaba las nalgas
    de cualquier pantalón

    Y odiaba la mesa
    el dentista, el mantel
    y odiaba el baño
    y cualquier inyección

    y adoraba la lluvia
    y ahorcaba al maestro
    con la imaginación


    Tocaba otras puertas
    y me iba a esconder
    y me solía enfermar diez o veinte
    minutos antes de ir a estudiar
    inventaba fantasmas
    debajo de mi cama
    para dormir con mamá

    Fui de todo y fui nada
    cuando niño
    ¿dónde diablos quedó
    el niño que fui yo?

    Creo que la niña que fui yo está con los niños que fueron mis amigos cuando fueron niños, también creo que, por suerte, nuestros niños siguen con nosotros cuando nos reunimos a componer el mundo, a cantar un rato, a platicar hasta que se agotan los temas usuales y brincamos a temas más escabrosos. Entonces la nostalgia toma su lugar en mi tarde y pienso en aquellos a los que tengo tiempo de no ver, pero que sigo queriendo, como siempre.
  • dos días más

    Hace treinta años mi mamá tenía una panza espectacular y no sabía que estaba a dos días de dar a luz a una niña; no sabía que la iba a nombrar Adelaida Elizabeth (yo digo que esa fue una jalada de mi papá que, además, juraba que iba a tener un niño) ni que esa niña, con el paso del tiempo, iba a ser lo que soy.

    El asunto es que antes de mi cumpleaños me pongo «reflexiva»; hago listas de lo que he hecho, lo que tengo, lo que no, todas esas listas que hay que hacer cuando uno se pone «reflexivo» (entre comillas). Lo bueno es que Amy canta back to black y me distrae. Me toma, me lleva a otros páramos, me deja a solas con mi suerte, que no es mucha (como diría un poeta, algún tiempo antes que yo) y me hace pensar en vos. Minutos después retomo la lista, te incluyo en el renglón de historias de amores irresolubles y me detengo a ver por la ventana.

    Hace treinta años y unas horas menos, mi mamá volvía a la casa después de una cita en la que el doctor le dijo que faltaba poco.

  • pienso en la oscuridad

    Acerco mi boca a tu boca

    tan cerca que podrían tocarse
    sonrío
    busco tus ojos
    en ese momento podría desatarse cualquier guerra
    y mi mundo seguiría perfecto.
    Me acerco un poco más
    cierro los ojos
    siento latir tu corazón
    tu mano llega a mi nuca
    tus labios hacen una leve presión en los míos
    y
    lo
    que
    iba
    en
    cámara
    lenta
    sevuelveremolino
  • metasueños

    • Unos minutos antes que sonara mi despertador hoy en la mañana, estaba soñando uno de esos sueños que sueño a veces. Tenía elementos de esos que les dicen recurrentes y, claro, un par de variaciones que lo hicieron interesante. Soñé con el elevador y con el ducto de gradas, pero pude salvar todos los obstáculos y llegué a una azotea que tenía grama y creo que me sentí feliz porque era verano y aunque la grama no era profundamente verde, el cielo estaba despejado y había sol.
    • Mi hermana sueña con niños caníbales de vez en cuando.
    • Cuando mi sobrino sueña, te cuenta largas historias de dinosaurios. Tiene casi cuatro años y no sé si realmente sueña con mundos prehistóricos o sólo le gusta que lo escuchemos contar cuentos.
    Posdata aleatoria
    • Me preguntaron qué ofrecía yo con eso de poner listas de requisitos como la de la entrada anterior. Mi respuesta fue que la cosa es como dice la canción y «no me pidas más de lo que puedo dar». Yo no pido más de lo que puedo dar.