Autor: Adelaida Loukota

  • Joe de lejos

    Hace unos días Joe decidió irse a San Francisco. Vendió su granja de tilapias y compró un boleto de vuelta a casa. Extrañaba a su familia (por primera vez en muchos, muchos años), extrañaba las calles que sus pies recorrieron hace mucho, el Golden Gate, el parque cerca de su casa.

    Yo no estaba incluida en su valija, además, dicen por ahí que uno sólo conserva lo que no amarra, así que me quedo acá y comparto la carta de despedida para Joe.

    – Hoy –
    Hay noches en que no sueño, vos sabes, noches en que me duermo extrañándote y no logro llegar al blando lugar de nuestros encuentros nocturnos. Los días que le siguen a esas noches siempre están medio vacíos, como hoy, en que es casi la hora del café, pero llueve y no podré moverme de acá en un rato; y el murmullo de la lluvia se mezcla con la voz de Tracy Chapman, con mis ganas de verte de nuevo, con mis ganas de correr y encontrarte y no dejarte partir.
    En lugar de esta madura resignación elegiría que decidieras que no podes vivir sin mí; que no te fueras a miles de kilómetros de acá; que una tarde de éstas supieras que soy the one; que cada noche con vos durara lo que duran veinticinco días seguidos.
    Supongo que esta noche tampoco soñaré gran cosa. Quizás sea porque los días se me quedaron vacíos de pronto y no me bastan los consuelos y explicaciones que me encuentro en mi lado racional. Por lo pronto el corazón me ruega que no acepte tu ausencia como parte del proceso lógico de la vida, de una vida sin vos.
    Me gustaría encontrarte de nuevo, que te quedaras conmigo, que me besaras en la boca y supieras que no queres besar a nadie más, nunca más.
    Sin promesas, te espero.
  • te das cuenta

    Sucede que existe la madrugada. A esas horas, afuera, también debe existir la oscuridad y dentro de ella, deben existir miles de parejas que duermen juntas y se dan calor y se acarician y se sueñan.

    El reloj de los números rojos tiene más de media hora insistiendo en despertarme. Yo, que duermo con una playera que te robé y que guarda tu olor, pienso en escribirte poemas solitarios que hablen de lo hermoso de tu sonrisa y lo cálido de tus manos.

    Sucede que existe el frío cuando no estás.

  • caminos

    Vivo una hermosa relación de amor odio conmigo misma, similar a mi hermosa relación de amor odio con la carretera, a esa forma de adorar el camino pero odiar el tráfico; similar a esa maravillosa forma de creerme todas mis mentiras, de buscarte en todos lados.

    El fin de semana me largué con unos amigos a un pueblito perdido en medio de la nada. Manejé muchos kilómetros y encontré partes de mí misma entre cada puente que atravesamos de ida y vuelta. A veces uno descubre que hay árboles hermosos que se quedan al lado del camino para despedirte y decirte que ojalá vuelvas a pasar algún día por ahí. A veces uno descubre que la carretera es eterna y te llevaría al fin del mundo si así lo quisieras.

  • La señora Dalloway, de Virginia Woolf

    La señora Dalloway, Virginia WoolfAdmito que cuando tomé por primera vez La señora Dalloway, lo abandoné en las primeras diez páginas; la segunda no avancé mucho más, y fue hasta la tercera cuando logré llegar al final. También admito que esa última vez incluso disfruté la lectura.

    Este libro presenta ciertas dificultades para el lector. Nos introduce al mundo visto desde los ojos y pensamientos de los personajes, literalmente, con lo complejo que pueden resultar los procesos de pensamiento de muchas personas juntas en una sala. Puede resultar caótica la forma en que la autora nos lleva de un pensamiento a otro para luego volver al punto de partida, de un personaje a otro para volver al momento presente.
    Trata un tema bastante irrelevante, porque un día en la vida de una señora que camina por Londres y que ofrece una fiesta no es algo trascendente en la historia del mundo. Sin embargo, la complicada trama de reflexiones e ideas que la autora obtiene de estos hechos tan intrascendentes es asombrosa. Quizás la muerte del poeta haya cambiado algo en el mundo. Quizás haya cambiado algo en nosotros.
  • Poemas para Joe. IV

    A veces lo único que queda frente a mí es una carretera vasta y gris, una barda de metal, una hilera de postes pintados de verde. Otras veces, la simple sucesión de luces rojas que forman una barrera que me impide acelerar a más de 20 kilómetros por hora, correr y volar.

    Hay horas en que el camino es un poco más largo de lo habitual y no tengo radio para dejar de pensar en los múltiples ruiditos de carro; para dejar de pensar en vos que quizás no estés pensando en mí, en la carretera, en los poemas que te escribo en mi mente cuando manejo para salir de la ciudad.

  • Agosto

    Antenoche tenía mucho frío y un ataque de tos no me dejó conciliar el sueño entre las 9:20 y 9:52 p.m. Anoche el frío continuó pero me tomé un té antes de acostarme para ahorrarme la angustia de toser y toser y sentirme heroína romántica a punto de ceder ante la tisis.

    Esta mañana no quería leventarme, estaba en ese fabuloso estado entre el sueño y la vigilia que no te deja moverte de la cama pero que también te impide un sueño reparador y profundo. Estaba pensando mucho. De prontó pensé que mi corazón tiene un cuarto vacío que debería llenar un gran amor.

    Los grandes amores que tengo y tuve ya tienen un lugar asignado en el complejo multifamiliar del órgano que bombea sangre en mi cuerpo y me permite seguir viviendo. Hoy descubrí que tengo un espacio disponible para aquel que ha de venir.

    Entonces, amor, tus manos han de guardar mi camino y yo he de guardarte en mi corazón; he de soñar con vos en mis mañanas y tu boca ha de guardar los besos que le reservo.

  • variaciones

    Es lunes por la tarde y tengo calor. Puede que sea lunes por la tarde y que tenga fiebre. Puede que no sea lunes y que yo no esté. Puede que sea miércoles depronto. Puede que no tenga calor sino una mezcla de silencios contenidos que me ruboriza y me impide moverme de la silla.

    Es lunes por la tarde y me tomé el café de las 3 un poco antes. Puede que sea lunes por la mañana y que la falta de cafeína me haga alucinar con la hora de salida. Puede que sea sábado y la goma me haga pensar que es lunes de mañana. Puede ser que esté deshidratada.

    Es lunes por la tarde y te extraño. Puede que te extrañe a diario. Puede que la falta de cordura me afecte a las 3:46 de la tarde. Puede que te piense todo el tiempo y que tenga antojo de una siestecilla con vos, de un sueño tranquilo y sin sobresaltos ajustada a tu lado, atada a tu costado.

  • a estas horas

    Son las 5:08 de la mañana y yo juego PacMan, empiezo a considerar la idea de una siesta y luego pienso en vos. Seguro que vos eras bueno jugando estos jueguitos, a mí me matran cada dos mil puntos. ¿Cómo fue tu tiempo de PacMan?, ¿cómo fuiste en aquellos años? A estas alturas debería estar corrigiendo el texto que me pagan por corregir. Ese texto en el que me abandono en las madrugadas; pero mi cerebro necesita un descanso y el jueguito sigue en mi compu, después de tantos años.

    Igual, me abandono a vos cada vez que puedo. Sé que ya te he dicho que me gusta tu boca, tus camisas de cuadros, tu forma de fumar. ¿Qué pasaría si un día de estos me animo y te beso sin pedirte permiso?

    Y si, yo creo que pienso en vos porque es de madrugada y estoy sola, y cuando uno está solo y es de madrugada piensa en esas cosas. Piensa en que hay mejores formas de invertir una madrugada que pensar y pensar, que corregir textos, que jugar jueguitos de computadora y oír a Drexler, aunque lo mejor de toda esta situación sea oír a Drexler.

    Ya son las 5:32 según el reloj de los números rojos. Quizás ahora venga bien esa siesta, una media hora de oportunidad para soñar con vos, para soñar que te beso, que es mi sueño favorito de madrugada cuando estás lejos en tu cama y yo estoy lejos en la madrugada.

  • Poemas para Joe. III

    Caminar a tu lado encierra la certeza de encontrar salidas donde otros solo ven piedras y charcos. Quizás, porque tomarte de la mano es hermoso, quizás porque las noches deberían ser más largas y porque no deberías irte jamás.

  • La luna llena y redonda

    La luna está llena y yo pienso en vos.

    Ayer iba en la carretera a esa inevitable hora en que los camiones despiertan y pensaba inevitablemente en vos.

    La luna te acarrea a mi mente y no logro sacarte de ella hasta que la luna mengua. Curioso ciclo en el que tu imagen se llena y se vacía al ritmo de una pelota que llena el firmamento y se atraviesa por mi camino cada cierta cantidad de curvas.

    La luna que vi era blanca, no era como esas lunas rojas que presagian algún evento brutal y lamentable; supongo que era una buena luna para soñar con vos.

    Es inevitable, mis lunas llenas te pertenecen.