Autor: Adelaida Loukota

  • esperanzas

    Hay un texto de Cortázar en el que habla de los cronopios y los famas en el teatro. Cuando habla de las esperanzas, que son los acomodadores, dice que se limitan a encender y apagar sus linternas en señal de melancolía. Cuando vuelvo a mi casa suele ser de noche, así que he tenido la oportunidad de ver a los policías de tránsito con sus linternitas. Las agitan como tratando de hacer que los carros se muevan por la inercia de la luz. Es algo conmovedor (de alguna forma) son como esperanzas que mueven su linterna en señal de melancolía.

  • el camino, one more time

    Mi mano izquierda descansa sobre mi muslo izquierdo. La derecha sujeta el timón mientras el pie derecho acelera levemente. Un instante después la mano izquierda se levanta y toma el timón mientras la derecha se dirige a la palanca de velocidades y el pie izquierdo presiona el clutch. Hago el cambio y acelero de nuevo. Una canción en la radio me recuerda que you are so good to me, baby. De alguna manera el tráfico fluye, cada cual sigue su camino y todo avanza.

    Soy tan complicada que lo simple del movimiento me desconcierta. Todavía estoy tratando de decidir si tener frío o calor cuando lo veo por la ventana. Él camina por el arriate y habla solo. La única diferencia entre nosotros es que él siente el viento y el ruido del mundo y yo voy encerrada en una burbuja que con suerte caminará a 110 en carretera y me permitirá esquivar a todos aquellos que no quieren ir a ese ritmo.

    La carretera avanza entre curvas, el embotellamiento quedó atrás, así que debo sujetar firmemente el timón. La radio ahora se empeña en una canción donde todos gritan, que no me gusta nada. El tipo que hablaba solo irá llegando al puente donde la noche lo sorprenderá. Por lo pronto yo agradezco la luz tenue de la tarde.

  • un día de San Valentín más

    Bueno, ha pasado. Una vez más pasó el día de San Valentín.

    Digamos que la tal fecha me produce sentimientos encontrados. Por un lado, me gusta mucho recordarle a mis cuates que los quiero desde el fondo de mi corazón, con todo mi corazón.

    Por el otro lado (el lado que siempre he odiado) está la certeza de no tener a alguien que se aguante la cursilería de darme un oso de peluche o dejarme una carta de amor en la puerta de la oficina, con la promesa de un beso tierno, lento, largo y apasionado. Y, al mejor estilo de Charlie Brown, esperaré que el año entrante mi príncipe azul aparezca y me sorprenda con una muestra de amor. Y lo esperaré al siguiente y al siguiente y al siguiente.

  • recurrente

    Tengo un sueño recurrente, una historia que incluye una calle y una pasarela sin barandas o sin gradas para bajar. Subo, llego al final y no puedo bajar, tampoco regreso sobre mis pasos, por lo regular me quedó ahí.

    Anoche soñé el sueño de la pasarela, aunque fue distinto. Anoche subí y solo estaban las gradas, no había plataforma por la cual caminar, así que bajé y luego la torre con la escalera se derrumbó.

    No tengo idea de lo que signifique mi sueño. Sé que lo soñé por primera vez cuando estaba en sexto primaria y que se ha repetido varias veces a lo largo de los años. La primera vez fue la pasarela que está frente al Colegio Italiano (la cual subía con frecuencia porque estudié en esa «noble» institución). Otras veces fue la de la Roosvelt y 12 calle de la zona 11 o alguna en la zona 4. Sé que no siempre recuerdo mis sueños.

    Es febrero y llueve. Al lado de mi ventana se quebró una lámpara. Como siempre tengo demasiado que leer y muy poco tiempo. La tarde está fría y serena. El café de las tres no me quitó el dolor de cabeza; sin embargo, el mundo está lleno de partículas de agua que te mojan la punta de la nariz. El mundo está lleno de partículas de los sueños que sueño.

  • something is missing today

    A veces mi cerebro explota.

    Me pasa cuando estoy demasiado cansada, demasiado cansada.

    Ayer mi cerebro explotó a eso de las 5:17 p.m. Pasé como una hora sin poder moverme de mi silla, tenía demasiados correos que contestar. Cuando me percaté nuevamente de la hora eran las 7:29 p.m. e iba sobre la Roosevelt.

    Después de eso vino el vértigo sobre la carretera. Algo así como la certeza de que algo iba a salir mal. Algo como sentir la respiración de un animal grande sobre tu nuca. Y el mareo. En algún momento sentí que los carros iban muy rápido, demasiado rápido. Que las luces eran hostiles y que si cualquiera cometía un pequeño error, la escena del choque de final destination II no iba a ser nada en comparación.

    De alguna forma llegué bien a mi casa. Aún con la certeza de que algo no andaba bien. Leí, puse algo de música y me dormí sin sueños, como esas noches que se pasan demasiado pronto, en las que nunca recordás si soñaste o no.

    Cuando me desperté hoy por la mañana me di cuenta de que mi cerebro está en su sitio, aunque no del todo completo.

    No sé, something is missing today.

  • necesito

    Necesito alguien que me parche un poco y que limpie mi cabeza. Que llegue un día y me diga, al mejor estilo de película gringa, everything is gonna be all rigth. Que se aparezca en mis sueños y me bese con besos tiernos con sabor a vainilla. Vamos, necesito alguien que me trate suavemente.

    No importa si a los dos días se marcha, para volver el próximo febrero bisiesto. Si con la luna llena se convierte al budismo o si prefiere ir al cine solo los domingos por la mañana. A veces, uno necesita que lo enamoren un poco; nadie ha muerto por dosis lentas de poesía y caminatas largas hablando puras babosadas.

    Necesito alguien que me llame solo para saber si sigo ahí. Bueno, ya lo dije. Te extraño.

  • ¡Chau Gaby, hasta pronto!

    Todo el camino de regreso a mi casa oí música electrónica, porque a vos te gustaba. Digamos que fue parte del pequeño homenaje que te rendí a solas, en la oscuridad de la carretera.

    No tengo muchas certezas en la vida. Vos siempre comprendiste ese tipo de asuntos. Sin embargo, sé con todo mi corazón que estás en un gran bosque irlandés lleno de hadas y duendes.

    Hasta pronto, amiga. Los que nos quedamos de este lado del río te extrañaremos; y muchas veces, un 23 de abril y abismo, leeremos poesía a tu salud.

  • gradas que suben

    No sé cuántas gradas subo cada tarde para ir a comprar café. Sé que lo hago a las tres de la tarde y eso me parece suficiente. Sé que cada mañana recorro treinta y cinco kilómetros para llegar a la oficina; sé que cada tarde he de recorrerlos de vuelta. Sé que existen cosas buenas en la vida, como esos poemas que me gusta leer y que vos siempre dijiste que eran tristes.

    Te extraño horrores, en los días medio nublados y cuando me da por llorar con algunos comerciales de la tele. Hace unos días me dijeron que mis manos eran bonitas, a vos te gustaban más mis cicatrices. A veces (un poco más seguido en estos días) más que vos mismo, sos el recuerdo que llevo de vos, algo así como el concepto de tu yo perfecto para mí. Estás formado de muchos días, de muchos recuerdos y discusiones bizantinas sobre lo abstracto. Estás lleno del material que forma lo que digo, aún cuando no tenga mucho sentido.

    No sé cuántas gradas tengo que bajar para salir de la oficina, sé que atravieso un puente y eso me parece suficiente.

  • los dedos cortados

    Cuando uno se corta un dedo, con una cuchilla por ejemplo, pasa varios días lastimándose la herida. Te topás en todos lados o apoyás sin querer el dedo contra el borde de la mesa o del timón del carro. Continuamente recordás la herida y meldecís el momento en que te la hiciste.

    Anoche soñé con vos. Cuando eso pasa hay algo que me duele y no sé dónde ponerme la curita para que el dolor no me desangre. Amanecí con tu iamgen en la cabeza, y ha sido como un dedo lastimado que se topa en todas las paredes.

    El sueño fue uno de esos conceptual incomprensibles que suelo tener, pero lo que al fin y al cabo importa es que estuvieras ahí. Un día de estos te voy a encontrar, como la mujer de ojos de perro azul, y sabré que eras vos. Que todo el tiempo fuiste vos. Quizás ese día deje de sentir esta punzada que me da a veces.