Autor: Adelaida Loukota

  • Formas de enamorarte. Los planes diarios

    Si, siempre estoy pensando en formas de enamorarte, en formas de escribirte para que te quedes conmigo, en formas para conjurar la distancia y el olvido.

    Y vos siempre tan lejos.

    Bueno, es tiempo de retomar el ritmo de mis días, de mis tardes con café a las tres y lluvia enana de los aspersores que riegan el jardín.

  • Formas de enamorarte. Plan D

    Hoy se me ocurrió una buenísima:

    Paso 1: buscar una hoja seca de encino o de eucalipto (de las largas)

    Paso 2: escribirle un poema corto.

    Paso 3: dejarla en el vidrio de tu carro, sujeta con el limpiabrisas o en tu ventana en su defecto.

    Paso 4: repetir la operación por varios días

    Podría ser un poema de Gelman

    Amarte es esto:
    todo lo que está por decir.

    Un arbolito sin hojas
    que da sombra.

    Podría ser una estrofa de uno de Sabines

    No es que muera de amor, muero de ti
    Muero de ti, amor, de amor de ti,

    de urgencia mía de mi piel de ti,
    de mi alma de ti y de mi boca
    y del insoportable que yo soy sin ti.


    Podría ser siempre un poquito de Benedetti

    Tengo una soledad
    tan concurrida
    tan llena de nostalgias
    y de rostros de vos
    de adioses hace tiempo
    y besos bienvenidos
    de primeras de cambio
    y de último vagón

    Y, por supuesto, trataría de hacer algo con las letras de Sabina

    Puedo ponerme humilde y decir
    que no soy el mejor
    que me falta valor para atarte a mi cama,
    puedo ponerme digno y decir
    “toma mi direccion cuando te hartes de amores
    baratos de un rato… me llamas».

    Y si quieres también
    puedo ser tu trapecio y tu red,
    tu adios y tu “ven”,
    tu manta y tu frío,
    tu resaca, tu lunes, tu hastio…

  • recuerdos de la infancia pasada

    Hoy no amanecí como en la onda de andar enamorando a nadie, así que dejaré el resto del alfabeto de planes para otro día. No sé si es por que hoy es lunes (un cliché más a mi cuenta); quizás fue porque vi a dos perros atropellados en la carretera, uno en el carril que baja a Guate y el otro en el carril que sube a Chimal, como si su persecución se hubiese visto interrumpida por el sincronizado paso de dos vehículos que los llevaron a una muerte simultánea.

    Quizás porque en una de esas recordé un detalle pendejo de mi infancia, de la cual no guardo muchos recuerdos. No porque haya sido mala, sino porque hace un tiempo descubrí que no recuerdo muchas cosas de ella, así nada más.

    Recuerdo con lucidez mi primer día de clases. Entré al colegio de 6 años y me salté párvulos para entrar a prepa. Recuerdo que me bajé del bus, iba a mi salón y un niño grande me dijo que no iba por el camino correcto, pero yo quería irme por la banqueta y no atravesar el jardín y mojarme los zapatos con la grama húmeda. También recuerdo el día en que iba en el bus y vimos a un ciclista atropellado.

    El caso es que hoy recordé que les preparaba cenas románticas a mis papás (bueno, o lo habré hecho un par de veces). Me recuerdo haciendo una ensalada, buscándole a mi mamá una blusa bonita. Si, son cosas que no solo pasan en las series gringas de televisión. Es curioso recordar ese tipo de cosas de pronto, como si en algún momento de la mañana me hubiera dado un ataque de lucidez. Es curioso ir llenando los recuerdos con ese tipo de imágenes esporádicas.

  • Formas de enamorarte. Plan C

    El plan C tiene algo de vitamina, por lo periódico en su desarrollo y administración.

    Al saber en dónde comprás café todas las mañanas, me las arreglaría para que el cajero te entregara una pequeña tarjeta diaria. Serían exactamente 15 tarjetas, de 7 cm. de ancho y un largo variable. En ellas iría fragmentada la Serenata Rap, de Jovanotti, así:

    Se t’incontro per strada
    non riesco a parlarti
    mi si bloccano le parole
    non riesco a guardarti
    negli occhi
    mi sembra di impazzire
    se potessi amplificare
    il battito del mio cuore
    sentirete un batterista
    di una band in metallo pesante
    ed e’ per questo
    che sono qui davanti
    perche’ mi viene molto piu’ facile
    cantarti una canzone
    magari che la sentano
    i muri e le persone

    Piuttosto che telefonarti
    e dirti tutto faccia a faccia
    rischiando di fare una figuraccia
    sono timido
    ma l’amore mi da’ coraggio
    per dirti che
    da quando ti ho visto
    e’ sempre maggio

    E a maggio il mondo e’ bello
    e invitante di colori
    ma ancora sugli alberi
    ci sono solo fiori
    che prima o poi si dice
    diverranno pure frutti

    E allora tu che fai?
    golosamente aspetti
    aspetti che quel desiderio
    venga condiviso
    io sono qui davanti
    che ti chiedo un sorriso

    Affacciati alla finestra
    amore mio
    affacciati al balcone
    rispondimi al citofono
    sono venuto qui
    col giradischi e col microfono
    insieme al mio complesso
    per cantarti il sentimento
    e se tu mi vorrai baciare
    saro’ contento
    e questa serenata
    e’ la mia sfida col destino
    vorrei che per la vita
    noi due fossimo vicino

    Una serenata rap
    per dirti che di te
    Mi piaci come mi guardi

    mi piace come sei con me
    mi piace quel tuo naso
    che s’intona con il mondo
    mi piace il tuo sedere
    cosi’ rotondo
    da rendere satellite
    ogni essere vivente
    mi piaci perche’ sei intelligente
    si vede dalle tue mani
    come le muovi
    mi provochi pensieri
    e sentimenti sempre nuovi

    Nei tuoi fianchi sono le alpi
    nei tuoi seni le dolomiti
    mi piace quel tuo gusto
    di scegliere i vestiti

    Quel tuo sorriso al di sopra
    delle mode del momento
    Sei un fiore che e’ cresciuto
    sull’asfalto e sul cemento…

    Affacciati alla finestra
    amore mio
    per te da questa sera
    ci sono anch’io

    Serenata rap
    serenata metropolitana
    mettiti con me
    non saro’ un figlio di puttana
    non ci credere alle cose
    che ti dicono di me
    sono tutti un po’ invidiosi chissa’ perche’

    Io non ti prometto storie
    di passioni da copione
    di cinema romanzi
    e che ne so di una canzone
    io ti offro verita’
    corpo anima e cervello
    amore solamente amore
    solo solo quello

    A estas alturas de la canción me aparecería con la última tarjeta, para tomar el café con vos y platicar un rato. Esperaría que para este tiempo ya se hubiera vuelto algo importante recibir mis tarjetas diarias. Serían anónimas, porque así es más emocionante. La última tarjeta diría:

    Hay mañanas en que las palabras me abandonan, es por ello que tengo que recurrir a las que vuelan en el aire en forma de canciones. Te las regalo porque algunas se han vuelto mías de tanto escucharlas.
    A veces me despierto de malas, otras, simplemente no se me antoja hablar. En esos días es bueno saber que te puedo escribir para contarte que me pareció genial un anuncio que vi anoche en la tele o que una sombra me asustó al verla de reojo por la ventana.
    A veces no puedo creer la suerte que tuve de encontrarte finalmente, lo indispensable que sos para mis días y mis noches. No soy una persona alegre, nunca lo he sido. No quiero que me «hagas» feliz, solo quiero compartir cosas importantes con vos. Yo no te prometo historias de pasión y romance copiadas del cine. Te ofrezco mis chistes malos y mis malas ideas para que te decidas a sonreír cuando estemos juntos.

    Si, puede pasar que no te comprés café en la mañana, entonces tendría que buscarme un cómplice que te deje las tarjetas en la bolsa de la chumpa o sobre tu escritorio. también podría pasar que lo más sensato fuera dejarlas debajo de tu puerta. Siempre cabe la posibilidad de que tires las tarjetas y te valga madre si te escribo o no. En ese caso lo importante sería partir en busca del plan D o del zorro del principito.

  • Formas de enamorarte. Plan B

    Puede pasar, que el plan A falle miserablemente. Dado el caso, me retorcería unos cuantos días hasta llegar al maravilloso plan B, que presento a continuación:


    Podría ser que descubriera que usas el elevador en lugar de las gradas (conste que no estaría de stalker por ahí, digamos que sería algo de información técnica relevante para el caso) entonces podría colarme un día en el mismo elevador que tomaste, esperando que no fuera atestado, me colocaría frente a vos, sonreiría y te diría:

    – ¿porqué tarzán no usa cuchillo? (ante tu mirada atónita por una pregunta tan pendeja me apresuraría a continuar)

    – porque tiene a chita (seguro que me rompo a reir después de tamaña payasada)

    en ese momento el elevador habría subido del primer al segundo piso, yo te daría un beso justo en la comisura de la boca y saldría huyendo de ahí.

    Después de esa ruptura de hielo, cada vez que tuviera la oportunidad te saludaría con un beso muy cerca de la comisura de la boca, para que vayan dándote ganas de besarme un buen día de estos.

    Claro que puede pasar que siempre subas por las gradas o que el elevador siempre vaya atestado, que no sepa dónde carajos te subis al elevador o que simplemente no me anime a matarte con un mal chiste solo para que sepas que, a pesar de mis malos chistes, puede ser divertido pasar tiempo conmigo. Entonces, llegaría el tiempo de pensar en el plan C.

  • Formas de enamorate. Plan A

    Si tuviera que enamorarte te esperaría a la salida (del trabajo, de tu casa, de la U, de algún café, bueno, te esperaría en cualquier salida) me pararía frente a ti y te diría:

    El mundo
    visto en tus ojos abiertos
    tiene un tono descubierto
    apenas listo en estos días de luz y sol
    que me deslumbran
    que me iluminan y alumbran
    y me conceden la dicha de tus ojos
    cuando se han posado y yo los quiero tanto
    como quiero ser tu preso
    como quiero darte un beso
    y contagiarte toda mi felicidad
    y qué me importa
    si ya no te dejo de mirar.

    No digo que te la canataría, porque mi destemplada voz podría hacer que salgas corriendo y no te den ganas de volverme a ver; además, si a eso le sumas mi total ineptitud con guitarras e instrumentos por el estilo podría resultar el desastre total. Si no te has ido corriendo, continuaría:

    Ten, mi voz
    mis hojas de noviembre
    que en mi canción no perseguí otro fin
    que terminar diciendo que hoy he venido a verte
    a ver si podía hacerte sonreír.

    Quisiera acariciar con mis palabras
    la tersura de tu espalda
    y en tus hombros poner un beso y un manto de caricia
    como el roce de la brisa
    y beberme tu sonrisa y agotar tu siempre boca manantial
    y acariciarte con mi música y andarte tarareando
    y aún llevarte como llevo mi guitarra a donde voy
    y que me importa si ya o te dejo de tocar.

    Tus manos son la suavidad que extraño
    para detener el mundo y elevarlo hasta mi boca
    y respirar de su perfume
    son las flores de tus brazos que detienen los pedazos
    de mi vida que se arrastran hasta aquí
    para sembrarse
    para crecer y acunarte entre mis ramas
    y cubrirte de cuidados
    ésta vez y para siempre
    y que me importa si jamás te dejo de abrazar

    Si al final estuvieras frente a mí, es posible que te robara un beso. Si no, sería tiempo de pensar en un plan B, porque siempre tiene que haber un plan B si uno tiene que enamorar a alguien.

    Créditos: la canción se llama «Mis hojas de noviembre» y es de Fernando Delgadillo.

  • ¿enero?

    Me veo en la obligación de llegar a la oficina, aunque esta mañana haya visto a dos gatos negros muertos en la carretera. Me veo en la obligación de retomar los caminos, de abrir puertas e intentar nuevos puentes.

    Los últimos días han sido extraños, decadentes quizás. Sería de encontrar la manera de reconciliar las frías mañanas con el hecho de volver.

  • Con pasión absoluta, de Carol Zardetto

    Con pasión absoluta, Carol ZardettoMi vida está suspendida. Con exasperación me percato de que no tengo voluntad para reinventar mi propia historia. El pasado abre su enorme boca, me traga. Quise borrarlo y, ahora comprendo, me miraba de regreso con su intangible reflejo. Huí de él, como una necia de su sombra. Un hilo largo se va desenredando… y ya no sé si son sus palabras o las mías en el recuerdo.

    (Con pasión absoluta, Carol Zardetto. Página 69)

    Una mujer vuelve a su casa después de mucho tiempo. Encuentra a su abuela enferma, al padrastro con el que no se lleva bien, la huella de la muerte de su hermano, la huella de su infancia y de la infancia de su madre, de su abuela. Una mujer que quiere escapar, estar en cualquier otro sitio, aunque no sabe cuál.


    Una mirada a la historia de un país, a sus dictadores, a sus terratenientes y a sus conflictos. Desde luego que es parcial, porque solo es una mirada de todas las miradas que forman la historia, solo es una voz dentro del coro que conforma el pasar de los años en una sociedad que a veces no vemos bien porque estamos demasiado cerca de ella.

  • diciembre

    Se me acabó el año de nuevo. Uno más a la cuenta. Lo sé porque el sol cae perpendicular sobre el vidrio de mi carro a las ocho de la mañana y no me deja ver bien la calle y al resto de partículas que conforman ese río que se mueve lento, lento en el camino para llegar a la oficina.

    Lo sé porque en la radio te atosigan con la músiquita navideña, por los santacloses azules que algunas empresas decidieron que eran más originales que los clásicos santas vestidos de rojo, por las luces, porque siempre llegan las luces.

    Lo sé porque renuevo la promesa de que un día de estos si me largo, a una isla desierta, a trabajar en algún macdonalds de California, a vender helados frente al Kremlin, a vivir por ahí.