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  • temprano

    Estoy en una ciudad extraña, comparto el cuarto con dos amigos y cinco extraños. Nos apilamos en cuatro literas y dormimos, ¿alguno de ellos soñará mientras yo sueño? Despierto y el chico de la litera de al lado duerme todavía. Pienso en vos, en las veces que desperté y estabas a mi lado, en las

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  • no hay nadie como tu, mi amor

    ¡No hay nadie más exagerado que yo! En especial cuando de sufrir se trata. Tampoco hay por qué usar esa doble negación, tan fea; sin embargo a veces amanezco de buenas y me da por reírme un poco de mí misma. Sabés, nadie se muere de amor, aunque Bosé diga que será despacio y en

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  • cuando estamos a punto de decir adiós

    Sé que me veo un poco cansada; quizás porque guardo en los ojos lágrimas de días pasados y tengo esa costumbre tenaz de encorvarme al caminar. Supongo que a mi mirada también la afecta el contundente conflicto armado interno que mantengo en la cabeza. Vos sabés, por un lado está llena de vos y de

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  • del lado de acá

    Tengo un ataque repentino de frío. No sé si en el mundo cayó de pronto la temperatura o si son sólo estas ganas de verte las que me desbaratan. Me pongo un suéter y aguardo a que mi mano derecha recupere el calor, la izquierda no está tan fría. Me pregunto si la esperanza de

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  • introspección

    Siento cómo el dolor crece desde la base de mi nuca e invade toda mi cabeza, se instala en mis sienes. De un momento a otro llegan también la nostalgia y las ganas de llorar. En realidad no comprendo el proceso de esa lenta caída hacia el abismo de los días sin verte, de las

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  • insaible

    Manejo de vuelta a casa y alucino con una galleta de chispas de chocolate. Un par de kilómetros después también pienso en vos y comprendo que sería más fácil materializar un paquete de oreos en el asiento del copiloto que agarrar el teléfono, marcar tu número y que me contestés y hablés un poco conmigo.

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  • yo

    Algunos días estoy más consciente de mi cuerpo. Comprendo el largo de mis piernas, la distancia entre mis dedos, el tamaño de mis pechos. Me doy cuenta de mí misma cuando me acuesto sobre mi lado derecho, por ejemplo, y dejo caer mi peso sobre una almohada de tubo que impide estar boca abajo. Es

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  • cuando son casi las siete

    Son casi las siete y no está del todo oscuro afuera. Mi computadora insiste en ronronear para recordarme que puede estallar en cualquier momento. Itunes insiste en poner la música que se le da la gana y yo sigo haciendo informes. Me atacan las ganas de llamarte, me brincan encima, me muerden y me dejan

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  • érase una vez

    Soñé con el fin del mundo, amor. Se abrió un túnel en el cielo y de él salió un dedo verde y gigante que me señaló y me aplastó contra el pavimento; pero en el mundo de los sueños nadie muere porque un dedo gigante se le venga encima, así que salimos corriendo (no sé

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  • abrazar-te

    Venía de vuelta después de una larga caminata y pensé que al llegar a mi cuarto me gustaría que estuvieras ahí para abrazarme. Sólo abrazarme y aliviar con el calor de tu cuerpo el frío que el viento instaló en la punta de mi nariz. Porque abrazarte borra las diferencias entre nosotros; si me encierro

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