Autor: Adelaida Loukota

  • Yo

    Soy la que a veces se despierta pensando en sí misma como quien piensa en otra persona. Ocuerre entonces que comprendo que soy muchas a la vez. Soy la que maneja como si hubiera perdido el juicio, la que ama los dulces de anís y la que no sale de su casa sin desayunar. También sé en esos momentos que soy invisible. Pocos saben de mi existencia, pocos me notan si me ven por la calle.

    Me enamoro a diario y me construyo castillos en el aire. Soy la que te extraña con especial testarudez, la que te llevará siempre la contraria y estará dispuesta a abrazarte cuando haga falta. No soy tan mala amiga, aunque a veces hay que agunatarme cada cosa. Soy la que no llama, la que dará muestras de existencia de maneras muy distintas.

    Soy la que cree que sus amigos están bien, porque la gente que uno quiere merece ser feliz aunque aún o encuentre la receta. Si, soy la que se repite con cierta frecuencia, la que no abandona los mismos temas, la que ama la poesía aunque a veces no encuentre las palabras justas.

  • llueve

    Llueve y me parece hermoso que llueva. Mi ventana está gris por fuera y las plantas replican las gotas que caen sobre ellas. Esta mañana venía pensando en el camino que recorro todos los días mientras el sol me derretía sobre el asiento del carro. Ahora es curioso pensar en ello porque la brisa me recuerda que el mundo puede ser un lugar frío y húmedo de vez en cuando, que mi corazón está frío y húmedo de vez en cuando.

    Supongo que el jardín está vacío ahora, que el tráfico estará insoportable en un rato, que es un buen momento para reiterar mis ganas de verte, mis ganas de contarte un cuento en el que seás gaviota y yo sea el viento que te ayuda a planear sobre los barcos detenidos en puertos remotos.

  • Poemas para Joe. I

    Tomás mi mano
    tu voz tiende puentes
    que salvan mis horas muertas en el tráfico

    a medio camino
    me encuentro con una luna
    que parece la sonrisa del gato de cheshire
    y me dan ganas de verte
    me dan ganas de dejar que pase el tiempo

    anoche llovió
    escuché la lluvia por horas

  • La foto de Joe

    Por cierto, me olvidé de decirles que la foto de Joe la tomé prestada de Flickr, es parte de una serie que se llama street kids, de Stoneth. Vean el resto de la serie en http://www.flickr.com/photos/stoneth/sets/72057594094012011/

    La historia, me la robé de mis propios anhelos. Igual me invento otra y les cuento.

  • El lector, de Bernhard Schlink

    El lector, Bernhard SchlinkUna historia a medias es un universo con miles de posibilidades. No podemos saber de cierto en qué terminará todo, aunque tengamos algunas pistas o creamos haber descubierto todos los indicios para un final obvio. Entre mis favoritos hay libros que han dado un giro inesperado que ha desbaratado todas mis teorías. En el lado de acá de Rayuela nos topamos con un panorama muy distinto al del lado de allá, con personajes nuevos, con situaciones alucinantes, literalmente. En El obsceno pájaro de la noche ocurren eventos inesperados aún cuando nada más podía pasar, aún cuando todas las máscaras habían caído.

    El lector es uno de esos libros que pueden dar un giro en el momento menos pensado. Va de las duchas y el amor a la madurez de un chico. De las dudas a un pasado que los personajes que lo vivieron necesitaban evaluar.

  • Joe

    En los últimos días me han preguntado con alguna frecuencia quién es aquel a quien le escribo en el blog. Quieren saber si tiene nombre y apellido, una dirección, un lugar en mi pasado, presente y futuro. Pues bien, hoy confesaré toda la verdad.

    Le escribo al chavo de la foto. Se llama Joe, tiene 34 años y nació en San Francisco. Proviene de una familia irlandesa y es biólogo marino. Ha viajado por el mundo, trabajó en diversos puertos de Australia, en barcos pesqueros y en cruceros, hasta que decidió que el negocio de la vida era cultivar tilapias en Amatitlán. Ahorró un poco y luego viajó a Guate, alquiló un pequeño chalet junto al lago (era más barato que vivir en Pana, digo, con lo contaminado del lago y lo cercano a la ciudad se las arregló fácil). Lo conocí hace unos seis meses.

    Un domingo por la tarde fui sola al cine y por azares del destino él se sentó a mi lado. Como soy una llorona irremediable al final de la película necesitaba un momento para enjugar mis lágrimas y él se ofreció a invitarme un café. Nos enamoramos en el Café Saúl de Miraflores. A partir de ese día ha sido mi amor, mi cómplice y todo.

    Es increíblemente tierno y como no es artista, lo que escribo le parece una maravilla. No somos «novios», porque nuestra relación va más allá de los convencionalismos, simplemente sabemos que la vida con el otro es mejor que andar solos, cada quien por su lado. Me gustan sus dedos, verlo fumar, sentarme a escribir en el muelle cuando lo visito en su casa y que él se siente a mi lado y me abrace.

  • luna llena

    La luna ha estado llena, terriblemente llena y amarilla. Creo que por eso es posible que yo haya tenido tantas ganas de hablar con vos, de platicar y platicar. Me hubiera gustado tenerte a mi lado en el jardín para ver la luna, para tendernos sobre la grama y contarnos cosas irrelevantes, grandiosas, para contarnos esos silencios que solo nosotros dos entendemos.

  • autocrítica

    Nunca quise ser una escritora dominguera. Es más, no quiero ser una escritora dominguera; así que a pesar de lo irreverente que soy con mi trabajo, más cuando me toca presentarlo en público, a pesar de los chistes que hago a mis costillas y lo mucho que me río de mí, me lo tomo en serio.

    Hoy una amiga me invitó a leer mis poemas en un colegio y, como siempre, me burlé mucho de mí misma, de mis poemas de desamores, de reconocerme «poeta». Creo que esta vez, por lo menos en parte, fue porque anoche, cuando estaba recolectando los textos que leería hoy, comprendí que sigo siendo la bruja que te escribe y te extraña. Esa loca que no ha superado bien eso de tu partida, eso de la soledad de todos los días.

    En un sincero ataque de autocrítica pensé que llevo algo más de diez años escribiendo, que tengo poemas suficientes para un par de libros, aunque no sé si los publicaré alguna vez, que de alguna extraña manera el dolor sigue intacto. Me di entre ternura y angustia. Por suerte en la mañana ya había digerido el sentimiento y le leí mis poemas a niñas que están en el momento justo para encontrar la poesía. Quizás no la mía, aunque por algún lado hay que comenzar. Y bueno, hasta yo admito que tengo un par de poemas que salvaría de la hoguera.

    Como no me gusta especialmente hablar mucho de mí, mejor comparto algunos de los poemas que leí:

    (como no tienen título, el cambio de color es para diferenciar unos de otros)

    No sé si es posible decir algo hermoso
    a partir de un cesto de ropa sucia
    de una cama deshecha
    de una ventana que por fuera está oscura
    y se llena de ruidos para ocultarme el mundo

    a veces creo
    a pesar de lo cual no entiendo los mecanismos de la luz
    o mis ganas de contarte cuentos

    sé qué calles camino
    cómo buscar series de palabras inconexas
    sé dónde no estás



    Se pasó el día entero y no llamé a mi madre
    el gato sigue mordiéndome los pies
    aún tengo ganas de salir corriendo

    intento dormir
    pero escucho una llave que se abre
    y un chorro de agua que corre
    que también podría ser la cena friéndose en un sartén

    sueño que te beso
    porque es el mejor final de los cuentos
    un perro ladra
    la noche se arrastra
    no duermo
    no me voy

    Es así
    salir a la calle y encontrar una puerta abierta
    brincar hasta despostillar el suelo
    esperar que no vengan a detenernos

    hay mañanas en que cuesta menos
    decidirnos a intentar hazañas
    convertirnos en gatos
    solo para saltar


    Hablo conmigo misma
    para no perderme en el azar de las lecturas
    me hablo de la soledad y otros males menores
    porque en realidad no quiero saber por qué me cambia la letra
    o por qué me llueve tanto

    Cuántas veces tendré que perderlo todo
    para no dejar que me cierren los ojos

  • las canciones de amor

    Vuelvo a casa
    es la hora en que los camiones despiertan
    y la carretera se convierte en estampida
    ajena a la prisa pienso en vos

    nunca me gustó fumar
    prefiero verte hacerlo
    tomar el cigarro
    llevarlo a tus labios
    suspender el tiempo mientras el humo recorre tu cuerpo
    dejarlo ir

    el vértigo me atraviesa
    pronto lo hará la certeza de tu ausencia
    las ganas de verte fumar

  • Pedro Páramo, Juan Rulfo

    Pedro Páramo, Juan RulfoJoaquín Sabina en una de sus canciones dice:

    En Comala comprendí

    que al lugar donde has sido feliz

    no debieras tratar de volver.

    Y bueno, creo que esa estrofa resume a grandes rasgos el sentido de Pedro Páramo. Todo el libro trata de la nostalgia por lo pasado, por lo que pudo ser y no fue, por los días felices y los tiempos mejores. Los personajes están rodeados por la desolación, por el calor sofocante de los páramos, por la soledad de la muerte y la ausencia de la mínima esperanza de redención.

    Esta historia, que gira en torno a Susana San Juan y su locura, al amor de Pedro Páramo, a la búsqueda de Juan Preciado y a los recuerdos de su madre está enmarcada en el ambiente que prevalece durante la guerra, en este caso la guerra de los cristeros en México. Está plagada de regionalismos, usos y costumbres de la gente de 1926. Está llena de un aire de muerte que sólo les es dado respirar a los que ya no están vivos.

    Las narraciones poseen 5 elementos esenciales:

    El narrador (quien cuenta la historia)

    El discurso (cómo se cuenta la historia)

    El tiempo (cuándo ocurre y cuánto dura)

    El espacio (dónde ocurre)

    Los personajes (a quiénes les ocurre)

    De estos elementos el más relevante en Pedro Páramo es el espacio. Es imposible que comprendamos cómo se sofoca Juan Preciado si no hemos experimentado el calor del desierto, la soledad de un pueblo fantasma.