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Bienvenida
La imagen es la siguiente: – César + Adelaida – Un bus rumbo periférico por ahí del medio día. – Sillones verdes, acolchados, respaldo alto. Cada uno en un sillón. – ¿nublado? quizás – Hablando de poesía y de verbos. – Yo nostalgio. Quizás no todos los datos sean correctos, pero recuerdo la conversación y
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Llueve sobre mi infancia
Hace tiempo leí Llueve sobre mi infancia, de Miguel Sánches Neto y tuve muchas ganas de escribirle una carta larga, muy larga, en donde le agradecería por contar esa historia, por su forma de contar esa historia, por darme ganas de escribir esa y muchas otras cartas. Nunca le escribí al escritor, aunque puedo confesarle
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siete jardineros
Siete jardineros están tirados en la grama, el pretexto de arrancar la mala hierba es un buen pretexto para disfrutar un poco del jardín que no les pertenece, pero que cuidan todos los días. Paso a su lado y los oigo conversar. La vida es simple a veces, los dilemas se resuelven con un poco
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verde
Salgo a comprar el café de las tres. Atravieso el jardín y me ataca un resplandor verde que viene de la grama, me detengo un momento para recobrar el hilo de mis pensamientos. Un amigo está grave en el hospital, tengo mucho trabajo por hacer, hace meses que no voy al mar y la realidad
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Ahora que empiezo de nuevo
Guardo silencio, contengo la respiración para que no notes mi presencia y me voy. Camino de prisa para que mis pasos no resuenen a lo largo de mi ruta de huída. Me guardo todos los besos que no queres que te dé, me guardo todas las cartas que no puedo escribirte, me aseguro de no
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lo que digo
Releo lo que escribo y trato de descubrir la poesía que debería tener adentro. Releo lo que escribí hace algunos años y trato de descubrir algo de mí misma en esas líneas. Encuentro mis mentiras, a todos los amigos que ya no están. Solía creer en ciertas promesas, solía creer en mis propias habilidades. Ahora
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voglio andare a casa
Después de tanto tiempo llego a la que fuera mi casa, me paseo por los corredores que se sabían de memoria mis pasos, busco a la gente que conocí. Pero no queda nada. El frente del muro está cubierto de bancas, la puerta de la cafetería está condenada, el patio del centro se ha convertido
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de noche
Anoche sentí, como no las sentía desde hace mucho, unas ganas terribles de besarte. Era noche cerrada, más por lo oscuro del camino que por la ausencia de luna. Salí de la oficina y caminé al parqueo con la absurda ilusión de encontrarte a medio camino y besarte larga, pausadamente, como si llevara El principito
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el café de las 3
Me devato entre bajar al segundo nivel y prepararme un café instantáneo o caminar al edificio de enfrente y comprar un latte, que definitivamente sabe mejor. En el segundo nivel está siempre la opción de nescafé y sentirme personaje de Cortázar. Me devato entre cortar mis propias venas o matar a alguien. Si corto mis
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de tarde en tarde
¿Qué podría contarte? ¿Que soñé con vos anoche, que hay grillos afuera, que la tarde se va pero los árboles todavía se mueven afuera? No, no creo que sea lo mejor que puedo decirte. Quizás sería más sincero decir que te extraño todo el tiempo, pero no sería lo más conveniente. Podría empezar a contarte